
ROSARIO G. GÓMEZ
El corporativismo es un mal anclado en actividades profesionales de toda laya. Desde la universidad hasta la medicina, pasando por la judicatura, abunda la defensa a ultranza de los intereses de la colectividad y la solidaridad interna. En determinadas carreras, la vía de acceso al mercado laboral requiere superar una oposición, estar colegiado o aprobar un examen MIR.
No es este el caso del periodismo, un oficio para cuyo desempeño no es siquiera imprescindible haber pasado por las facultades de Ciencias de la Información o de Comunicación Social, como tampoco es preciso que el ministro de Sanidad sea médico o el de Fomento ingeniero de Caminos, Canales y Puertos si no se quiere caer en una vulgar tecnocracia.
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