
JUAN PABLO SANZ/LA VANGUARDIA
La nostalgia es un sentimiento embriagador. Y, como tal, en función de la medida, le puede hacer a uno más lúcido o, por el contrario, más obtuso. Una pequeña dosis de nostalgia aporta distancia y perspectiva; el exceso conduce a la espesura.
El periodismo es, desde hace unos años, un salón propicio a la conversación nostálgica. La profesión ha cambiado mucho en los últimos tiempos, y es grande la tentación de mirar con añoranza al pasado. No es un mero recrearse en tiempos pretéritos: ciertamente, hay fundamentos del oficio que se echan de menos.
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