
EL PAÍS
Qué extraño. No podrá hablarnos en su propia despedida. Él, que ha enhebrado tantas veces nuestro adiós colectivo, con cariño infinito, con adjetivos maravillosos, con pasión desbordante, con complicidad íntima y fiera a hermanos, parientes, amigos, colegas. Acaba de morir en Madrid, donde estaba retornando a casa de un viaje a Extremadura, de un ataque inesperado, súbito y fulminante.
Carlos Pérez de Rozas y Arribas (Barcelona, 1948), hijo y nieto de fotoperiodistas, ha sido, hasta hace unas horas, un periodista total. Un diseñador de diarios innovador y respetado. Un comentarista deportivo que a nadie dejaba indiferente. Un profesor de Ciencias de la Información, en la Pompeu Fabra, admirado, jaleado y adorado por sus alumnos de distintos continentes.
TEXTO COMPLETO AQUÍ