
BORJA VENTURA/YOROKOBU
“Menos mal que yo no creo en la violencia porque si no os mataba a todos”. La frase la soltó José Ramón Prado Bugallo, más conocido como Sito Miñanco, a los jueces encargados de decidir sobre su destino tras haber sido detenido en la llamada Operación Nécora. Eran los años 90 y tras décadas de transición interna los capos gallegos se codeaban con los grandes delincuentes del mundo.
Habían empezado con el estraperlo, siguieron con el tabaco, pasaron al hachís y dieron el salto a la cocaína. Galicia fue durante mucho tiempo la puerta de entrada de la droga en Europa, y con aquel dinero hicieron de todo: comprar medios, clubes de fútbol, policías y favores políticos. Aquella operación judicial empezó a cambiar la historia, haciendo que muchos tomaran conciencia de un problema que se había ido de las manos. Cómo un grupo de personajes propios del cine de Ozores y Esteso podían ser delincuentes internacionales de primer nivel.
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