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"El País no es un periódico de izquierdas; nunca lo ha sido y nunca ha pretendido serlo"

Soledad Gallego-Díaz, entrevistada por E.J. Rodríguez en el portal cultural "Jot Down", disecciona el periodismo, con sus mecanismos, sus verdades y mentiras, sus principios morales, sus mitos, sus polémicas y confusiones y sus diferentes modos de investigar y escribir.

E.J. RODRÍGUEZ / JOT DOWN

Soledad Gallego-Díaz es una de las figuras decanas, de referencia, del periodismo español. Lleva más de tres décadas en el diario El País, del que fue directora adjunta —en su día declinó el ofrecimiento de hacerse cargo de la Dirección del periódico— y donde podemos leer sus columnas. Además de haber ejercido entre otras cosas como corresponsal en diversas partes del mundo, desde Argentina a Bruselas, pasando por París, Londres, etc. Nos encontramos con la periodista en el hotel Alcalá Norte de Madrid, y dado su profundo conocimiento del oficio y el importante papel que ha desempeñado en un medio tan relevante a nivel nacional no podíamos dejar pasar la oportunidad de recabar sus opiniones, pensamientos, experiencias y recuerdos en torno al mundo de la prensa. Esta es la conversación que mantuvimos con ella… una disección del periodismo, sus mecanismos, sus verdades y mentiras, sus principios morales, sus mitos, sus polémicas y confusiones, sus diferentes modos de investigar y escribir, además de tratar algunos otros asuntos de índole política y social.

Soledad Gallego-Díaz. FOTO: GONZALO MERAT / JOT DOWN

Has afirmado alguna vez que no hace falta estudiar una carrera para ejercer el periodismo.

Estoy completamente convencida.

¿Esto ha levantado alguna ampolla?

¡Huy! Sí. Cada vez que se me ocurre decir eso en una facultad de periodismo, me quieren matar. Comprendo que la gente que está estudiando periodismo se sienta… pero es que el periodismo, sinceramente, no es una carrera universitaria. No contiene conocimientos teóricos suficientes para justificar cinco años de estudios. No es verdad. ¿Conviene que los periodistas sepan sociología? Estupendo. ¿Conviene que los periodistas sepan tocar el piano? Fantástico. Todo lo que sea añadir conocimientos me parece muy bien, pero no existen materias específicas de periodismo. Me parece bien que los periodistas tengan una carrera universitaria, en el sentido de la universidad les da una manera de enfocar los problemas, exige una manera de trabajar seria y sólida… en general. Pero eso te lo exige también la facultad de ciencias exactas, te lo exige la de sociología, etc.

¿Crees que es un oficio que se aprende sobre la marcha, básicamente?

Se convirtió en carrera universitaria porque los periodistas teníamos complejo de no ser universitarios. Y como queríamos ser universitarios…

Por “titulitis”, vamos.

Nos inventamos esa carrera simplemente para darnos el gusto de tener un título universitario.

¿Cuáles son entonces las cualidades necesarias para ser periodista?

Curiosidad. Sentido de la justicia, también. Me fastidia mucho que en las escuelas de periodismo, en las universidades, les digan a sus alumnos que se puede demostrar una cosa y la contraria. Eso no es verdad. Ser deshonesto no es un requisito para ser periodista. Parece que ahora se plantea que los periodistas somos seres deshonestos… pues no. Hay que ser honesto, primero como ser humano. Como periodista también, pero como ser humano especialmente. Con nuestros problemas, con nuestras preocupaciones y con todo lo que va aparejado, pero manteniendo un grado de honestidad. Una cierta capacidad de indignación y un deseo de contar las cosas que ves. El periodismo tiene una parte de testimonio. Creo que es muy importante verlo y contarlo. Contarlo de acuerdo a unas normas, no como este ”periodismo ciudadano”… el periodismo no es un mero relato comunicacional.

Hablando de honestidad, hemos entrevistado a varios importantes periodistas de El País y nos han dicho —no sé qué pensarás— que te consideran algo así como la autoridad moral del periódico.

(arquea las cejas, sorprendida) La “autoridad moral” del periódico no existe.

Me refiero a que te consideran, por así decir, una persona de referencia.

Porque llevo treinta y cinco años trabajando allí, con lo cual… llevo toda la vida trabajando en el periodismo y en El País. Me temo que soy de los más viejos del lugar. Pero autoridad moral… no, en absoluto. La autoridad moral del periódico la tiene muchísima gente, el colectivo del periódico.

