
Salvador García Llanos | Sean bienvenidos al acto de presentación de la decimocuarta edición del Anuario de Canarias, dedicado en esta ocasión al año 2024. Junto a la entrega del Premio Patricio Estévanez —de reconocimiento a una trayectoria profesional— se trata esta de una de las citas más esperadas —diría también que feliz— en el calendario de actividades de la Asociación de Periodistas de Santa Cuz de Tenerife.
Nos van a permitir que, acogiendo este acto la sede de la Presidencia del Gobierno de Canarias, nos desviemos por un momento del protagonista que nos reúne este mediodía, para felicitarnos —y felicitar, al tiempo, a quienes así lo han decidido— por la nominación de Alfonso García-Ramos como protagonista del Día de las Letras Canarias de 2026.
Periodista en el sentido más extenso del término, columnista visionario que denunció y advirtió de problemas y necesidades que, medio siglo después, siguen vigentes o latentes o continúan irresueltos, escritor brillante de la generación de la posguerra, consejero del Cabildo de Tenerife en la primera corporación de la democracia… Alfonso —aquel vozarrón suyo en la redacción de Suárez Guerra— dejó una huella imborrable entre quienes pudimos beber de su magisterio en el oficio, de los artículos que legó bajo el epígrafe Pico de águilas o de alguna de sus novelas, de las que Guad ha pasado por derecho propio al canon de las de obligada lectura para aproximarnos a la vida isleña de mediados del siglo pasado.
La postulación de Alfonso —liderada por la Fundación Tamaimos y acogida para sí por el Gobierno de Canarias— será, no me cabe duda, una oportunidad única para recordar su figura y su legado, enormes ambas.
Y fundamentales, también, para entender la realidad del tiempo que le tocó vivir y la dimensión de su obra, ya fuera en los veinte años que dedicó al periódico La Tarde, en su producción como literato o como defensor decidido del Aula de Cultura del Cabildo de Tenerife.
Dejada constancia de esta noticia feliz, volvamos a lo que nos reúne aquí y ahora.
Vivimos en una era en la que el acceso a la información es prácticamente ilimitado. Y, sin embargo, paradójicamente, nunca antes ha sido tan necesario reflexionar sobre el papel de los medios de comunicación en nuestra sociedad. De forma particular, sobre la importancia de que existan espacios capaces de reflejar la pluralidad de ideas, combatir la desinformación y vigilar la actuación de los poderes públicos.
La pluralidad, la búsqueda de la verdad, la transparencia institucional y la atención a la voz de la sociedad serían, de esta forma, los pilares sobre los que se sustentan una prensa libre de ataduras indeseables, responsable en su praxis.
España es un país caracterizado por su riqueza cultural, lingüística y política. Sus comunidades autónomas aportan matices y perspectivas singulares al conjunto nacional, y Canarias —aunque al sur de los sures, como ya hemos recordado alguna vez— no es una excepción. En este mosaico de realidades, resulta esencial que existan medios de comunicación que no solo informen a secas, sino que lo hagan mostrando la pluralidad de voces y enfoques de nuestra sociedad.
Aunque pueda resultar ocioso recordarlo a estas alturas, la pluralidad informativa favorece el pensamiento crítico, la tolerancia y el diálogo social, fundamentales para la convivencia pacífica y el desarrollo democrático.
En esa línea necesaria de un rigor profesional que ponga por delante la exposición de los hechos y el análisis crítico frente a las opiniones a humo de pajas —tan tentadoras para el periodista cuando entiende la práctica de este oficio como la toma de esta o aquella bandera—, el Anuario de Canarias —nuestro Anuario—, ofrece un valioso testimonio de cómo los principios deontológicos del periodismo todavía hoy le pueden a los juicios a vuela pluma, de parte, que tanto daño nos hacen.
El Anuario ha reunido, en cada una de sus catorce ediciones, contribuciones de periodistas, especialistas, representantes institucionales, agentes sociales y protagonistas de la vida política, económica, social, cultural y deportiva del archipiélago.
A través de artículos de análisis, resúmenes de titulares y tribunas de opinión —acompañados de los datos compilados a los que otorgamos desde la lejana edición dedicada al año 2004—, el Anuario ha ofrecido una visión, lo más completa posible, de la realidad de Canarias, reflejando desde los debates políticos más candentes hasta las inquietudes cotidianas de la ciudadanía.
Es, porque siempre lo quisimos así, un espacio de confluencia de perspectivas diversas: las de las cuatro administraciones (estatal, regional, insular y local) que operan en nuestro fragmentado territorio, como la de sus movimientos sociales o sus operadores económicos.
Periodistas, políticos, profesores universitarios, técnicos y especialistas en las materias más diversas…: gracias a sus contribuciones creo que hemos ayudado a que la pluralidad de ideas y de puntos de vista se abran paso, por desgracia cada vez más entre el eco del ruido que las trincheras mediáticas y las redes sociales avivan a diario.
Y hemos tratado, además, que el Anuario de Canarias opere como una alternativa frente a la agenda mediática nacional que deja en segundo plano los problemas y los desafíos que afrontan nuestras islas. El Anuario de Canarias, así, contribuye a visibilizar estos temas, proporcionando espacio a causas y debates que, de otro modo, quedarían opacados.
La representación equitativa y el enfoque territorial permiten que las diferentes islas y comarcas sean escuchas a través de nuestra publicación, consiguiendo que asuntos que afectan de manera particular a nuestro archipiélago tengan el reconocimiento que merecen.
Una última reflexión, obligadísima.
La desinformación es uno de los desafíos más graves que enfrentan las democracias occidentales. La propagación de bulos, noticias falsas y discursos manipuladores a través de redes sociales y canales no verificados amenaza la confianza pública, polariza a la sociedad y dificulta la toma de decisiones racionales. Hoy mismo, escribimos sobre esto a propósito de la iniciativa que promueve la Asociación de Medios de Información (AMI), titulada Tu poder es estar informado. Protege tu derecho a la información. Protege el periodismo.
En este escenario adverso, los medios de comunicación tienen la obligación ética y profesional de verificar la información, contrastar fuentes y promover la transparencia. No por mucho recordarlo pierde vigencia esta llamada a las buenas prácticas, único patrón que resguarda y preserva la necesidad de nuestro oficio.
El Anuario de Canarias se distingue por su compromiso con el rigor informativo. Así lo hemos entendido en la Asociación de Periodistas de Santa Cruz de Tenerife en cada una de estas catorce ediciones, elaboradas a partir de un proceso exhaustivo de recopilación de datos y documentación, recurriendo a fuentes fiables, estadísticas oficiales y expertos en las distintas materias tratadas.
Este enfoque convierte a las 360 páginas de este Anuario en una fuente de referencia tanto para profesionales del periodismo como para responsables políticos, docentes e investigadores, así como para cualquier persona interesada en conocer la realidad canaria desde una perspectiva objetiva y bien fundamentada.
Larga vida y que así sea. Muchas gracias, viceconsejero y demás componentes del gabinete, por acogernos y prestarnos su atención.