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"Hay que desvestir al periodismo de todo lo accesorio que acompaña a los grandes medios"

Gumersindo Lafuente, ex responsable de las versiones digitales de "El País" y "El Mundo", lamenta la ausencia de la figura del periodista "senior".

ÉLMER L. MENJÍVAR Y SERGIO ARAUZ / EL FARO

Lo llaman gurú del periodismo web. En su discurso mezcla a un hippie, un inconforme, un terco, un curioso y un obseso. Habla de dinosaurios y ardillas del periodismo, ha estado en el cerebro de ambas especies. Es el responsable de la audaz puesta en web de periódico español El País que lo llevó al liderazgo justo en los días en que la empresa enfrenta una crisis inédita. Antes también dirigió a la competencia, El Mundo.

Gumersindo Lafuente

Cuando se habla de periodismo en español en internet, el nombre de Gumersindo Lafuente es ineludible. “Sindo”, como se le conoce, nació en Madrid, España, en 1958. Hijo del dueño de un bar de vecindario empezó a trabajar desde los 13 años tras una barra, y desde ahí desarrolló las dos aptitudes que lo condujeron al periodismo: la curiosidad y la capacidad de sorprenderse. “Esa curiosidad permanente y esa capacidad de sorprenderme y ese impulso de luego contarlo fue lo que me atrajo a este oficio”, dice.


Entró a la facultad de periodismo a finales de los 70, y con 19 años, en 1977, entró a fuerza de terquedad a la redacción del diario Ya, luego de convencer a una de sus profesoras de la facultad para que lo llevara a la redacción.Terco empezó y así se mantiene. “Conseguí que me abriesen una pequeña puerta en ese periódico y me colé y ya no me consiguieron echar nunca, me quedé ahí adentro y hasta que me dejaron escribir algo no me fui”. Para que Sindo abandone uno de sus trabajos debe haber destituciones, cierres definitivos o renuncias negociadas. Así paso por las redacciones y direcciones más importantes de España y referencias del periodismo en español: El País, El Mundo, elmundo.es, soitu.es, para volver a elpais.com que volvió a ser El País y al que renunció recientemente.


Su mirada, su discurso y sus proyectos lo han puesto en el altar de los profetas del internet. Lo llaman gurú, maestro, a veces para bien, a veces para mal. Si pone su nombre en Google obtiene un retahíla de titulares que destacan su reciente renuncia a El País, y encuentra sumarios halagadores y otros responsabilizándolo de algún punto de la crisis en la que se ha sumido el poderoso Grupo Prisa, dueño de El País, por sus audaces estrategias al momento de llevar a la web el contenido del periódico.


Platicamos con Lafuente durante su visita a El Salvador el pasado 26 de septiembre, invitado por la Universidad Tecnológica de El Salvador como ponente principal a un congreso internacional de comunicación.

¿Cómo te sienta ese epíteto del hippie del periodismo?


Bueno, no sé, no sé… depende de lo que signifique eso…


¿Qué puede significar?


Es una etiqueta que se le pone a una actitud. Lo que intento es hacer bien mi trabajo, sinceramente intento divertirme todo lo que puedo haciéndolo, a veces las cosas que hay que hacer no son especialmente divertidas, pero intento pasarlo bien, intento aprender. Siempre he intentado trabajar con gente con mucho talento a mi alrededor, todos los que he podido conseguir que trabajasen conmigo son más listos que yo, siempre me han alimentado y me ha venido muy bien. Tengo un punto de inquietud y eso me lleva a veces a cambiar de lugar de trabajo o de herramienta con la que ejerzo mi oficio. No siempre he podido elegir, a veces sí, soy inquieto, tengo un punto también de cabezonería, de rebeldía.


Lejos de la caricatura acostumbrada que tenemos del hippie, detrás de ese epíteto hay ciertos valores: estar inconforme, disentir, una especie de reivindicación. ¿Es aplicable al ejercicio del oficio?


