
MARÍA LUISA AROZARENA
Con la muerte de Paco Cañibano este pasado jueves, decíamos adiós no solo a una persona íntegra, tremendamente familiar y recto en su comportamiento personal, sino también nos despedíamos al día siguiente en el Cementerio de San Luis (en su querida ciudad de La Laguna) de un profesional de la técnica en la Comunicación Audiovisual que, junto a otros compañeros y amigos, marcaron toda una época en Radio Nacional de España en Canarias. Fueron un equipo de lujo, nada se les resistía y demostraban una y otra vez que, para ellos, los medios técnicos no tenían secretos. Si los tenían, ellos lo averiguaban.
Wigberto Ramos, Miguel Angel Cabrera Pinto, Paco Cañibano, Pedro Urbano (el único que sigue entre nosotros), Berto Ramos, Angel Zurita…. dieron un prestigio a RNE en Canarias que para sí ya quisieran otros. Formaron un auténtico equipazo a los que nada se les resistía –técnicamente hablando– en una comunidad autónoma como Canarias que plantea serios problemas a la hora de hacer llegar la señal radiofónica a los oyentes de cerca y de lejos. Y para una muestra, la Vuelta Ciclista a España, cuando tuvieron a bien que comenzara en Canarias. Nadie daba “un duro” por las retransmisiones, pero allí estaban estos profesionales sorteando todo tipo de obstáculos.
Me decía Juanma Bethencourt este viernes, en la Radio Autonómica, que Cañibano, así a secas, sin el Paco delante, fue una institución en RNE, una empresa a la que él quiso y sirvió hasta que un maldito ERE le obligó a abandonar nuestra casa cuando era jefe de Emisiones, un cargo que ejerció con total profesionalidad y compañerismo y en el que tuvo que vivir muchos momentos difíciles: la desaparición voluntaria de Manuel Rodríguez Cabral, en octubre de 1995 o el accidente que le costó la vida a nuestro querido Juan José García (Juanjo) en febrero de 1998. Cuando se viven momentos muy duros, te das cuenta de la valía de las personas y con Cañibano pasaba eso: todos los compañeros lo respetaban y querían. Dejó tras de sí a un grupo de profesionales en Técnica y Emisiones que han sabido mantener muy alto el nivel en RNE y una muestra de ello es –entre otros– Juan Miguel Fernández Expósito.
Este artículo solo trata de poner en valor a una persona a la que valió la pena conocer, tratar y trabajar codo con codo con ella. Como directora de RNE en Canarias, puedo decir que su apoyo y ayuda fue total y de un valor incalculable. La palabra lealtad la supo conjugar como pocas personas he conocido en esta vida y sabía en cada momento lo que había que hacer y lo que había que sugerir que se hiciera.
A nivel personal, Paco Cañibano era un enamorado de su familia y la prematura desaparición de su hijo Pachi en julio de 2010 fue un duro golpe que difícilmente pudo superar. ¿Qué decir de su querida esposa, María Elvira, que fallecía el 25 de julio pasado dejando en Cañibano un hueco y una pena que a duras penas podremos explicar? Sus hijas Pili y Rosi se pueden sentir muy orgullosas del padre que tuvieron y nosotros, los que hemos pertenecido a RNE de una u otra manera, recordaremos siempre sus consejos, su forma de actuar, su profesionalidad, su apoyo en momentos muy delicados.
El presidente de la APT, Salvador García Llanos, me decía nada más darle la noticia de que Cañibano había fallecido, una frase del porqué de la tristeza que sentíamos los que le quisimos: “El hombre serio, el profesional tranquilo, María Luisa”. Así es como lo recordaba Salvador que tuvo el placer de conocerlo y colaborar en RNE. Son momentos en los que revives muchos de los acontecimientos importantes que tuviste el privilegio de vivir con una persona a la que valió la pena conocer. Es curioso que en el recordatorio que repartieron sus hijas este pasado 9 de septiembre aparezca esta frase: “Rindió su último suspiro con la misma tranquilidad que si hubiera entrado en el más dulce de los sueños”. Una definición perfecta de un hombre que supo vivir la vida en compañía de los suyos, donde también fueron muy importantes sus hermanos Joaquín, Pipo y Carlos y sin olvidarnos de sus muy queridos nietos: Juan, Raúl y Cristinita.
Paco Cañibano se ha ido dejando tras de sí muchos amigos y algunos herederos de su buen hacer en su profesión. Personalmente, puedo decir que, incluso en sus momentos de socarronería, tenía razón. Y no exagero. Su apoyo y lealtad fueron totales y por eso sentimos su muerte. Una despedida que nos valió para recordar que tuvimos un gran regalo como fue el tiempo que coincidimos con él en el quehacer radiofónico en RNE, pero también en momentos anecdóticos que guardaremos en nuestra memoria.