
JUAN CRUZ RUIZ / EL DÍA
A Miguel Ángel Bastenier, el periodista más rápido del mundo.
Don Domingo Pérez Minik fue un maestro muy especial. Su deseo era que los demás prosperaran a su lado, que fueran felices. Sus máximas para vivir eran la libertad y la felicidad, y nos dio ambas a manos llenas. Era un socialista anglófilo, de modo que cantaba lo mismo La Marsellesa que La Internacional o God Save the Queen. Su muerte, en 1989, nos causó a todos una gran tristeza. A mi me atravesó esa noticia en el tiempo de una importante crisis personal y anduve zombi esos días, como si hubiera habido un terremoto y no supiera dónde estaban las ruinas.
Luego me recuperé y escribí mucho de don Domingo, en la prensa canaria o peninsular; me dio pena que, en aquel entonces, personas que luego han rectificado aquella burla se burlaron de la devoción intelectual y personal que tanto yo como otros expresamos sobre la figura de don Domingo. Y, por fortuna, aunque la vida oficial mantiene la mezquina relación que el franquismo y la democracia le mostraron en vida, su figura ya es conocida, respetada, y no siento ahora que estas líneas de nuevo homenaje vayan a causar las burlas que, lamentablemente, se produjeron aquí, en su tierra, cuando a su muerte se nos dijo que parecíamos los deudos de don Domingo.
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