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Santiago González, retrato del periodista sensato

"Basta con que no se mire tanto a la audiencia como a calidad que merece la audiencia", escribe Juan Cruz Ruiz, con motivo del nombramiento del nuevo director de Informativos de Antena 3.
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Santiago González

JUAN CRUZ RUIZ

Lo que puede decirse, de entrada, de Santiago González, el tinerfeño de la Cruz Santa que acaba de acceder al pilar mayor de Atresmedia, los informativos de Antena 3, es que todos los sitios en los que estuvo (la Autonómica canaria, Radio Nacional, Televisión Española…) quedaron mucho mejor que como él los encontró.

Ha sazonado su espíritu juvenil, entusiasta, con un sentido común que le ha impedido caer en la tentación de la arbitrariedad, el autoritarismo o la falta de reflexión a la hora de acometer cambios o de aceptar o rechazar ideas.

Al contrario, esta sensatez de Santiago González, al que todo el mundo llama Santi, le ha llevado a llegar de los sitios y a irse de ellos sin dar la impresión de ser un jinete que va a arrasarlo todo o de que abandona como Atila el suelo sobre el que ha pisado. Por eso por donde ha ido ha hecho un trabajo que se recuerda por su imaginación y por su orden profesional; en Radio Nacional, después de su etapa en la Autonómica, creó una radio participativa, llena de ritmo y de audacia, puso a grandes profesionales (de la propia radio, o contratados) al frente de horarios decisivos (la mañana, la tarde, la noche), y en Televisión Española fue capaz de pasar del guirigay al servicio público.

Todo eso lo hizo sin caer, nunca, en la facilidad con la que los medios se han entregado (nos hemos entregado) a la búsqueda afanosa de audiencias cueste lo que cueste. En ese sentido, es muy importante observar lo que dice, desde temprano, acerca de las amenazas de la no siempre beneficiosa red de redes, Internet, que nos ha puesto a trabajar a los periodistas a su servicio sin que nosotros recibamos a cambio otra cosa que nada.

Un capítulo aparte merece su paso por la Autonómica, que fue la madre de todos sus éxitos profesionales. Ahora que he tenido oportunidad de estar en los dos observatorios del Instituto Astrofísico de Canarias, el del Roque de los Muchachos en La Palma, y el que el Instituto tiene cerca del Teide, pude hablar con jóvenes periodistas isleños, en La Palma y en La Laguna, sobre la Autonómica, creada para integrar a las islas y ahora por razones económicas, sobre todo, entregada a la supervivencia difícil de un medio público que en su día (en los días de Santi, precisamente) cumplió ese papel de integrador de la cultura y la información en las islas.

Lo que dije allí, a propósito de lo que aprendí en el Roque y en el Teide, es que sería bueno que una emisora como la nuestra estuviera creando a partir de instituciones científicas tan poderosas, pues no encuentro elemento más televisivo, y más educativo para divulgar la ciencia hoy, que el cielo; mirar al cielo, explicar el cielo, ayuda a explicar la tierra, pues es decisivo lo que pasa ahí arriba para lo que nos sucede a nosotros cada día aquí abajo.

Diciendo eso, y antes de que yo mismo supiera que Santiago González era ahora noticia porque iba a mandar en las noticias de una gran cadena nacional, me acordé de su etapa, de su capacidad para entender la televisión como un servicio público, de escuchar los proyectos o las ideas que se le iban a contar como algo que tenía que ver también con su gestión de ese servicio público: tener en cuenta que las ideas que le venían no eran agresiones o tonterías sino posibilidades para mejorar su trabajo.

Claro, Santiago el cruzantero ya no está ahí. Pero seguro que si se observa el espíritu sensato que dejó un día prosperará. Basta con que no se mire tanto a la audiencia como a la calidad que merece la audiencia. Esa sensatez de Santi debe venirle, precisamente, de haber seguido siendo siempre Santi, el de la Cruz Santa.

FUENTE: EL DÍA

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