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¡Onomástica radiofónica!

En medio de la celebración del Día Mundial de la Radio, José Antonio Pardellas nos ofrece una animada retrospectiva sobre el mundo de las ondas dentro de sus 'Crónicas ucrónicas', publicadas cada domingo en el periódico 'El Día'.

Radio estudio

JOSÉ ANTONIO PARDELLAS

El cronista, micrófono en ristre, acaba de narrar para varias emisoras distintos actos que se celebran en todo el mundo y dedicados a este medio tan familiar y cercano como es la radio. En un generoso múltiplex en el que se han involucrado todas las cadenas españolas, públicas y privadas, se han vivido sonoras con distintas historias y relatos con escenificación variada de todos los géneros que se pueden emitir en este medio: docudramas, seriales, conferencias, entrevistas, noticiarios, música variada, tertulias, reportajes exteriores, participación de los oyentes, etc.

La radio se adelantó a Facebook, Twitter, las llamadas redes sociales. La radio, desde sus inicios, puso en comunicación directa a la audiencia entre sí, dándole oportunidad de conversar a través de las ondas y contarse sus cuitas, comentar los contenidos radiados o solicitar ayuda. La radio ha sido muy generosa siempre y muchos son los programas que han solucionado problemas acuciantes tanto de colectividades como individuales.

El cronista tiene en el recuerdo programas exclusivos de ayuda a un prójimo necesitado al que, la radio por medio, la audiencia se volcaba en auxiliarles con llamadas telefónicas o, directamente, tocando en la puerta de la emisora para entregar su dádiva. Títulos como «Ustedes son formidables», «Operación Plus Ultra», «Haz bien y no mires a quien», » La hartanga gigante», «De corazón a corazón», muchos, muchos, y a los que daban vida con emotivas peticiones, maestros del micrófono como Alberto Oliveras, Joaquín Peláez y nuestros próximos César Fernández Trujillo y Manuel Ramos Molina, «Somar».

¡Oh, la radio!, que tanta compañía hace a tantos y tantos amigos que necesitan y demandan formación, información y entretenimiento.

-¡A mí me ha hecho llorar, qué quiere que le diga, señor! (Dos señoras se aproximan).

-¿Acaso algún locutor la ha insultado por antena, señora?

-¡No, no… Nada de eso! A lágrima viva con la María, o «Ama Rosa»…

-¡Ay, ay…! Y… ¿cómo se llama…? Ah, sí, «Lo que nunca muere».

-Ay sí, ¡cómo sufría aquella madre porque sus hijos en la guerra estaban en bandos distintos y se disparaban y cuando…

-(El cronista está un poco aturdido con tantos lamentos y descripciones lacrimógenas). ¡Señoras, están hablando ustedes del teatro en la radio, de los seriales y eso… eso no es lo que…!

-(Suena un vozarrón y me interrumpe). ¿Y eso qué, qué iba usted a decir en contra de la dramatización en la radio ? ¡Diga, diga!

-¡Hombre, no se ponga usted así, señor… señor…!

-Welles, Orson Welles.

-¡Caramba, con esa barba tan poblada y ese sombrero calado hasta los ojos no le había reconocido, señor Welles!

-Chist, bajito, hable bajito, que estamos rodando «El Tercer Hombre».

-¿Y qué tiene usted que ver con lo que decían las señoras?

-¡¡Ignorante, así está esta profesión!! (Ños, el tío lo dijo con doble exclamación).

-No, no, señor Welles, a mí me gustó usted mucho en «Ciudadano Kane», vaya papelón se pegó usted en esa película. Y, además, creo que la dirigió, ¿no?

-¡¡¡Ignorante!!! (Repitió aún con más énfasis). (Abochornado estoy).

-¿Sabe usted, acaso, qué es lo que se celebra en esta semana de febrero, concretamente el día trece?

-Pues no, no… Bueno, algo he oído a los de la radio… de un día mundial…

-¡Con mayúsculas, caballerete, con mayúsculas: Día Mundial de la Radio, a ver si se entera!

-¿Y? (Pregunto entre ignorante y temeroso).

-Pues que un servidor es el culpable. Si, si hace más de cien años Marconi, con la ayuda de otros, inventó la radio, la emisión y la recepción, yo, Orson Welles, desde 1938, por tanto hace setenta y siete años, di a conocer los múltiples recursos de este medio de comunicación, la radio, para emocionar, hacer sentir a los oyentes diversos y encontrados estados de ánimo.