En cuanto al funcionamiento de un periódico, Ramón Besa nos dijo que en los periódicos antes se hacía el planillo poniendo las noticias y después buscando sitio para los anuncios, y que ahora se ponen los anuncios y después se busca el hueco para las noticias.

No, pero eso nunca ha sido verdad. Siempre se han colocado primero los anuncios. Otra cosa es que no dependieras de los anuncios y pusieras este anuncio aquí, este otro allá… lo que quisieras. Eso sí es verdad, si tenías un texto largo podías mover la publicidad. Pero obviamente siempre se han colocado primero los anuncios.

Siempre fue igual de importante el anuncio, pues.

Sí, pero es que además es básico. El problema que hay ahora es que no existe suficiente publicidad. El periodismo sin publicidad no es ninguna ventaja, ¡es una mierda! Porque no tienes dinero para hacerlo. ¿Cómo vas a mandar a alguien a testimoniar lo que está pasando en Siria si no tienes dinero? Mandar a un periodista a Siria, aparte de ser peligroso, es muy caro. Los periodistas no nos alegramos de que no haya publicidad.

Casi todos los periodistas a los que hemos entrevistado coinciden en quejarse del nuevo modelo de negocio tanto desde el punto de vista empresarial, como ideológico. Nos decía Olga Viza que “el sectarismo
es ahora la base del negocio”.

Creo que el problema —más que el sectarismo de la prensa, que lo hay— es que no está claro ese modelo de negocio, que ha saltado por los aires. El modelo de la prensa escrita ha sufrido una transformación bestial por la aparición de Internet. La aparición de las webs de información que todo el mundo piensa que son el futuro de los media… no da dinero. Nadie ha conseguido que ese modelo dé dinero. Todo el mundo lo está desarrollando, todo el mundo está invirtiendo, pero no da dinero. Mientras, la prensa clásica de papel sufre una crisis económica brutal en la que desaparece la publicidad. Y desaparecen también periodistas: miles de ellos se van al paro. Ese desequilibrio tan enorme nos tiene a todos locos. Nadie sabe qué va a pasar. Nadie sabe en qué momento Internet va a producir dinero. Lo que decíamos antes: si quieres un periodismo de calidad, necesitas unos ciertos ingresos. Si Internet no los produce, la red se va a limitar a ser una especie de peloteo permanente de una sola información que rebota cien mil veces por el ciberespacio.

Un “copiar y pegar” infinito.

En Internet hay poquísimas cosas nuevas. Hay mucho de “periodismo ciudadano”. Pero lo del “periodismo ciudadano” es una confusión enorme entre lo que es comunicación y lo que es periodismo.

¿Cómo definirías esa diferencia?

Internet permite una comunicación masiva entre millones de personas, eso me parece excelente… pero eso no es periodismo. El periodismo exige un análisis, exige proporcionar a los lectores un contexto, el retrato de un momento dado. Y eso ha de seguir unas reglas profesionales (confirmación de los datos, etc.) que pueden parecer una tontería, pero no lo son en absoluto. Son cosas muy importantes en el periodismo y muy importantes para la calidad de una democracia.

¿Qué ocurrirá si Internet termina por no dar dinero y los periódicos de papel siguen en crisis?

(con tono sarcástico) Pues que nos moriremos todos y unos cuantos se suicidarán antes. Pero sinceramente no tengo ni idea. Lo cierto es que ¿por qué la publicidad en Internet es tan barata? Esta explicación no es nada científica —aunque existen algunos estudios sobre esto— pero probablemente se debe a que la gente en Internet no presta suficiente atención. Cuando entras en Internet estás un minuto, dos minutos viendo una página. Estás permanentemente distraído por cosas y tampoco te fijas en la publicidad. Supongo que eso es un problema. No tengo ni idea de cómo funciona eso, pero me temo que no tiene ni idea nadie.

¿Qué impresión te ha causado el cierre de Público?


Lo lamento muchísimo. Es un periódico que me interesaba. Con unos periodistas excelentes. Además muy comprometidos con el tipo de periodismo que querían hacer.

Después de ese cierre, ¿queda algún periódico de izquierdas a nivel nacional?

No, porque El País no es un periódico de izquierdas. Nunca lo ha sido, aunque la gente en un momento dado debió pensarlo. Es un periodismo de centro-izquierda, por decirlo de alguna manera, y progresista en lo social… pero no un periódico de izquierdas. Además nunca ha pretendido serlo.

¿Qué significó Jesús de Polanco para la prensa española?

Fue importantísimo para la prensa española en el sentido de que modernizó la empresa periodística. Una grandísima transformación que fue muy útil para el desarrollo del periodismo. Un tipo de empresa que se parecía más a las anglosajonas, que respetaba la separación entre la redacción y la propiedad, entre la redacción y la publicidad. En España había una empresa mucho más pegajosa.

