
LUISA AMPARO OJEDA
Esta semana hemos recibido como un mazazo el anuncio del cierre, el próximo 21 de abril, del periódico La Opinión de Tenerife, un medio informativo en el que han aprendido, crecido como profesionales y hasta consagrado muchos de los periodistas que hoy ejercen nuestro oficio en Canarias.
Es curioso que, no por menos esperado, ante un movimiento de este tipo (tras la compra por Prensa Ibérica de la cabecera del periódico El Día), todos hayamos mascado con amargura la noticia del cierre de un periódico que, sin duda, trajo a Tenerife nuevas formas de hacer periodismo, con criterios de profesionalidad, contraste de la noticia y seriedad, aspectos que son básicos en el desarrollo de este oficio y que hoy, con la presión que genera el mundo digital, cada vez se encuentran menos en el desarrollo del día a día del periodismo en Canarias y en el mundo.
Lamento profundamente la situación en la que quedan los compañeros y también la pérdida de esta cabecera que, el pasado septiembre, celebró 19 años de vida, mientras nos vienen a la mente otros periódicos que se perdieron en los anales de la historia. Principalmente, el más cercano en el tiempo (aunque ya han pasado once años desde su cierre), La Gaceta de Canarias, que, curiosamente, también desempeñó un papel fundamental en la historia del periodismo de Canarias durante 19 años.
La situación de los 70 trabajadores de La Gaceta fue, en principio, muy similar a la que han vivido en los últimos tiempos los profesionales del periódico El Día: meses de retraso en el cobro de salarios, incertidumbre y rabia, pero el desenlace para los trabajadores de uno y otro medio ha sido bien distinto. De momento, el colectivo más perjudicado en esta ocasión ha sido el de La Opinión, que ahora se enfrenta a un ERE por extinción de la actividad que afecta a toda la plantilla y que genera una gran incertidumbre en un mundo en el que todos, en esta profesión, estamos buscando nuestro nuevo lugar. Solo queda esperar que una empresa saneada como Prensa Ibérica garantice que se cumplan todos los derechos de los trabajadores.
En la memoria reciente quedan otras cabeceras históricas ya desaparecidas por motivos bien distintos, como la revista Sansofé que dejó de publicarse en mayo de 1972, por imposición del Estado, tras ser expedientada, multada y perseguida como consecuencia de sus ideas democráticas y por divulgar planteamientos contrarios al régimen dictatorial de Francisco Franco. Tuve el honor de formar parte de la segunda etapa de Sansofé, allá por los finales de los años 80 del siglo pasado, donde un grupo de jóvenes divulgamos, por un corto espacio de tiempo, Ideas, noticias y sueños en torno a un periodismo que ya no existe.
Igualmente desapareció, por motivos bien diferentes, El Eco De Canarias, el único periódico del régimen franquista en las islas que, tras su disolución, recolocó a muchos de sus profesionales en la Administración.
El cierre de La Opinión de Tenerife tiene mucho que ver con la situación en la que se encuentra hoy este sector que, sin duda, debe reinventarse. dejando a un lado sentimientos, añoranzas y siendo conscientes de que los periódicos pertenecen a empresas y las empresas de comunicación existen para obtener beneficios e influencias.
Llevamos años viendo cómo bajan las ventas de los periódicos impresos, mucho tiempo hablando del reto que supone la adaptación a una ‘era digital’, que significa una revolución para nuestra profesión y que, creo, los profesionales aún no hemos terminado de asimilar.
Muy pocos hemos sido conscientes de los cambios que se produjeron en nuestra profesión en 2007. Ese fue el año en el que llegó la auténtica revolución para el mundo de la información. Fue cuando empezaron a circular los smartphones. Ese aparato que todos llevamos muy cerca es el que nos ofrece las primeras noticias del día nada más levantarnos, que nos acompaña durante toda la jornada hasta por la noche mostrándonos minuto a minuto lo que ocurre hasta en el más recóndito lugar del mundo.
Desde ese año, debimos cambiar los hábitos de nuestra profesión, los horarios de las redacciones, las dinámicas de trabajo y volcar nuestro saber en las nuevas demandas de una sociedad que pide estar informada (bien informada) al minuto y que, lamentablemente, cada vez exige más cantidad y le importa menos la calidad, porque la oferta es tan amplia y está tan a mano, que no queda tiempo para grandes reflexiones o para leer extensos reportajes.
Han pasado doce años desde entonces y ya todos somos esclavos de los smartphones, pero los periodistas de periódicos siguen, como antaño, empezando a trabajar a las diez de la mañana. Las webs de nuestros periódicos están, pero algunas recogen las noticias de ayer y no las renuevan en todo el día. Muchos siguen guardando las mejores noticias para el papel sin darse cuenta de que la sociedad quiere saber ya lo que ocurre ahora y que cada vez son menos los que leen el papel. Unos pocos miles en vías de desaparición, frente a cientos de miles de usuarios únicos en las webs de los medios.
En el periódico de más ventas de España, el equipo de periodistas web ha pasado de ser una esquinita de la redacción a ocupar el centro de todas las secciones, y creo que así es como debemos avanzar, tomando conciencia de que nuestro mundo ha desaparecido y aprendiendo a adaptar nuestras costumbres, nuestra redacción y nuestra vida profesional a lo que ya está aquí y tiene visos de ir evolucionando muy rápidamente y sin descanso.