Mamen Horno (Letras Libres) | Tengo que reconocer que, en la conversación coloquial, soy una gran defensora del uso del gerundio. En parte, porque me ha parecido siempre una forma verbal simpática y directa. Las órdenes, por ejemplo, suenan mucho más sutiles, menos dolorosas. Un ¡Andando!, o, incluso un ¡Venga, subiendo a lavarse los dientes y en cinco minutos todos en la cama! reconozco que lo he recibido siempre como una propuesta cariñosa, mucho menos antipática que su alternativa imperativa. De alguna manera, el gerundio me confirma que estamos en un contexto informal, expresivo, de confianza. No quiero decir con esto que el gerundio siempre sea de buen tono, pero por alguna razón me parece menos agresivo que otras construcciones. Otro contexto en el que me gusta mucho el gerundio es el de los pies de foto o los títulos de obras de arte. Un cuadro con el título Mujer peinándose, una obra de teatro llamada Esperando a Godot, una escultura titulada Montserrat gritando o una fotografía con el pie de foto Miliciano muriendo me provoca siempre la sensación de inmediatez, de que yo participo de algún modo en ese acto, aunque solo sea porque está ocurriendo ante mis ojos.
‘Simplificando, que es gerundio’, por Mamen Horno
«Correctores, traductores, expertos en comunicación digital, profesores de escritura creativa, gramáticos prescriptivos… todos advierten contra el uso abusivo del gerundio».
Compartir este contenido