¿Y cómo ha cambiado Prisa, o El País en concreto, desde la desaparición de Jesús de Polanco?

Es que la desaparición de Jesús coincide con la transformación del negocio. No sé qué hubiera pasado con él vivo, la verdad. No tengo ni idea de hasta qué punto su desaparición supuso un cambio radical en la empresa… lo que supuso un cambio radical es el nuevo modelo de negocio.

Por cierto, cuando el PP rompió relaciones con Prisa, el grupo editorial al que pertenece El País, tú mantenías tus fuentes dentro del partido intactas.

Sí, porque llevaba tantísimos años haciendo información que tenía una relación no de amistad —porque yo no creo que sea posible para un periodista tener amistad con políticos— pero sí de respeto y de aprecio.

¿De confianza?


De cierta confianza, por supuesto. Saben que respetas una serie de normas de funcionamiento con ellos. En aquella época en que el PP rompió relaciones con El País recuerdo que —el mismo día que se anunció— llamé a una de mis fuentes y le dije “¿qué pasa, que a partir de ahora ya no podemos hablar?”. Y me dijo “¡Me puedes llamar cuando quieras! Eso sigue exactamente igual, tú y yo nos conocemos desde hace treinta años, eso no va a cambiar”.

Una pregunta obligada: te ofrecieron la dirección de El País y la rechazaste…

La postura esa de tener que aceptar… me molesta mucho eso de “a las mujeres les ofrecen cosas y luego no las quieren”. No sé lo que harán las mujeres, eso es lo que hice yo.

No, no te lo pregunto en ese sentido, aunque ya puestos podría ser una cuestión interesante el por qué no hay mujeres dirigiendo periódicos.

Pues ¡porque no se lo ofrecen! No es porque hayan dicho que no. Yo he dicho que no, pero el mío es sólo un caso particular.

Claro. Quería precisamente conocer tus motivaciones particulares para declinar la dirección de un periódico tan importante.

Dije que no porque en aquel momento me interesaba mucho más el manejo de la redacción, y eso lo llevan los directores adjuntos. En ese momento yo era directora adjunta, llevaba unos años manejando la redacción y eso me apasionaba. El director tiene otra serie de competencias. Además, ya había una persona que podía cumplir la función de director con la que yo estaba completamente de acuerdo, Joaquín Estefanía. Me pareció un excelente director, así que no había ningún motivo por el que me viera obligada a dejar de hacer lo que yo quería hacer por ocupar el puesto. Sinceramente, lo ocupaba una persona que tenía todo mi respeto profesional.

Si te ofrecieran ahora mismo la dirección del periódico, ¿tampoco la aceptarías?

Depende. Ahora a lo mejor sí. Probablemente sí.

¿Por qué ahora sí la aceptarías? ¿Qué ha cambiado en tu visión del papel que cumplirías como directora?

El momento tan caótico en el que estamos.

Te gustan los problemas (risas)

Me gustan los problemas y me parece más atractivo intentar poner orden en el caos.

Enric González nos dijo que lo que recomienda al periodista que está empezando es que desconfíe de los jefes, que no trabajan para el lector sino para los accionistas, para los inversores.

No estoy convencida de que eso sea verdad. Depende de los jefes. Conozco jefes que sí trabajan para el lector, con la voluntad de hacer un producto más interesante y atractivo, que les resulte más útil. No “útil” en el sentido de que tengas una “farmacia de guardia”, sino útil en el sentido de que les ayude a pensar, a comprender, a tomar sus propias decisiones de acuerdo con la información que reciben. Sí hay jefes de esos. Ahora, depende de a lo que llames jefe. ¿Un redactor jefe es un jefe? Sí. ¿Un director es un jefe? Sí. Creo que tienes que respetar a los jefes si piensas que responden al interés de la profesión. Si tienes evidencia de que no, entonces no tienes por qué hacerles caso ni apreciarles. Pero si son buenos jefes, no veo por qué tienes que desconfiar de ellos.

Otra frase de Enric González: “hay que ser hábil para trabajar para el lector sin que te despidan”.

