
TEODORO LEÓN GROSS / EL MUNDO
No es extraño que Trump, siendo un espécimen bovino, aproveche las debilidades de la prensa para sacudirse la molestia de las moscas a coletazos. Lo extraño, en todo caso, es que la prensa haya logrado resistir hasta Trump sin que sus debilidades quedaran tan desnudadas. Quizá referirse al periodismo como «el enfermo de la democracia» sea desproporcionado, pero no irreal. Estos años el propio sistema le ha mantenido las constantes vitales -una financiación desesperada- para no debilitar más el propio sistema. Tiene lógica. Por incómodos que fuésemos los periodistas, peor sería un territorio comanche sin periodismo. Sin embargo, si éste se debilita hasta no provocar malestar (de ahí la vieja ironía de Galsworthy sobre el apogeo del periódico y la creación del Ministerio de Sanidad) deja de ser periodismo. Esa debilidad, más que el matonismo ramplón de Trump, debería ser lo inquietante.
Texto completo AQUÍ