
APT
Cultura, leyenda, tradición y porvenir, tituló Salvador García Llanos, presidente de la Asociación de Periodistas de Santa Cruz de Tenerife (APT), su intervención como mantenedor de la fiesta de arte programada en el marco de las Fiestas de Mayo de Los Realejos.
Lleno absoluto en el salón de actos del Círculo Viera y Clavijo realejero. Asistieron el alcalde de la localidad, Adolfo González Pérez-Siverio; miembros de la corporación municipal; el presidente de la entidad, Alfonso Fernández Molina; y las candidatas a Romera Mayor 2024. Actuaron la arpista Yanira Martín; el tenor Javier Jonás y la pianista/soprano Cristina Farrais.
A continuación insertamos el texto íntegro de la intervención del presidente de la APT.
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Poco mejor que el canto de Samuel Fumero –ya casi convertido en himno popular– para acercarnos al cometido de mantener esta fiesta de arte a cuyos promotores –y a la organización, en general– agradecemos la invitación que, ciertamente, sirve para aproximarnos, integrarnos y evocar aquel tiempo realejero que descansa, con huella indeleble, en el curso Preuniversitario 1969-70 del colegio San Agustín, dirigido entonces por Rafael Yanes Pérez.
El verso de Fumero, en efecto, nos recuerda y nos sugiere que en
“Mayo, colorea una cruz,
la pólvora que el noble pique iluminó,
baja el ganado a reencontrar a su patrón
baila el Realejo en romería, es tradición.
Una bulla recorre las calles
desde el mentidero
a la casa del parral,
las veredas tienen un destino,
todos los balcones se volvieron a mirar.
Piedra a piedra
crece una sorriba,
folía a folía,
se canta un amor.
Mano a mano crece este día
porque sus mimbres somos tú y yo.
Semillero, arcano y guarida,
el suelo que piso se abre como un corazón
al templar la sangre de esta orilla
en que sólo cabe el aire de la devoción.
Vísteme con la ropa encendida
donde mis abuelos acunaron el sudor,
espigas al pecho, enagua viva,
quiero agradecer al agua, al viento y al sol.
Mayo, colorea una cruz
la pólvora que el noble pique iluminó,
baja el ganado a reencontrar a su patrón,
baila el Realejo en romería, es tradición.
Éste es el baile del santo,
el que se bailaba antes,
las costumbres de los viejos
no deben de abandonarse”.
En esta hermosa isla, Tenerife, se alza augusto el municipio de Los Realejos, testigo de un quehacer tan fecundo como sus tierras y de una cultura que perdura en el tiempo como un tesoro invaluable. Ahí queda, para la historia, el legado de tantos hombres y mujeres que han contribuido a toda esa obra forjada al paso de los tiempos y que recibió un 6 de enero de 1955 el regalo de una fusión que unía a sus habitantes, a los de la zona alta y a los de abajo. Desde entonces, un solo escudo: en él está simbolizada la paz firmada por el conquistador Alonso Fernández de Lugo, representado por el Pendón de Castilla y los menceyes guanches, unidos en torno a la añepa adornada con palmas, firmada –decíamos–, según la tradición, el día del Apóstol Santiago y que simboliza la Cruz. Al otro lado, tres castillos con una somera explicación: el inferior representa a la Hacienda de Los Príncipes, que está protegida por los otros dos castillos, el de El Guindaste y La Fajana. La llave representa la apertura de la fortaleza.
Permítannos guiarles durante la tarde/noche de hoy en un viaje a través del tiempo y el espacio, mientras exploramos los recovecos de este lugar emblemático, honrando a aquellos que lo forjaron con su ingenio, valentía y pasión. Son, ya, más de quinientos años de trayectoria histórica y la tarea de realizar ese seguimiento, a pesar de la complejidad, resulta un reto apasionante.
Preguntémonos, para empezar, qué ocurrió en el mundo, tal día como hoy. Hagamos, simplemente, una aproximación cronológica. ¿Cómo lo ha registrado la historia? Un 23 de mayo,
-En 1823, los Cien Mil Hijos de San Luis, expedición francesa encargada de restaurar el absolutismo de Fernando VII, entra sin resistencia en Madrid.
-En 1845, las Cortes españolas votan por una nueva Constitución.
-En 1951, China anexó formalmente el Tíbet.
-En 1981, asaltan la sucursal del Banco Central en Barcelona.
-En 1986, el escritor peruano Mario Vargas Llosa recibe el Premio Príncipe de Asturias de las Letras.
