
SALVADOR GARCÍA LLANOS
Nanda Santana Cruz (Las Palmas de Gran Canaria, 1969), doctora en Ciencias de la Información por la Universidad Complutense de Madrid, con posgrados en Comunicación Política e Internacional, así como en Marketing y Comunicación online, también en Igualdad, materia de la que, además, es técnica de Formación por la Universidad de Nebrija, es autora del libro que, desde hoy, puede encontrarse en las librerías españolas: Te haré la vida imposible imposible: cómo sobreviví a la violencia de género, psicológica y vicaria, de Mercurio Editorial.
El libro -prologado, entre otras expertas, por la victimóloga de la UAB, Noemí Pereda- es el testimonio descarnado de una madre que escucha impotente, a las pocas semanas de la separación, el relato de su hijo menor de que el padre les pega. En el contexto de un divorcio contencioso y judicializado por voluntad paterna, durante siete largos años la autora acudirá a abogados, jueces, fuerzas de Seguridad del Estado, médicos de familia, pediatras, psicólogos, trabajadores sociales, técnicas y responsables de Igualdad en busca de ayuda, con resultados desalentadores. Hasta que un día (porque ella, pese a los rechazos y las respuestas negativas, no cesa en su empeño de seguir pidiendo ayuda), un psicólogo de la sanidad pública le pone nombre y apellido al horror que sus hijos y ella llevan viviendo años. “Lo tuyo es un caso de violencia de género psicológica de manual”, le dice. Y le recomienda leer el libro El acoso moral: el maltrato psicológico en la vida cotidiana, de la victimóloga francesa Frances Marie Hirigoyen, cuya lectura le permite, por fin, comprender su propia historia de maltrato. Y también la de sus hijos, que su ex ha utilizado para hacerle daño.
La autora utiliza sus propias vivencias para explicar la violencia psicológica, quiénes la perpetran y el perfil de sus víctimas. Pero lejos de caer en un relato pesimista, ofrece asimismo claves para aprender a detectarla, para hacerle frente y para iniciar los necesarios procesos de sanación que llevarán a una recuperación total del daño y la violencia sufridas, por las mujeres y por sus hijos, cuyo derecho a una infancia feliz y armoniosa ha sido violentado e impedido por un adulto despechado, resentido y rencoroso que no ha sabido encajar una separación o divorcio.
Estamos en 2022 y, aunque muy lentamente, las cosas empiezan a moverse, tanto en las administraciones públicas como en la cobertura mediática, en lo relativo a la violencia de género psicológica y vicaria. Cuando Santana empezó a pedir ayuda, en 2013, no recibió ninguna. A día de hoy, acreditada oficialmente como víctima, trabaja en su personal proceso de sanación. Pero sigue observando a diario los efectos de la violencia vivida en la salud y el desarrollo socioemocional de sus hijos. Razón por la cual continúa demandando los cambios necesarios para que se continúe atendiendo a los menores que han sufrido violencia una vez cumplen la mayoría de edad. Porque las heridas siguen abiertas y no las sana una fecha en el calendario que los expulsa del sistema de ayudas. En su opinión, queda mucho trabajo por hacer.