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Una monografía rescata la trayectoria migratoria de Antonio Perera, ex presidente del CD Tenerife

Antonio Perera (derecha), durante el homenaje tributado a Ricardo Zamora en la capital tinerfeña, en 1951
Antonio Perera (derecha), durante el homenaje tributado a Ricardo Zamora en la capital tinerfeña, en 1951

El salón de actos del Círculo de Amistad XII de Enero de la capital tinerfeña acogerá el próximo día 26 (viernes), a partir de las 19:30 horas, la presentación del libro Antonio J. Perera Hernández (1892-1978): un indiano isleño excepcional, obra de los profesores de la Universidad de La Laguna Julio A. Yanes Mesa y Enrique A. Perera García, quien es miembro de la Asociación de la Prensa de Santa Cruz de Tenerife (APT).

El volumen recoge los resultados de una investigación muy minuciosa sobre uno de los emigrantes canarios más relevantes, y hasta ahora desconocidos, del primer tercio del siglo XX. Lejos de tratarse de una biografía al uso, la obra tiene la virtud de enfocar el caso estudiado desde perspectivas lo suficientemente amplias como para arrojar nueva luz sobre los efectos globales de la emigración en el archipiélago.

A lo largo de sus 262 páginas, el libro recrea con sumo detalle el ciclo vital del personaje en el contexto de la época: su infancia y juventud en el Puerto de la Cruz, su partida para Cuba en 1918, sus casi tres lustros de estancia en la isla antillana, su regreso a Canarias en 1932 y su posterior trayectoria en la capital insular, donde supo forjarse un importante patrimonio y ascender en la pirámide social de la localidad. A la hora de ponderar tales éxitos, los autores resaltan el excepcional punto de partida de este emigrante, dado que dominaba materias tan selectivas por entonces como la gestión empresarial, la contabilidad y el idioma inglés, cosa que estaba fuera del alcance de sus compañeros de aventura en América, la mayoría de los cuales eran analfabetos y carecían de cualificación profesional.

Particularmente intensas fueron sus vivencias en Cuba, marcadas en sus inicios por el crac de 1920 que, súbitamente, cercenó la etapa dorada del sector azucarero, y en su final por las secuelas del hundimiento de la bolsa neoyorquina de 1929, que terminó de arruinar la economía cubana. Sobre este rocambolesco escenario, la obra recrea la excepcional trayectoria de Antonio J. Perera Hernández contraponiendo su acceso, gracias a su formación y a su eficacia como gestor, al puesto de administrador de cinco centrales azucareros en Camagüey, a la precaria situación de la multitud de sus paisanos que tuvieron que ser repatriados con fondos públicos. Desde tan privilegiada posición laboral, el emigrado portuense se codeó con altos directivos de la banca norteamericana establecida en la isla antillana, con la crema de la colonia canaria, incluyendo a Tomás Felipe Camacho, Emeterio Teobaldo Padrón Cruz y José Cabrera Díaz, y con políticos e intelectuales cubanos de la talla del senador José Manuel Cortina o del secretario de Instrucción Pública y Bellas Artes del gobierno del general Machado, Carlos Miguel de Céspedes Ortiz.

El regreso a Canarias, a mediados de 1932, también está contextualizado a la luz de la profunda degradación de la vida cotidiana en Cuba tras el crac bursátil del 29, cuyos efectos sufrió directamente el propio Antonio J. Perera Hernández con sucesivas reducciones salariales y, tras implicarse en la política local, con una intentona frustrada de secuestro. En todo el discurso de la obra, particular relevancia por su novedad tiene la detección del capital exacto que este dinámico indiano trajo para Canarias, unas más que excepcionales 40 o 50.000 pesetas, con las que montó una agencia de aduanas, desde la cual se introdujo en el mundo de los negocios hasta forjar, a lo largo del franquismo, un patrimonio que rebasó, de largo, los 100 millones de pesetas.

A la vista de la paulatina gestación de su fortuna en las décadas subsiguientes al regreso de Cuba, proceso que está reconstruido en la obra con mucha meticulosidad, los autores llegan a la conclusión de que más que el capital monetario, por necesario que éste fuera como punto de partida, fue el capital «intelectual» el fruto más valioso que Antonio J. Perera Hernández cosechó de su aventura americana. Se trata de un rédito hasta ahora poco ponderado en los estudios de la emigración canaria que, dada la falta de cualificación profesional de la mayoría de los emigrantes, sólo pudo beneficiar a la raquítica minoría cualificada y emprendedora que probó fortuna en la otra orilla del Atlántico. En el caso que nos ocupa, fue la formación previa en la gestión empresarial lo que le permitió al personaje estudiado asimilar las nuevas perspectivas que le ofrecía la isla antillana para, luego, una vez retornado a Canarias, emprender una serie de proyectos novedosos y rentables a pesar de que el contexto, sobre todo, en los años iniciales y centrales del franquismo, no fuera el idóneo para aventura empresarial alguna.

El discurso de la obra está apoyado en un cúmulo de fotografías y documentos conservados en el archivo personal legado por el propio personaje, entre los cuales figuran los planos de los cinco centros productores de azúcar de Camagüey que administró en Cuba con los topónimos de la época, muchos de los cuales desaparecidos tras el acceso al poder de Fidel Castro. Entre la restante documentación reproducida, mención especial merece una carta del abogado y empresario herreño Emeterio Teobaldo Padrón Cruz, la cual constituye un documento sumamente revelador del coste afectivo de la emigración. No menos relevante resulta otro texto del insigne jurista y escritor palmero Tomás Felipe Camacho, quien fuera acogido por Antonio J. Perera Hernández en su casa, donde vivió los últimos meses de su vida, tras regresar de Cuba con lo puesto a raíz de la revolución castrista.

El prólogo ha sido escrito por el reconocido Premio Canarias de Literatura 1991, Carlos Pinto Grote, quien conociera en vida a Antonio J. Perera Hernández, y con quien compartiera la experiencia de presidir en los años sesenta la sociedad recreativo-cultural Círculo de Amistad XII de Enero de Santa Cruz de Tenerife. Al margen del interés científico de sus contenidos, el prologuista destaca que «el libro se ha construido culturalmente de manera impecable y con excelente lenguaje literario».

La obra es la sexta de las publicadas por Ediciones Densura, una asociación sin ánimo de lucro nacida en mayo de 2012 en el seno de la Universidad de La Laguna, cuyo objetivo no es otro que el de impulsar y renovar desde abajo hacia arriba, en estos tiempos tan difíciles pero también tan favorables para la reflexión autocrítica, la investigación y la difusión de la Historia de las Islas Canarias.

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