-En 2012 se lleva a cabo la primera vuelta de las elecciones presidenciales de Egipto, la primera pluralista de su historia.
-En 2012 la Gendarmería del Vaticano detiene al mayordomo del Papa Benedicto XVI, Paolo Gabriele (46), por supuestamente revelar documentos secretos (que aparecieron en el libro Su Santidad: Los Papeles Secretos de Benedicto XVI). Comienza el caso Vatileaks.
-En 2015, beatificación del arzobispo de San Salvador, Óscar Romero, obispo y mártir salvadoreño; celebrada en una misa en la capital salvadoreña, por el Cardenal Ángelo Amato, enviado del Papa Francisco.
-Fue el día de 1958 en que nacieron el astronauta Thomas Reiter; y las actrices Melissa McBride en 1965, y Kelly Monaco, en 1976.
Dejen recordar a los amantes del zodíaco que las personas nacidas entre el 21 de mayo al 20 de junio son de signo Géminis. El signo de Géminis es representado por los gemelos, lo que sugiere una dualidad en la personalidad de quienes nacen bajo este signo. Los geminianos son conocidos por ser personas curiosas, inteligentes, versátiles y comunicativas. También pueden ser cambiantes, impacientes y superficiales en algunas ocasiones. El planeta regente de Géminis es Mercurio, que influye en su habilidad para comunicarse, aprender y adaptarse a diferentes situaciones.
El relato, que quiere adentrarse en territorio de personajes, vivencias y fiestas, comienza recordando a uno de los hijos más ilustres de esta tierra, José de Viera y Clavijo, cuyo legado perdura como un faro de conocimiento y sabiduría. Este insigne historiador y naturalista, nacido en 1731, encontró en los paisajes de aquellos Realejos la musa que inspiraría su obra monumental, proyectando ese legado de infancia y juventud en las tierras del Valle de La Orotava, La Laguna y otros lugares en los que el polifacético ilustrado mostró su labor. Ahí queda su monumental obra, compuesta y reeditada, afortunadamente, por diversos autores como el recientemente desaparecido Nicolás González Lemus y el historiador, hijo de este pueblo, Javier Lima Estévez.
Viera, uno de los cinco grandes científicos de la historia de Canarias, a los que el destacado prosista orotavense Juan del Castillo, en sus propias palabras, colocó en su tomo, ‘Retablo tinerfeño’, junto a Agustín de Bethencourt, Blas Cabrera, Juan Negrín y Antonio González, “de cara picuda –describe del Castillo–, con la sonrisa de su admirado Voltaire, mirada algo cínica, fue un petimetre escéptico. El historiador eclipsó su vertiente de científico. Aprovechó los viajes al extranjero para recibir cursos de física, química y otros. Obra magna es su Historia Natural de las Islas Canarias, escrita en Las Palmas de Gran Canaria, en 1799, en estilo ameno y superior al del botánico José Cavanilles, del que fue compañero de viaje. Contiene curiosas noticias sobre la geología, mineralogía y flora de las islas”. Viera nos mostraría lo siguiente de este antaño lugar separado en Realejo Alto y Realejo Bajo, hoy municipio, en el contexto del siglo XVIII:
“Dista un corto paseo del otro. Es lugar también de buen temple, excelentes aguas, huertas, viñas, frutales y arboledas. Tiene muchas casas arruadas en calles. Su iglesia de tres naves es de las primeras parroquias de Tenerife. Está dedicada a Santiago y se erigió en el Sitio donde los conquistadores tenían su real. De aquí el nombre que tiene el pueblo. Sírvenla dos curas beneficiados provisión del rey y algunos sacerdotes.
Hay un convento de franciscanos recoletos como de veinte frailes y cinco ermitas. El vecindario es de 2.441 personas, de ellas algunas en los pagos de San Agustín, Cruz Santa, Rosas, El Mocán, etc. Ambos Realejos están dentro del referido Valle de Taoro”.
Con su pluma erudita y su mirada perspicaz, Viera y Clavijo nos legó un incalculable legado, desentrañando los misterios de la naturaleza y las historias que yacen entretejidas en las piedras de nuestra tierra.
El maestro y doctor en Ciencias de la Información, exalcalde de este pueblo, Jesús Manuel Hernández García, hizo su particular homenaje a Viera, cantándole en sus inigualables décimas:
“Al mismo tiempo comienza
a redactar su obra cumbre,
aquella que le dio lumbre,
la más profunda y extensa.
