
CARMELO RIVERO / DIARIO DE AVISOS
Andrés Chaves no tiene patente de corso, pero en más de medio siglo de periodismo ha construido un personaje que se saltaba los cánones del oficio y libraba batallas de gallardete con calavera y huesos cruzados. He leído sus Memorias ligeras, que edita La Gaveta Económica, y el personaje confiesa, como Neruda, que ha vivido, pero, en su caso, sin cortarse un pelo.
No es el superconfidencial de la vida secreta de Chaves. Reconoce que se guarda intimidades y omite lo que le da la gana, pero el lector se divierte con la excentricidad del autor, cuya única verdad irrefutable es que ama a sus hijas y a Mini, su perra. Hubo una época en que los escritores posaban con sus mascotas, Cortázar o Hemingway con sus gatos. Sin embargo, la portada se la cede a su amigo Antonio Cubillo, en el viaje de vuelta, cazado por el fotógrafo Gustavo Armas.
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