De las tres crisis -en dos de sus sentidos, transformación profunda y situación complicada- que atraviesa el periodismo, a una de ellas se le ha prestado menor atención, quizás porque resulte consecuencia evitable de las dos anteriores pero producto del pánico generalizado al hundimiento. Los cambios tecnológicos y la aparición de nuevos soportes, unidos a la recesión, propiciaron la irrupción de una nueva fórmula de pseudoinformación, que coincide además en el tiempo con esa tercera crisis -de índole social- desestimada por engorrosa: el aumento de la demanda participativa, la tendencia a la horizontalidad y el desprestigio del elitismo.
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