
JORGE MARIRRODRIGA (EL PAÍS)
El periodismo se muere. Y no el periodismo de papel o ‘viejuno’ de “los oligarcas”. Poco a poco se va apagando la llama de un oficio que durante más de un siglo creció en las democracias y las ayudó a crecer.
Que fue parte de la vida de ciudadanos libres cuyas sociedades sufrían una amenaza real y explícita de ideologías que despreciaban la idea de libertad individual y que sojuzgaban a sus propios ciudadanos quienes, entre otras cosas, anhelaban del mundo libre precisamente el periodismo.
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