
Juan Cruz | He conocido a grandes periodistas, en las islas y fuera de ellas. Muchos han sido mis maestros, y los son hasta hoy. Carmelo Rivero es uno de ellos. Uno nunca deja de aprender en este oficio. Carmelo es un maestro muy principal. Así lo siento.
Periodista, decía Eugenio Scalfari, maestro mayor de todos nosotros, es gente que le dice a la gente lo que le pasa a la gente. Esa ha sido mi divisa, la esencia de mi aprendizaje, la obligación que me manda el Libro de Estilo. Pero uno no es periodista sólo porque se fije en ese breviario. Periodista es el que sabe contar porque ya aprendió, gracias a los otros, la esencia de lo que es la verdad y ya puede contar. Decía Antonio Machado: «¿Tu verdad? No, la verdad, y ver conmigo a buscarla, la tuya guárdala».
Carmelo Rivero es un maestro, es mi maestro. Cuando lo conocí él ya era periodista. Llegaba antes a las preguntas, a las conclusiones, y esperaba a que todo fuera verdad antes de decir lo que sabía. Su obra no tiene una tachadura, su juicio procura la justicia, su esencia es la de un hombre que pregunta y pregunta hasta que ya sabe tanto como la realidad.
Como su hermano Martín, que ya no está con nosotros pero que nunca nos ha dejado, es un galardonado justo. Alguien que jamás tuvo envidia ni otra pasión que la de saber para contar. Jamás he visto a Carmelo, e igual me pasaba con Martín, decir a bote pronto nada que él no supiera de veras, ni escribiendo columnas ni atreviéndose con la información.
Los conocí a los dos cuando a Martín le dieron un premio nacional. Lo entrevisté para El Día y luego fui, con el paso de los años, un amigo agradecido, un hermano que llegaban a mi casa cuando nadie les había avisado de que el dolor se había adueñado de la vida de nuestra familia.
En la memoria de Carmelo Rivero reside la esencia impar de un periodista que sabe más que lo que dice, porque mientras lo dice ya está buscando una razón para arbitrar la duda. Y hasta que no es lo que sabe una certeza no esperemos de Carmelo una noticia, un comentario o un reportaje: él lo estará madurando hasta que sea verdad lo que salga de su papel o de su boca.
Una frase famosa de un anónimo que lo dejó escrito en una pared de Quito dice así: «Cuando teníamos las respuestas nos cambiaron las preguntas». Carmelo, el premiado con este galardón de la Asociación de la Prensa que preside Salvador García Llanos, es el que busca en las paredes de la vida lo que el periodismo enseña. Él sabe hacer las preguntas, no se conforma con las respuestas. Es un periodista de veras. Su premio es un galardón que vale más que mil palabras, porque él, desde que es un muchacho en el oficio, sabe que una palabra mal utilizada es un bofetón en la cara de la historia. Celebro el premio, y celebro a quienes se lo dan. Sé que en alma de este premio está también el alma de Martín, el alter ego de nuestro ilustre premiado.