Dos fotografías separadas en el tiempo por tan solo 15 años evidencian por sí solas el desplome de todo un sector, el de la prensa de papel, en lo que va de siglo. Un contrapoder menguante amenazado por la crisis económica y por la irrupción de la prensa digital y de los cambios en los hábitos de consumo, que cada vez tiene menos lectores, menos inversión publicitaria, menos puntos de venta y menos páginas de papel.
Los datos los proporciona la última edición del Libro Blanco de la Prensa 2016, editado por la Asociación de Editores de Diarios Españoles (Aede), que recoge anualmente un histórico de magnitudes sobre todo el sector desde el año 2001. Los diarios nacionales y regionales facturan, desde entonces, un 38,8% menos y sus beneficios netos han caído en picado un 82% hasta diciembre de 2015, fecha del último dato oficial facilitado por la patronal. Un lobby que se encuentra ahora inmerso en un profundo debate refundacional de cara a abrir la asociación a otros actores hasta ahora ignorados por ella como la prensa gratuita y, sobre todo, la nativa digital, que ha venido a ocupar un hueco cada vez más relevante en el mercado. “Sin los diarios digitales, la Aede está manca y coja”, reconoce abiertamente el dueño de Prensa Ibérica, Javier Moll, el hombre de consenso impulsado entre los editores para presidir la asociación a corto plazo.
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