En el tratado condensa
los hitos que nos marcaron
y que otros ya trataron
de forma más literaria,
pero un tanto imaginaria
en pasajes que narraron.
Con su historia de Canarias
Viera quiso deshacer
errores que al parecer
contenían obras varias.
Acciones imaginarias,
defectos, anacronismos,
se creían catecismos,
hasta que nuestro ilustrado
dejó el particular zanjado
con otros protagonismos”.
Pero no podemos hablar de Los Realejos sin mencionar a otro de sus hijos más destacados, el incomparable Antonio González González, cuyo nombre resuena en cada rincón del municipio. Nacido en 1917, en la calle El Sol –una de las protagonistas de la gran exhibición pirotécnica que tiene lugar cada año con motivo de la celebración de las Cruces y Fuegos de Mayo–, este hombre de ciencia y espíritu inquieto dedicó su vida a enriquecer el conocimiento y la educación de nuestra tierra.
González González nos legó una labor imperecedera, aportando importantes descubrimientos en el campo de la Química Biorgánica y abriendo nuevas líneas de investigación para otros científicos. Obtuvo, entre otros reconocimientos, el Premio Príncipe de Asturias de Investigación Científica y Técnica en 1986.
En el corazón de nuestro querido pueblo, encontramos también figuras que han dejado una huella imborrable en la historia y en el alma. Entre ellas, destaca la luminosa presencia del padre José Siverio Pérez, cuya dedicación y entrega sacerdotal sería un faro de esperanza y consuelo para nuestra comunidad, quedando como testimonio de esa vocación su labor al frente de la junta para la reconstrucción de la Parroquia Matriz de Nuestra Señora de la Concepción. Su compromiso por el sacerdocio y amor por las letras se trasladaría a una trayectoria profesional entre la radio y la prensa escrita, materializando un testimonio único de crónicas durante el Concilio Vaticano II que aún, pese a los esfuerzos realizados por el historiador Javier Lima, permanece desconocido para el gran público.
Pero no solo en los altares encontramos inspiración, también en la pluma de nuestros poetas, como el inigualable Gonzalo Siverio, cuyas palabras han tejido el alma misma de Los Realejos. Con su poesía, lograría captar la esencia de nuestra tierra, retratando con maestría la belleza de nuestros paisajes y la profundidad de nuestras emociones. Cada verso es un tributo a nuestra identidad, un canto a la belleza que nos rodea y un recordatorio de la importancia de preservar nuestras raíces.
Y cómo olvidar a Antonio Reyes, otro de nuestros ilustres poetas, cuya pluma ha sido testigo de los más profundos sentimientos que habitan en el corazón humano. Sus versos nos invitan a reflexionar sobre la vida, el amor, la naturaleza y la trascendencia, recordándonos que la poesía es el lenguaje del alma y que a través de ella podemos explorar los rincones más íntimos de nuestra existencia. En estos días de algarabía y bullicio, de bailes y aires típicos, queda también tiempo o margen para la reflexión y el silencio. Es entonces cuando brotan, casi en desespero amoroso, los versos de Reyes:
“En silencio me quejo y suspiro
pero a nadie le digo mi mal
y a solas mis penas reprimo
y me canso de tanto llorar.
Si te vas a gozar de otra dueña
goza, goza que seas feliz
anda y goza pero nunca olvides
al que te ama y muere por ti.
Tus promesas, ingrata, violaste
comprendías que loco te amaba
y hoy, en premio de tantas finezas,
me condenas a un cruel padecer.
Anda ingrata, pérfida, inconstante
que amor tierno no sabes pagar;
dime pues si es delito el amarte
para entonces poderte olvidar”.
Pero no son solo estos nombres los que llenan de orgullo a nuestra comunidad, sino también tantos otros personajes conocidos y anónimos que día a día contribuyen al enriquecimiento del pueblo con su trabajo, su dedicación, su talento y su generosidad. Desde los artesanos que mantienen viva la tradición alfarera, hasta los agricultores que cuidan de nuestras tierras con esmero y dedicación, cada uno aporta su granito de arena para hacer de Los Realejos un lugar único y especial.
Lo reflejaron Diego García Cabrera y Antonio González Santamaría, letra y música respectivamente, en aquel Realejos norteño, editado en 1977 por Los Huaracheros (inolvidables) para conmemorar su trigésimoquinto aniversario, años después versionado por el grupo realejero Tigaray, bajo la dirección y arreglos del entonces director Luis Manuel García, estrenado en 1987 hasta convertirse en uno de los emblemas del espacio televisivo Tenderete.
