MARÍA ANGULO
Hace un par de semanas en la presentación de La escritura transparente (Libros del K.O, 2014) con William Lyon y José Luis Trasobares surgieron las incertidumbres que rodean a la situación crítica en la que se encuentran los medios impresos en España.

Y ya en la tertulia posterior el fotoperiodista Gervasio Sánchez nos comentaba a Maite Gobantes y a mí, ambas profesoras de Periodismo de la Universidad de Zaragoza, que él siempre recomendaba a sus estudiantes y talleristas que marchasen fuera del país. No exactamente para cursar másteres o doctorados, sino para vivir el reporterismo, para sentir la profesión.
Que se fueran lejos, que buscarán sus guerras, sus conflictos y que los contaran, que esa es la manera más plausible y arriesgada de sentir la profesión. Gobantes y yo asentíamos, ilusionadas con ese periodismo de compromiso, alejado del corta-pega al que están condenados tantos nuevos profesionales. Yo pensé, qué ingenuas, qué mayores estamos todos ya, qué batallitas nos creemos. Pues bien, a la semana siguiente llega el XVI Congreso de Periodismo Digital de Huesca y conozco a Jacobo García, un gallego de 39 años, quien tras un tiempo como freelance en España, desde el 98 al 2002, hizo la maleta y se fue a México. Cansado de las formas de hacer periodismo en España, buscó y encontró el reporterismo y el compromiso con la profesión. Lleva ya casi 12 años cubriendo América Latina. Ahora con Associated Press y en Colombia, antes en México con El Mundo, donde pueden leerse algunos de sus reportajes.
Dos días después, en Barcelona, Carlos Dada, fundador y director de la revista salvadoreña El Faro, referente de periodismo de investigación, me presenta a uno de sus fotoperiodistas: Eduardo Ponces, barcelonés de 34 años, que hace diez años se presentó en la redacción de El Faro tras haber enviado alguna que otra carta a su director para solicitarle que le admitiera.
Eduardo pasó tres años en Salvador y después, otros cuatro entre México, Salvador, Guatemala y Honduras. Entre sus fotoreportajes destaca el proyecto de migración que realizó junto a Toni Arnau y Eduard Soteras En el Camino (Blume) y un relato de violencia cotidiana estremecedor que realizó a partir del seguimiento de un forense: «El último médico en El Salvador», que pueden encontrar en eldiario.es.
Jacobo y Eduardo se fueron de España para ejercer el periodismo en los «maravillosos dosmil», antes de que la crisis comenzara a cortar cabezas y a dejar escuálidas las redacciones. Lo que encontraban en los periódicos de aquí nada tenía que ver con lo que entendían por hacer periodismo.
Alguna relación guardará todo esto con lo que ahora le está pasando al gremio ¿no? Parece que lleva razón Gervasio Sánchez, con lo de irse fuera y que no son solo batallitas del abuelo o consejos de perro viejo.
FUENTE: EL PERIÓDICO DE ARAGÓN