
JAIME RUBIO HANCOCK / EL PAÍS
La siguiente afirmación puede sonar exagerada, pero es históricamente correcta: los periódicos son el hermano pequeño, impersonal y formalito de los boletines.
Ya había boletines (o newsletters) hace un par de milenios. Según la Enciclopedia Británica, los romanos enviaban noticias y propaganda a amigos y aliados. En la Edad Media eran habituales los de familias comerciantes para mantenerse al día de las noticias que podían afectar a sus negocios. Y en el siglo XVII y gracias a la mejora del servicio postal, los boletines compitieron con los primeros periódicos y se popularizaron en Europa, especialmente en el Reino Unido, copiados a mano y con menos restricciones legales en los temas que podían tratar. Aunque se enviaban por correo, también acababan en los cafés, donde se compartían y comentaban.
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