-Bueno sí, yo cuando escucho una canción de… (no me deja seguir).

-¡Déjese usted de majaderías! Hablo de hacer radio, no de radiar discos, que esos los puede reproducir en su fonógrafo, casette o…

-¡Perdón, señor Welles, esos aparatos ya no se usan! Ahora son CD. (¡Toma ya!, pensé con regusto).

-¡Bien…, reproductores! Le decía que se celebra el 13 de febrero el Día Mundial de la Radio, que ha sido propuesto por la Academia de las Ciencias y las Artes de la Radio de España y propiciado y reconocido por la Unesco, ONU… En fin, los principales organismos mundiales, pues gracias a eso que a usted le hacía gracia, sí, lo de las señoras que lloraban ante el receptor.

-¡Cuente, cuente…, porque… mérito, mérito… ya me dirá usted!

-La emoción, señor cronista, el sentir miedo, alegría, terror… Todos los sentimientos que pueda desarrollar el ser humano los puede propiciar la radio con una simple narración.

-Bueno, pues dígame, ¿qué hizo usted en 1938? Por cierto, sería usted muy joven, ¿no?

-Sí, tenía sólo 24 años; pero a esa edad era actor y fundé la compañía de teatro Mercury.

-¿Y qué tiene que ver con la radio?

-¡No se impaciente, merdé… o coño, como dicen ustedes!

-Pues pasó que abandoné los escenarios y con mi compañía de actores empezamos a hacer, en ese nuevo invento que era la radio, nuestras representaciones. Adaptamos grandes novelas, como «La isla del tesoro», «El Conde de Montecristo», «Drácula»… En fin, muchas.

-Perdón, señor Welles, y ¿en qué emisora emitían?

-Bien, en la cadena de radio CBS; pero le diré que los picos de audiencia no eran muy altos y decidí cambiar los argumentos. Era teatro hecho en la radio, nada más.

-¿Entonces, a qué viene tanta conmemoración?

-Porque me decidí por otro estilo radiofónico que podría denominar «radio realidad». Es decir, hacer real una historia ficticia.

-(Al cronista le ha hecho recordar las ucronías que escribe los domingos en este periódico un colega).

-Y ahí viene querido amigo, lo de hacer sentir emociones fuertes por la radio. Y adapté los textos al medio, dotándolos de gran realismo, dentro y fuera de los estudios de la emisora, por todos los pueblos y ciudades, calles y barrios, con actores-narradores bien entrenados, adapté, le decía, «La Guerra de los Mundos» de H.G. Wells.

-¿La que narra una invasión marciana a la Tierra?

-Esa misma. Y lo hicimos como en tiempo real, interrumpimos una programación musical para anunciar repetidamente la llegada de los extraterrestres, hicimos entrevistas, naturalmente ficticias, con personas que decían haberlos visto… (Mientras habla, las señoras de los seriales escuchan fascinadas).

-…¿Y se lo creían los habitantes y oyentes americanos?, pregunto.

-¿Que si se lo creían? Hasta algunos murieron del susto, atropellándose unos contra otros, corriendo. Naturalmente, nuestros actores gritaban, efectuaban disparos, chillaban aterrorizados… puro teatro.

-Las consecuencias de tanto realismo, amigo…

-…Sí, sí, fui aplaudido y criticado; pero, y es lo que quería decirle, la radio con sus voces y sus sonidos demostró el poder que tiene; repito, poder… Piense usted que de ese poder de la radio se aprovecharon para sus fines, años más tarde, Hitler, Franco, Roosevelt, el Vaticano… muchos líderes. Eso sí, gracias a un trabajo bien hecho.

-Señor Welles, don Orson Welles, ahora sí que le he comprendido. Y entiendo el homenaje que se le hace en el Día Mundial de la Radio.

-Gracias, amigo. Y, por cierto, gracias especialmente a la Academia Española de la Radio por haber iniciado esta celebración y reconocimiento.

-Si me lo permite, ¡señoras, vengan aquí, conmigo! Usted también, Orson. A ver: ¡una, dos y tres!: ¡Viva la radio!

-¡¡¡Viva!!!

-(Y me despido cantando: «Gracias a la radio, que me la dado tanto, me ha dado la voz …»). (Basado en la canción de Mercedes Sosa).

*Cierre de la emisión.

FUENTE: EL DÍA

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