
IGNACIO ESCOLAR / EL DIARIO
«Perro no come perro». La frase es un viejo adagio de la profesión periodística, repetida una y mil veces en decenas de redacciones. Perro no come perro, y por eso en la prensa rara vez se habla de la prensa: de sus problemas, de sus miserias o de sus abusos. Es una suerte de corporativismo: una ley del silencio por la que los periodistas y –más aún– las empresas de medios se tapan mutuamente sus vergüenzas. Hoy por ti, mañana por mí. Solo se comía perro cuando los dueños de la perrera se peleaban en cualquier guerra de medios por culpa de los derechos deportivos, de una licencia de televisión o de otros muy rentables huesos.
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