Es posible, relatado así parece muy bonito, ¿no?, ja ja ja… La realidad, como vosotros sabéis porque sois periodistas como yo, no es tan bonita. Es verdad que yo sí he tenido suerte, no lo puedo negar, he podido trabajar en algunas aventuras periodísticas que han sido muy interesantes, unas han salido bien y otras no tan bien. Sí que hay un punto de inconformismo, yo creo que el periodismo que he conocido ha sido algunas veces -no siempre- un periodismo muy acomodado a una situación.


Con la crisis, hoy no se pude estar tan cómodo.


Justo la etapa de cambio profundo por la era digital y por la crisis, lo ha puesto todo patas arriba. Esa comodidad nos daba una cierta arrogancia, sobre todo a los periodistas que trabajaban en medios muy grandes y que tenían mucho poder por sí mismos, por su valor profesional, y también mucho poder delegado por la cabecera para la que trabajaban. De pronto les está pasando algo que no habían sufrido nunca: tener que trabajar con un nivel enorme de incertidumbre sobre su futuro, eso es algo que para otros periodistas de medios pequeños ha sido muy cotidiano.


Tú trabajaste en El Mundo, muy recientemente en El País, en periódicos grandes que pasan por ese momento y ese tránsito. ¿Cómo lo pasaste tú?


Cuando estás ejerciendo un poco de agitador no es un tránsito cómodo, claro.


¿Gumersindo Lafuente está inconforme frente a…?


No solo no me conformo como periodista, sino que como ciudadano, y me estoy refiriendo a España, estoy indignado. Los periodistas somos primero ciudadanos, y estamos viviendo situaciones realmente confusas ante las que no podemos ni conformarnos ni callarnos. Yo creo que en este nuevo ecosistema esta labor de control de los poderes que antes solo podíamos hacer los periodistas, hoy lo puede hacer mucha más gente, y no solo eso, mucha más gente puede ejercer control sobre el trabajo de los periodistas y eso nos lleva a un escenario más incómodo en el que tenemos que hacer mucho más por nuestro trabajo, eso yo todo el rato lo reivindico.


En una entrevista que Jot Down publicó hablabas de ardillas y dinosaurios. ¿Qué tiene que ver con lo que nos estás hablando ahora?


Cuando hablo de ardillas y dinosaurios es para establecer una metáfora para intentar acercar con ella la realidad del interior de los grandes medios ante las agresiones, entre comillas, de la nueva situación tecnológica. Las estructuras que soportan los grandes medios son muy inadecuadas ante esta nueva situación, son unas estructuras tan obsoletas, tan pesadas, que difícilmente van a evolucionar, van a tener que mutar. Por eso hablo de dinosaurios, los dinosaurios se extinguieron porque no fueron capaces de mutar, de hecho solo sobrevivieron los que consiguieron mutar en otra especie que, por ejemplo, volaba o lo que sea. Y hablo de ardillas porque lo que hoy nos pide el sistema son estructuras mucho más ligeras que, por otro lado, tampoco son ajenas a la historia del periodismo: los medios que hoy son grandes cuando nacieron eran pequeños y obtuvieron éxito con estructuras mucho más ligeras y solo empezaron a tener estructuras más pesadas precisamente ligadas a ese éxito económico. Pues ahora tendrán que adaptarse a la nueva situación viendo el foco, lo sustancial, lo relevante, que es conseguir hacer periodismo de calidad, un periodismo necesario, útil, que la sociedad demande y que la sociedad reconozca como un nuevo servicio público. Hay que desvestir al periodismo de todo lo accesorio que ha acompañado a esos grandes medios, porque podían pagárselo, ahora hay que poner el foco en lo esencial: el periodismo.


¿Cuál es tu mensaje reivindicativo para los grandes medios?


Bueno, yo los mensajes me los doy a mí mismo, si a alguien le parecen interesantes, pues me alegro, si algún empresario piensa que le puedo ser útil, me alegro más, pero principalmente me los doy a mí mismo.

Y a los periodistas de a pie, ¿qué les decís?


