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"El periodista está ahora en una situación más frágil"

El veterano periodista Lluis Foix habla de 'Aquella puerta giratòria', la obra que le ha permitido recibir el premio Josep Pla en su última edición.
Lluis Foix
Lluis Foix. FOTO: ALBERT BERTRÁN / EL PERIÓDICO

ERNEST ALÓS

¿Qué periodo cubre este segundo volumen de sus memorias, Aquella porta giratòria?

Estas son unas memorias profesionales, de 1969 a 1974, cuando me voy a Londres, con muchas excursiones hacia el futuro. Sobre todo intento reflejar cómo era esa Barcelona periodística y cómo se vivía y trabajaba en las redacciones en aquella época. Se hablaba más, se bebía más, se criticaba más, se fumaba más. Hablo del mundo, pero lo hago desde esa puerta giratoria del vestíbulo de la antigua redacción de La Vanguardia en la calle Pelai. Y Una de las cosas que intento decir es que el diario ha tenido muchos desaciertos y muchos aciertos, y por esto ha durado tanto. Como toda redacción y empresa de comunicación tiene sus miserias y sus grandezas, y todos las hemos vivido o protagonizado directa o indirectamente.

¿El relato llega a esos meses en que asumió la dirección en 1983?

Sí, aquí acaba.

¿Qué explica de ese episodio?

Explico cómo llego a ella y el desenlace. Pero eso ya lo leerá. Supongo que es en lo que la gente más se fijará.

Por lo tanto, ¿podemos esperar un tercer volumen?

Sí, seguramente, pero eso dependerá… Pero en esos cuatro años de este volumen vi muchas cosas: conocí a Nixon, a un gobernador de Georgia que era Jimmy Carter…

¿Había más acceso entonces a esas grandes personalidades, o los mismos filtros que ahora?

Dependía de los contactos que tuviese. Con Reagan hablé dos veces pero porque vinieron los reyes, hubo un cóctel en la Casa Blanca… Con Margaret Tatcher hablé alguna vez, con François Mitterrand también…

Huertas escribió que cada mesa “era un Vietnam”, aunque supongo que hablaba de otros diarios de la época.

Cada mesa no era un Vietnam pero cada sección era un mundo. Internacional era un mundo, Nacional, que era la política, era otro mundo. Deportes, como en todos los diarios, estaba lleno de periodistas del Espanyol. El redactor jefe tenía el carnet de socio número 2. Se abría la sección cada martes, porque el lunes no había diario, con aquel equipo de Barcelona que hubiese jugado en casa. ¡No se quitó el ‘española’ de La Vanguardia Española hasta el año 78! Y se hizo un 16 de agosto tras consultar al capitán general. Dicen que La Vanguardia siempre ha estado al lado del poder… Sí y no. Lo que no va es por delante del poder. Va a rebufo (a redós), digamos, del poder. Ha hecho un giro a favor del ‘procès’ y luego… esto es muy típico, no del diario, sino del país. No hubiese durado tanto si no hubiese habido esta complicidad con lo que pasa en el país.

¿Tenemos el periodismo de esos tiempos, poco a mucho, mitificado?

No digo que esos tiempos fueran mejores, pero eran diferentes. Las personas eran diferentes, la formación, las relaciones entre ellas… Ahora el periodista habla mucho con el ordenador, no con los compañeros. Y había grandes personajes. Hoy los periodistas han perdido el monopolio y la hegemonía de la información, hay gente que sabe más que nosotros que también emite su opinión. El periodista está ahora en una situación más frágil.

Una puerta giratoria sirve para entrar y para salir. ¿En su caso…?

Sí. Yo en el diario he ido de lo más alto a lo más bajo. Y siempre me he mantenido porque el periodismo me gusta.

FUENTE: EL PERIÓDICO

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