
PEDRO G. CUARTANGO / EL MUNDO
Dice el viejo proverbio chino que sólo los necios miran al dedo cuando apunta a la luna. Esto es lo que está sucediendo con la campaña de deslegitimación que está sufriendo la prensa, que ha coincidido -y no por casualidad- con la publicación de diversos escándalos que afectan al partido en el Gobierno.
Hay, sin duda, un intento de desviar la atención sobre los casos de corrupción que han sacudido a la opinión pública, pero existe también un propósito de matar al mensajero mediante un juicio de intenciones que presenta a los medios como un poder paralelo que socava las instituciones y amenaza la democracia.
En este contexto surge la propuesta de José Manuel Maza, fiscal general del Estado, que sugirió la idea de penalizar a los periodistas que violen los secretos sumariales. Dado que los jueces tienen la facultad de prorrogar indefinidamente la confidencialidad de la instrucción de un procedimiento penal, la prensa tendría vedado informar sobre determinados temas, aunque fueran de la máxima relevancia e interés público.
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