
HUMBERTO HERNÁNDEZ
No cesan los casos de discriminación lingüística, de actitudes de políticos arrogantes que infravaloran las modalidades lingüísticas meridionales por considerarlas inferiores, según sus subjetivos y equivocados criterios, pues entienden que son los dueños de una lengua cuya más pura y castiza expresión es la que ellos realizan en su español del centro norte peninsular.
Ignora el necio que así procede que su punto de vista no se sostiene desde la rigurosa perspectiva de las ciencias del lenguaje: la lengua, nuestra lengua, no se manifiesta exactamente de la misma forma en los amplios territorios en los que, parafraseando a Unamuno, “resuena soberano su verbo”. Y su verbo soberano resuena, por fortuna, con diferentes tonos y matices, y solo es el respeto a esta enriquecedora variedad lo que hace posible el mantenimiento de su extraordinaria unidad, la convivencia pacífica de una diversidad dialectal que consigue el entendimiento de cualquier hispanohablante, sea del territorio que sea, mexicano, caribeño, andino, chileno, austral, castellano, andaluz o canario, pues estas son las grandes modalidades dialectales de la lengua española, y todas igual de dignas, igual de bellas, con sus peculiaridades fónicas, gramaticales y léxicas, que no son otra cosa que la huella de la legítima herencia cultural, de la propia historia, de cada una de las comunidades que tenemos la suerte de compartir el mismo idioma. Ignora el necio prepotente que su radical actitud de imponer su modalidad puede causarle serios perjuicios, si afloraran indeseados sentimientos del pasado, cuando su español castellano fue expresión lingüística del centralismo político, cuando no símbolo de dominación y opresión.
TEXTO COMPLETO AQUÍ