
EL PAÍS
El filósofo de la ciencia argentino Mario Bunge se preguntaba hace un cuarto de siglo si la información era un bien cultural o una mercancía.
En realidad, consideraba, es ambas cosas a la vez, pero puede ser una mercancía de mala calidad (información falsa o trivial) o de buena (información verdadera e importante) y también un auténtico bien cultural siempre y cuando haya competencia y libertad para producirla, adquirirla y utilizarla.
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