Pasó siempre y pasa ahora: alguien detecta lo que quiere escuchar la gente y lo dice encantado. Y luego pasa por caja a recoger o bien el dinero (por su conferencia, por su libro, por su artículo) igualmente encantado de haber dicho lo que otros quieren escuchar o bien de haber escrito lo que el público está encantado de escuchar.
Ha pasado siempre. En la antigüedad, es decir, hace nada, a estos charlistas de lo obvio se les llamaba demagogos, encantadores de serpientes o charlatanes. Hogaño son filósofos o escritores de masas, conferenciantes muy reputados, que van por las plazas o por los centros culturales como si fueran héroes de la liviandad aceptada como verdad revelada.
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