
ALFONSO GONZÁLEZ JEREZ / EL DÍA
Me llama un amigo y colega, generalmente bienhumorado, para trasmitirme su indignación. En alguna red social había encontrado que una señora, al parecer medianamente conocida, se definía como periodista. «Pero si esta tía solo participa en la tertulia de una radio local». Yo me encogí de hombros. ¿Por qué la buena señora no puede llamarse periodista? ¿Se indigna alguien cuando un sujeto cualquiera advierte a los demás que es neurocirujano? Pues no. ¿Por qué indignarse con los periodistas que no lo son y en cambio reírse de los neurocirujanos imaginarios?
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