“¡Ay, mi Realejos norteño!
que el Teide gigante guarda,
un paraíso de ensueño
a la sombra de Tigaiga.
Tienes la savia del guanche,
la savia noble y bravía
y tienes como bandera
el corazón de folías.
¡Viva mi tierra canaria!,
tú, linda realejera,
tu drago que pinta el cielo
de color de primavera.
¡Viva mi tierra! si un día
quién estuviera lejos,
tu nombre será mi guía
¡que vivan Los Realejos!”.
Y es que no solo de historia vive Los Realejos, sino también de la magia de sus fiestas, que cada año nos unen en celebración y alegría y que nos traen ante un acto como el que se desarrolla en la tarde/noche de hoy. ¡Oh, las fiestas de mayo, tan entrañables y queridas por todos! Un mes que se inicia desde finales de abril, se proyecta a lo largo del presente mayo y alcanza las jornadas iniciales de junio.
De ellas y de esa proyección saben mucho también en la parranda El Chirato, nacida con la fuerza con que esta planta expande sus flores blancas en el camino y se aferra como los amores secos a la tradición, a la música que trae esas influencias que sustentan los aires típicos de nuestra tierra. Desde 2009, año de su agrupación formal, ha ido desgranando esos amores secos, sus diferentes estilos musicales, en programas televisivos y en actuaciones muy aplaudidas en diferentes escenarios peninsulares.
El Chirato no solamente ejecuta música, sino que también intenta contribuir al nacimiento de nuevos talentos por medio de su Escuela de Cuerda Pulsada en su propio local en la Cruz Santa, en la que se imparten clases de laúd, bandurria, guitarra clásica y timple. Con esta escuela gestionada íntegramente por componentes de la agrupación, tratan de crear vocaciones musicales entre los jóvenes y los no tan jóvenes, desarrollando un vivero que nutra tanto al propio colectivo como al resto de formaciones de la isla.
Unos días, unas semanas, en las que el pueblo se transforma en un escenario de color y algarabía, donde la devoción y la diversión se entrelazan en una danza mágica que nos transporta a tiempos pasados desde el presente y con la atenta y necesaria mirada, siempre, hacia el futuro. Desde el baile de magos a la tradicional Romería, con sus múltiples actos y manifestaciones en espacios como la plaza Viera y Clavijo o la histórica institución en la que nos hallamos: Círculo Viera y Clavijo. Cada celebración es un tributo al espíritu festivo y alegre de nuestra gente.
Por ahí estaría, imaginando diálogos y escenarios, el realejero Antonio Abdo, nacido en plena contienda civil, actor, productor, guionista y poeta, director que fuera de la Escuela Municipal de Teatro de Santa Cruz de La Palma. Abdo es una figura clave de la historia del teatro amateur en Canarias.
Seguro que le encargaría algún papel o una composición musical, alguna producción, vaya, a Manuel Hernández Ferrer, a quien recordamos siempre como Manolín el Volquete quien, desde Venezuela, a diario, evoca y cultiva el costumbrismo de su tierra natal, los barrios y las calles de sus andanzas infantojuveniles. Está pendiente, por cierto, un más que merecido tributo. Hay que hacerlo.
El espíritu festivo y alegre del que hablamos hace un instante lo plasmaron espléndidamente en su libro Fiestas de Mayo de Los Realejos, los coautores José Manuel y Jonás Hernández Hernández, que definen las celebraciones como “la argamasa de los pueblos. Constituyen el cemento que nos mantiene unidos, alegres y vivos. Nos hacen vivir momentos felices e inolvidables y nos acercan a nuestros vecinos y amigos”. Solo hay que contemplar o participar en la procesión de los marinos, así llamada, del Puerto de la Cruz que transportan su fe y su entusiasmo, contagiando el aire fervoroso y bullanguero, como si aquel trayecto fuera el último.
Un estudioso de este trance religioso, catedrático de instituto, el profesor José Javier Hernández García, hace una atinada descripción que, con la licencia de ustedes, insertamos aquí:
“Llegada ya la fecha principal, los portuenses, que llaman cariñosamente, a esta imagen como “la Virgen de secano”, entonan ante la patrona poco antes de organizarse la procesión la Salve Marinera, al mismo tiempo que contemplan, devotos, el rostro espléndido de la escultura dirigiendo repetidamente hacia ella sus brazos como muestra del cariño y respeto que les merece.