Yo no ando dando mensajes para… pero me preguntáis y os contesto lo que pienso: la primera exigencia es con cada uno en su trabajo cotidiano, interiorizar en tu trabajo cotidiano cómo debes hacer las cosas en el ideal, otra cosa es que la realidad luego nos dificulta hacer las cosas así, lo complica, pero bueno, yo he trabajado en medios grandes, pero también he trabajado en medios pequeños, cuando fundamos Soitu era un medio pequeño, un medio diferente, un medio en el que aprendimos muchísimas cosas, en el que tuvimos la satisfacción, el orgullo de poder trabajar con un grupo de periodistas muy jóvenes que están hoy ejerciendo el periodismo en diferentes lugares, en diferentes redacciones, y yo creo con un punto que les distingue de sus compañeros de oficio y yo creo que es el haber pasado por Soitu, y la verdad es que para mí solo el experimento me merece la pena.


¿Qué fue lo más propio de Soitu para que se convirtiera en esa especie de leyenda en el periodismo digital?


Soitu era una empresa de tecnología y de periodismo, y en la parte tecnológica era tremendamente innovadora, era un laboratorio de creación de herramientas tecnológicas diseñadas específicamente para que las usen periodistas. Y en la parte puramente periodística estábamos obsesionados con no conformarnos con la primera mirada sobre los asuntos e intentar buscar otras explicaciones a las cosas, no quedarnos con la primera versión y bucear en la sustancia de lo que estaba pasando y con una mirada diferente. En ese sentido yo creo que conseguimos crear una mirada propia y conseguimos darle una identidad a esa marca Soitu con un nombre un tanto extraño.


¿Por qué ese nombre, ajá?


Pues porque ponerle un nombre a algo y que no esté registrado y que no se confunda con nada, y pero que al mismo tiempo pueda llegar a ser identificable, no es tan sencillo hoy en día, en internet seguro lo podéis mirar que todos los nombre más evidentes y los supuestamente más extraños están registrados, así que nos teníamos que inventar algo que realmente no existiera.


¿Pero qué significa?


Significa
lo que tú quieras, ja ja ja… Cada uno puede pensar que significa una cosa… “Soy tú”, en el sentido de buscar empatía con el otro, empatía con el que te está leyendo, de hacerle partícipe en primera persona de todo lo que tú haces, esa puede ser una lectura. “Soy tu punto es” es otra manera decirlo, somos tu medio… Y si tú ves un cartel en la calle que pone “Soitu” piensas que es un restaurante japonés, ja ja ja… Es que depende, no sé qué decirles, había que inventarse un nombre, nos lo inventamos, al principio parecía muy raro y al final se convirtió en algo que nuestros lectores comprendían y que lo hicieron suyo.


Entiendo que Soitu nace en una especie de paréntesis, por decirlo así, porque venías de ser el director de ElMundo.es, luego surgióSoitu y después fuiste director adjunto de ElPais.com


Yo había sido director de elmundo.es durante 6 años, empecé en elmundo.es a primeros de junio en 2000 y terminé el 18 de julio de 2006, cuando fui destituido por el director editorial del Diario El Mundo.


¿Por qué fuiste destituido?
Fui destituido por no querer acatar las órdenes editoriales sobre la información del 11M, el atentado terrorista en los trenes de Madrid. La línea informativa de elmundo.es en esos meses, en ese año, se separó mucho de la edición impresa porque nosotros, la redacción de elmundo.es, del que yo era el director, no estábamos de acuerdo, pensábamos que el diario impreso estaba publicando historias que no estaban suficientemente comprobadas, es más, en algunos casos que eran directamente fabulaciones, y a mí como director me parecía que era una irresponsabilidad publicar eso. Había otras divergencias estratégicas, pero las fundamentales eran esas. Y bueno, yo sabía que me estaba jugando mi puesto, pero en realidad es que el asunto me parecía tan trascendental… ¡Hombre! Sí me preocupaba quedarme sin trabajo, lógicamente, pero me parecía que era una causa suficientemente importante como para arriesgar el puesto y el trabajo. Me destituyeron el 18 de julio, que empezaban las vacaciones. El 18 de julio en España tiene unas ciertas connotaciones porque fue el día en el que Franco y sus colegas dieron el golpe de Estado en 1936 y fue el inicio de la guerra civil en España… ja ja ja


