Marta Martín Llaguno (The Objective) | Gran parte de la información sobre la corrupción que hoy salpica al antiguo aparato del sanchismo (y que nos está dejando atónitos) no ha salido de una rueda de prensa, ni de una comisión parlamentaria, ni de una comparecencia voluntaria, ni de una oposición despierta, ni, por supuesto, de un súbito ataque de transparencia gubernamental. Ha salido de periodistas.
De Álvaro Nieto, Ketty Garat, Teresa Gómez y otros reporteros que, con sus exclusivas, han situado la podredumbre de la política en el centro del debate público.
Y lo han hecho contra el sistema, contra su coro de aplaudidores y contra no pocos medios que los acosaron, ridiculizaron, desacreditaron o ningunearon antes de verse obligados a rectificar. Soportaron presiones, muchas, pero siguieron ahí.