Existe, aún hoy, la creencia de que los realejeros colocan bajo las andas piezas de metal que aumentan el peso, para que el movimiento con la imagen no sea tan brusco. Haya cierto o no en el pasado, es éste el motivo por el cual uno de los del Puerto examina, de forma discreta, el interior de la mesa del trono, bajo las cuelgas de damasco. Junto a los cargadores, sus familiares más cercanos acompañan a la imagen por las calles de San Agustín.
En torno a todos ellos surge una sucesión de muestras de afecto, gritos y vivas de exaltación a la Virgen. Dentro de esa atmósfera, mezcla de devoción y alegría, no ha de faltar la petición piadosa dicha con peculiar estilo, en parte serio y en parte humorístico, que es característico en el hombre isleño”.
Es evidente que en la Octava, los marinos –mejor sería decir marineros portuenses pues son muy pocos los que quedan– quieren, de alguna manera, sentir y hacer sentir a los demás que la imagen realejera del Carmen, al menos ese día, es más suya. Los habitantes de Los Realejos han aceptado siempre, con mayor o menor grado de aprobación, estas muestras de fervor que son el ofrecimiento de los hijos del Puerto a su Madre. Al fin y al cabo, tras los fuegos, ella habrá de volver, inequívocamente, a su casa en el Santuario que lleva su nombre en el núcleo realejero de San Agustín”.
El mantenedor llega hasta aquí evocando aquel paso efímero por el colegio San Agustín, pero provechoso en todos los sentidos, curso Preuniversitario 1969-70, dividido en dos modalidades, ciencias y letras. Estrujemos la memoria para evocar a Jaime, el conductor de aquella camioneta que nos recogía en la plaza del Charco y en la que recorríamos los paisajes del valle; a Celo (de Celedonio), bondad personificada en la figura de bedel; las clases de griego y latín, impartidas por doña Orencia Afonso, en las que llegamos a traducir La Odisea y la Ilíada no sin dejar de memorizar algunos pasajes que se resisten a abandonar las neuronas; las de inglés, de Félix Calzadilla; y las hermanas Pérez, con sus respectivos caracteres, esmerándose para que saliéramos de allí con la solvencia indispensable si íbamos a seguir las humanidades y las letras.
Y aquí hacemos un alto porque es a ella a quien queremos dedicar este modesto trabajo, este canto a la idiosincrasia realejera. Compañera de pupitre, de numerosas traducciones y hasta de sana rivalidad para ver quién era más diestro. Siempre la recordaremos de forma gratificante: Milagros Palmero Ramírez, tesonera, constante, diligente y, pasado el tiempo, profesora de varias generaciones de realejeros de ambos sexos, como también servidora pública. Inteligente, humilde, siempre amable, atenta y servicial, hizo gala de su talante ponderado. Ella es una referencia personal de aquel curso inolvidable en el que forjamos la orientación y las inquietudes juveniles que maduraban poco a poco.
Milagros, por cierto, formó parte de aquella iniciativa, un calendario titulado Realejeros con nombre de mujer, fechada y editada hace tan solo dos años, junto a la emprendedora Bárbara Illada Estévez; la curandera María Dolores Méndez Felipe, Doña Lola; la poetisa Carmen Cecilia Fuentes González Carmely; la entrenadora de fútbol y ex política Carmen Luisa Salazar Rodríguez; la heredera del Molino Mesa, Miguelina Mesa Alonso; la jugadora internacional de balonmano, Elizabet Chávez Hernández; la matemática Jezabel Curbelo Hernández; la emprendedora Adelina Pérez González; la investigadora y docente, Ana Elia García Pérez; las empresarias y reposteras María Mercedes Rodríguez Fuentes y Paula Hernández Pérez, y la atleta internacional Teresa Linares Hernández. Sirva su ejemplo para distinguir a la mujer realejera de nuestros días.
Unos años después, dedicado al periodismo deportivo, nos tocó relatar en directo en Radio Popular un hito futbolístico: en el último minuto de un encuentro decisivo que se jugaba en Los Príncipes, un extremo apellidado Estellé anotaba con un disparo raso y seco el gol que catapultaba al Realejos a la categoría superior. La narración fue seguida en toda la isla y hasta desde algunos puntos de la península conectaron y compartieron la alegría colectiva –hasta la euforia– de aquel gol y de aquel ascenso.