Una metáfora histórica…


Entonces este fue mi 18 de julio. Bueno, pues, a los pocos meses, en realidad en octubre, conseguí que me despidieran del periódico, porque ellos querían que me quedase en otro puesto pero yo no quería quedarme. Ellos me proponían que me quedase y estuvimos ahí como dos meses negociando la situación hasta que conseguí que me despidiesen…


… desobedeciendo órdenes ja ja ja…


¡No, hombre! Negociando, ni siquiera llegamos a pelearnos demasiado, quiero decir que fue una disputa puramente profesional, nada personal.


Me quiero imaginar el contexto…


Pues mira, el contexto no te lo vas a poder imaginar porque era una tanto surrealista, por un lado yo estaba negociando por la mañana con el director general, o consejero delegado, no recuerdo específicamente el cargo de la compañía, las condiciones de mi despido, y por la tarde estaba casi todos los días charlando tranquilamente con Pedro J. Ramírez en su despacho sobre el futuro del periódico, el futuro de la prensa, el futuro de internet, o sea, era una situación un tanto peculiar; de hecho, un día le dije a Pedro J.: “Pedro, es curioso, ¿no?, que por la mañana yo estoy ahí debatiendo de cómo me vais a despedir y por la tarde estamos aquí tan tranquilos charlando de todo”, y él me dijo: “Claro, porque yo quiero aprovechar que te estamos pagando todavía un sueldo, para que me cuentes todo lo que sabes antes de irte”, ja ja ja ja… La verdad es que era peculiar, pero tenía cierta gracia.


Fue una salida elegante, digamos.


¡Hombre! Elegante… yo no llegaría a decir tanto… fue una salida peculiar.


Creo que a cualquier periodista que lea le va sonar raro eso de llevar la edición en internet por un lado diferente a la impresa y en son de rebeldía.


Bueno, eso se debe a una situación un tanto peculiar y difícilmente repetible, y es que en esos años elmundo.es tenía una enorme autonomía del producto impreso y yo, de hecho, era legalmente el director del mundo.es y el director del Diario El Mundo era Pedro J. Ramírez.


O sea que había una autonomía real.


Había una autonomía real. Para que os hagáis una idea, otra anécdota curiosa: cuando ocurrieron los atentados de Londres, en 2004, nosotros teníamos tanta autonomía que esa mañana, a pesar de que había una enorme confusión en cuanto a lo que había pasado porque hubo un silencio en las primeras horas, nosotros mandamos a un redactor nuestro a Londres inmediatamente, le dijimos “vete al aeropuerto y en el primer vuelo que encuentres a Londres, márchate, y a ver qué pasa”… Y a eso de la una de la tarde yo me cruce con Pedro J. en un pasillo y le dije, “Oye Pedro, que hemos mandado a un enviado especial para Londres que está justamente ahora mismo aterrizando en Londres, si queréis algo, podemos ayudar”, y me dijo “Ah, m
uy buena idea”… Quiero decir que teníamos nuestra propia redacción y una autonomía enorme de funcionamiento.


Al dirigir un periódico, grande o pequeño, ¿cuánto margen tiene el debate, es decir, la democracia, para tomar decisiones? En El Faro discutimos mucho, y de fuera a veces parece que nos peleamos fuerte, pero al final del día salimos a tomarnos una copa como amigos…


Eso es un proceso natural del trabajo periodístico. En el trabajo periodístico hay momentos de debate y luego hay el momento en el que el responsable debe tomar decisiones, y esas decisiones deben ser casi militares.


¿A ti te gustan los debates largos o los terminas haciendo valer el clásico “¡Aquí yo soy el director!”?


