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Necesidad de cambio en la radio y la TV públicas

El periodista Francisco Ayala profundiza en su comentario reciente acerca de los orígenes de RTVE en las Islas y critica la programación actual de estos medios.

FRANCISCO AYALA – EL DÍA

Cuando, días pasados, traté en esta columna de cómo se instaló en Canarias Televisión Española, que ya hacía varios meses que estaba emitiendo desde sus primeros estudios instalados en la Península, expliqué con detalle, ya que fui no solo testigo, sino, a veces, también asesor y hasta colaborador del personal, que se trasladó a estas Islas para llevar a cabo los trabajos de instalación, ya que se dio la circunstancia de que TVE ocupó el edificio -que aún ocupa- que fue construido para la redacción y talleres de este periódico, el cual pasó al nuevo inmueble de la avenida de Buenos Aires, antigua calle de Pescadores, desde su sede fundacional en la calle de Valentín Sanz, conocida también como calle del Norte, en el mismo centro de la ciudad.

Antes, las instalaciones de El Día se habían trasladado a otro edificio de nueva construcción, que es el que actualmente ocupa contiguo al de TVE. Y, al contar detalles de esa instalación y de los contactos de los periodistas de El Día con el personal de TVE, relaté igualmente algo de la inauguración y puesta en marcha de la TV en la Península, que tuvo carácter de gran acontecimiento, haciendo mención del interés del general Franco, entonces jefe del Estado, por el nuevo medio de difusión, lo que dio lugar a que tanto el Gobierno como los responsables de TVE pusieran el máximo interés en la calidad de los programas y del funcionamiento total de la TV recién inaugurada.

Los responsables sabían de la afición de Franco a la TV y cuidaban al máximo los programas, y los que vinieron a Tenerife para instalar la nueva emisora eran muchos de los que ya trabajaban en la Península y, lógicamente, se sabían la lección y la ponían en práctica. Todo lo que salía por las antenas tanto en la Península como en Canarias era calidad, y aún se recuerdan magníficos programas, ya desaparecidos o sustituidos por auténticos bodrios, que llaman popularmente «programas basura».

Ya no se ven en nuestras pantallas programas como «Un, dos, tres, responda otra vez», de Ibáñez Serrador; los espacios dramáticos de los mejores autores, interpretados por verdaderos artistas de la escena; la más selecta música de ópera, de zarzuela o de concierto a cargo de los mejores cantantes y los insuperables conjuntos orquestales y corales.

Justo en los últimos días, hemos visto en la TV, en la pública y en la desastrosa y antiformativa privada, espectáculos con cantantes que no saben cantar y hasta sujetos y sujetas que ya ni hablan aquel correcto castellano que se usaba tanto en la radio como en la TV. Hoy, los locutores de TV dicen «los más mayores» ignorando los superlativos absolutos que señala la elemental gramática. Y si los locutores cometen, sin inmutarse, estas agresiones a la lengua castellana, supóngase lo que harán los demás cuyo oficio no les obliga a hablar con la corrección de un profesional. Recuerdo con nostalgia a aquellos locutores de Radio Juventud de Canarias, con los que trabajé cuando fui jefe de Programas de esa emisora, cuyo maestro era el muy querido y malogrado compañero Ignacio García Talavera, profesor de Declamación por el Conservatorio de Santa Cruz.

Y ya que estamos en tiempos de cambios, hasta me atrevería a rogar al presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, que cambie, a toda prisa, las direcciones de esa radio y esa televisión para que España no se convierta en una población de analfabetos sin retorno.

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