Esta fiesta –retomamos el hilo, ahora que nos acercamos a la conclusión– puede presumir de una creación suya, el Festival de las Islas –alguno de los cuales tuvimos el honor de presentar– que este año, el próximo sábado por la noche, alcanza su cuadragésimo novena edición. Con un elenco de lujo. Agrupación folklórica Hautacuperche (La Gomera), Guayadeque (Gran Canaria), Maxorata (Fuerteventura), Malpaís de La Corona (Lanzarote), parranda Los Toledo (La Graciosa) -sí, somos ocho sobre el mismo mar- agrupaciones Echentive (La Palma), Sabinosa (El Hierro) y Atabara (Tenerife). Suerte y éxito.
Como lo será el de la romería del próximo domingo, en honor a San Isidro Labrador y Santa María de la Cabeza que enriquecerá, como escribió el estudioso y fotógrafo Isidro Felipe Acosta, autor de una de las mejores obras dedicada a ‘Las fiestas tradicionales en el norte de Tenerife’, “este patrimonio cultural inmaterial, que se transmite de generación en generación, y es recreado constantemente por las comunidades y grupos en función de su entorno, su interacción con la naturaleza y su historia, infundiéndoles un sentimiento de identidad y continuidad y contribuyendo así a promover el respeto de la diversidad cultural y la creatividad humana”.
En este Mayo florido, que así tituló el periodista y escritor tinerfeño Luis Álvarez Cruz, quien fuera presidente del Ateneo de La Laguna, amante de las lindezas del pueblo realejero, nos invita en sus versos:
“Mayo, viejo galán de la florida capa,
¡dame un clavel para prenderlo en mi solapa!
quiero irme de juerga, como un hombre feliz,
del brazo de Juan Ruiz.
Sabía el arcipreste saborear el vino
que le escanciaban en los mesones del camino.
Yo te conozco, mayo: tal vez una quimera
o un fingimiento de la primavera.
Pero eso nada importa, viejo galán pulido,
lo que importa es vivir al borde del olvido
porque el olvido es bueno y el vivir cada día
nos libra, día a día, de la melancolía.
Mayo, viejo galán de la florida capa,
¡prende una de tus frescas rosas en mi solapa!”.
Por eso, en este día tan especial, levantemos nuestras copas y brindemos por Los Realejos, por su historia rica y apasionante, por sus hijos ilustres que han iluminado nuestro camino (y lo siguen haciendo), así como por sus fiestas, que llenan nuestros corazones de alegría y nos recuerdan la belleza de vivir en esta tierra bendita, Los Realejos, municipio de leyenda, cultura y tradición que el gran poeta gomero Pedro García Cabrera glosó exaltando sus valores -hasta el ocho de los caminos- con los que llegamos al final de esta evocación que esperamos haya sido de su agrado, adornado, además, con el respeto con que se nos ha seguido.
“No sé si es uno o son dos,
no sé si es pueblo o castillo,
pero todo guarda un orden
y encuentran siempre su sitio
muros, barrancos, estatuas
y el ocho de los caminos
que desde del mar a la cumbre
se van ciñendo a sí mismos.
Y sé también que mi padre
dio aquí su primer vagido
y que fueron aquí calvario
las cruces de mis amigos.
Cifrado casi en voz baja
en sus adentros metido,
la espalda puede volverte
mas su silencio está vivo.
Es un silencio artesano
que no se asoma al postigo
elaborando sin tregua
sus panales fugitivos
manos de pólvora el hombre,
dedos de mujer los hilos.
Las bordadoras trabajan
–quito y pongo, pongo y quito–
en bastidores de fuentes
los remansos de los ríos,
quemándose las pestañas
partiéndose el alma en vidrios
y agujereando el aire
con puntadas y suspiros.
Y son los calados sienes
bordadas por sus latidos,
diagramas de soledades
que los ojos han escrito
el alba que nunca llega
y los sueños que se han ido.
Bordadme un mantel con panes
que tenga imán de trigo,
aguas que maten la sed,
lumbres con cara de niño.
Bordadme la libertad
en alto como los nidos.
Y vosotros, fogueteros,
en el fiel del equilibrio
entre la vida y la muerte,
que hacéis de la noche mirlos
con trinos de fuego, siempre
a los trapecios subidos
de las ascuas, rubricando
con aves del paraíso
las orgías y el suspense
de los cielos encendidos.
Vosotros que traducís
la oscuridad de los ritmos
con voladores de lágrimas
y cuadraturas de círculos,
desgranadme las espigas
de los cohetes de silbo,
el rostro de las cascadas,
las ruedas de mi albedrío.
Bordan ellas la ternura,
bordan ellos el peligro.
Y hay un temblor en su sangre
de corazones en vilo.
Y ese temblor de tamasma
recuerda a Viera y Clavijo”.