Bueno, a mí me gusta debatir, claro que sí. Claro, habría que preguntárselo a los periodistas que han trabajado conmigo, ja, ja, ja…


Danos las direcciones, ja, ja, ja, ja…


Por supuesto que tendrán opiniones muy diversas, pero te contesto lo que te he dicho antes, hay momentos para debatir, pero sobre todo en un medio en el que hay que manejar la información en tiempo real a veces hay que tomar decisiones editoriales que no admiten debate. El que las toma en primera persona es el responsable, las tiene que tomar a una velocidad enorme, si alguien se pone a debatir en ese momento entorpece mucho el trabajo, y en ese momento el que las toma es quien asume la responsabilidad, porque en ese momento si se equivoca, la equivocación es pública, a diferencia de un diario impreso, en el que se puede tomar una decisión por la mañana, rectificar a media tarde, incluso si en el último momento viendo las pruebas impresas de la portada puede cambiar el título y los lectores no se enteran, incluso la mayor parte de la redacción no se entera. En un medio digital en tiempo real el ejercicio del oficio es muy público, todos los redactores que están a tu alrededor ven cómo trabajas, ven cómo los responsables trabajan y en ese sentido es más complicado ganarse el respeto de tus compañeros. Yo he de decir que he tenido la fortuna de trabajar siempre con gente con mucho talento, siempre me ha gustado hacer equipos de gente muy complementaria, con talentos muy diferentes, y eso ayuda mucho a trabajar.

Exploremos la biografía de tu rebeldía. ¿Cómo te tocó vivir el franquismo?


Ja, ja, ja… primero he de decirte que es una rebeldía muy de andar por casa, muy doméstica, muy poca trascendental y muy poco importante, o sea que no le demos más valor porque no lo tiene.


Ser rebelde en un medio de comunicación con la influencia que tienen en los que has estado tiene efectos no tan domésticos.


Yo no lo elevaría a ninguna categoría, yo soy periodista bastante corriente.


Nos dices eso justo en un día en el que se ha publicado una entrevista en una influyente revista en la que te llaman sabio, gurú y esas cosas.


¿De verdad? Ja, ja, ja… Y bueno, yo soy un periodista, empecé joven, con 19 años, necesitaba el trabajo porque trabajaba en un bar desde los 13 años. El bar era muy pequeñito, era de mi padre y desde muy pequeño le ayudaba, trabajaba bastantes horas en el bar, y de alguna forma sentía que necesitaba hacer otras cosas y que si no despabilaba me iba a quedar toda la vida haciendo café, sándwiches y hamburguesas; cosa que por cierto me gustaba bastante, no era algo que hiciese a regañadientes, pero tenía otras aspiraciones. Entonces, en el año 77, en junio del año 77, que tenía yo 19 años, conseguí convencer a una profesora que me daba clase de literatura en la facultad y que trabajaba en un periódico que hoy no existe, pero en aquel momento era un periódico importante en Madrid, en España, se llamaba diario Ya, pues conseguí que me abriese una pequeña puerta…


¿Estudiabas periodismo?


Sí, estudiaba primero de periodismo en la Universidad Complutense de Madrid… Conseguí que me abriese una pequeña puerta en ese periódico y me colé, y ya no me consiguieron echar nunca, me quedé ahí adentro y hasta que me dejaron escribir algo no me fui.


¿Cuáles eran tus referentes de periodismo en esos años?


Me podría inventar aquí una biografía chula, verdad, ja, ja, ja… la verdad es que no tenía muchos referentes.


¿Qué te inspiraba entonces, simplemente te gustaba escribir o qué?


Ni siquiera tenía gran pasión por la escritura, pero era muy curioso, me llamaba mucho la atención las cosas que veía a mi alrededor, tenía una capacidad enorme para fijarme en los detalles y sorprenderme. Esa curiosidad permanente y esa capacidad de sorprenderme y ese impulso de luego contarlo fue lo que me atrajo a este oficio con el que yo, como decía al principio, no tenía ninguna relación familia. Desde luego, con mis 19 años no

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