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‘El rostro, la voz de Calabuig’, por Salvador García Llanos

El presidente de la APT dedica unas palabras al célebre periodista, en el momento del adiós.
Pascual Calabuig junto al presidente de la UD Las Palmas, Miguel Ángel Ramírez. (UD LAS PALMAS)
Pascual Calabuig junto al presidente de la UD Las Palmas, Miguel Ángel Ramírez. (UD LAS PALMAS)

SALVADOR GARCÍA LLANOS

Tenía 95 años y seguía yendo al fútbol. Creció profesionalmente en el viejo Estadio Insular, al que vio cómo lo clausuraban, y fue habitual espectador del moderno Estadio de Gran Canaria, donde su Unión Deportiva del alma se debate entre frustraciones y proyectos.

Falleció el sábado, el mismo día de cómo empezar a afrontar la alarma nacional, Pascual Calabuig, quien tiene su sitio destacado en los registros del periodismo deportivo. Porque sobresalió en todo: escribía con agudeza y sorna, en el desaparecido Eco de Canarias, tras la pérdida de Antonio Ayala. Narraba con sobriedad en Radio Atlántico primero y Radio Nacional de España después. Y se emocionaba en el relato televisivo, contagiado por las vibraciones del Náutico cuando éste luchaba contra gigantes y cabezudos en la vieja y pequeña cazuela de la avenida de Anaga. Célebres también las primeras transmisiones de lucha canaria, en las que siempre inculcó los valores del deporte vernáculo.

Ahí, en Anaga, le conocimos. Luego le tratamos, hasta para sustituirle en la redacción de Tenerife de TVE durante dos veranos consecutivos, para resumir, entre otras cosas, en cuarenta segundos, la vela latina canaria, con las indicaciones que nos había legado. Años después nos reencontraríamos para otros menesteres no vinculados al deporte ni al periodismo activo. Tiempo para las remembranzas, la nostalgia y los proyectos personales.

Calabuig vivió los tiempos gloriosos del equipo amarillo, el estilo Molowny, el subcampeonato de Liga, la alineación memorable (Oregui, Aparicio, Tonono, José Luis, Castellano, Guedes, León, Justo Gilberto, José Juan, Germán y Gilberto I), la llegada de los argentinos, los goles interminables de Morete… Pero también la amargura de un descenso: cuando la Unión Deportiva perdió la categoría, su aparición al día siguiente en la pequeña pantalla, su rostro y su tono eran un canto a la tristeza. Los periodistas también tienen sus corazoncitos.

Por eso siguió de cerca los avatares del club amarillo y la trayectoria deportiva. Pero estuvo atento siempre a cualquier manifestación deportiva. En Gáldar le hicieron hijo adoptivo. Fueron más de sesenta años de un ejercicio tenaz, consecuente y responsable de periodismo deportivo, mesurado y sin estridencias, que también desempeñó a escala nacional con crónicas e intervenciones que sirvieron para proyectar el nombre de las islas.

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