(ríe) Los periodistas tienen que ser hábiles siempre, en su defensa del lector. No sé si para evitar que te despidan o no, pero sí en defensa del lector. En una empresa periodística normal puede ocurrir que un tema no les interese, por cuestiones empresariales. Pero si tú eres lo suficientemente hábil como para tratar ese tema —en el sentido de que lo que estás contando sea indiscutible— también es muy difícil que la empresa no lo publique. Eso que se dice de que las empresas pueden tirar abajo la información de los redactores no es cierto. El director o el redactor jefe que sabe que esa información no le gusta a la empresa puede quizá decir “esta información es incorrecta”, “a esta información le faltan datos”. Pero si la información lo tiene todo, si eres lo bastante hábil como para que sea una información sólida, que tenga cuatro patas como una mesa, y que esa mesa resista todo lo que le pongas encima…

Para sacar determinadas informaciones adelante, ¿hay que ser terco, además de hábil?

Muy terco. Y tienes que ser muy sólido; cuanto más complicado es el tema, cuanto más difícil de tratar porque la reacción que provocará en medios poderosos es mayor, más importante es que ese tema resulte inatacable. Y si no lo pueden atacar, al final se publicará.

Con estas cosas siempre me viene a la mente el famoso caso Watergate, cuando dos periodistas sacan adelante una información, al principio incluso un poco en contra de la opinión de su periódico. ¿Un periodista tiene que hacer eso a menudo, pelear en contra de su propio periódico?

Sí, pero entiéndeme: no tiene que ser siempre porque el periodista se halle ante intereses bastardos de la empresa. No. A veces hay intereses bastardos, claro que sí, pero a veces es simplemente que esos temas no les gustan a los jefes, no les parecen temas atractivos ni llamativos para el lector. Y tú, en cambio, estás convencido de que es un tema importante. Sí que tienes que batallar con tu periódico, con tu medio, con tus jefes, para conseguir que comprendan que ese tema es tan importante como tú crees que es. Para eso, también tienes que conseguir argumentarlo, no vale decir “yo sé que es importante porque resulta que soy muy listo”. Tienes que conseguir el material, ser capaz de escribirlo de forma que quien lo lea lo encuentre indiscutible. Esto es así. ¿Has de batallar con tus jefes y con tu empresa? Claro que sí, pero forma parte de tu profesión.

¿Qué opinas de que se bajen los sueldos de los periodistas o se les den jornadas larguísimas y sin embargo haya directivos que se suben el sueldo, como los políticos, en mitad de una crisis?

Bueno, el objetivo palmario de la nueva ley de reforma laboral es que bajen los sueldos de una manera general, para todo el país. Lo hacen con una idea económica detrás, no lo hacen por fastidiar sino porque creen que es una manera de recuperar productividad. Y ya está. Es una cuestión ideológica. Así que bajan los sueldos de toda la sociedad, no solamente de los periodistas. ¿Los directivos? Los directivos de la prensa o de cualquier otra empresa deben adaptarse también a las circunstancias. No es lo mismo bajar un sueldo de mil euros a ochocientos, que bajar dos millones de euros a un millón quinientos mil (risas). Evidentemente, no es lo mismo. Pero bueno, en cualquier caso los directivos deberían tamb
ién ajustarse, lógicamente. Sobre todo por una cuestión de credibilidad. Los directivos también necesitan credibilidad.

¿Crees que actualmente en la prensa hay demasiado porcentaje de opinión frente a información?

Pues sí. Yo creo que hay demasiada opinión. Y mira que yo hago columnas de opinión, debería decir que no. Pero sí. Se echa de menos información elaborada, no solamente el mero dato, sino información contextualizada de una manera seria y profunda. Eso es difícil de hacer, es complicado, no es nada fácil. Resulta caro, también. Es mucho más fácil tener una opinión, y mucho más barato.

Entonces, ¿sucede esto sencillamente porque es más barato publicar opinión que información?

Bueno, depende, porque hay gente que opina que el columnista cobra mucho. Pero como principio, sí lo creo. Pasa con la televisión, ¿por qué hay tantos programas de charleta, de éstos que está todo el mundo hablando y diciendo tonterías? Porque es baratito. Es muchísimo más caro hacer una serie, que juntar a cuatro tontos —con perdón— diciendo tonterías. O a cuatro personas listas… diciendo tonterías. Eso cuesta poquísimo. Por eso las televisiones están llenas de ese tipo de programas.

A raíz de esto que comentas, en cuanto al tema de la “telebasura”, ¿crees que es cierto eso de que se le da al público lo que el público quiere?

¡Qué va! Se le da al público lo que se le da, punto. ¿Hay alguien que pueda preguntarle al público qué es lo que quiere? ¡No!

(risas) …visto así.

Eso es todo mentira. Lo que pasa es que llega un momento en que ponen tantos programas de este tipo, que la gente los ve.

Porque no hay otra cosa.

Si es que no tienen otra cosa que ver. “Es que tienen mucha audiencia”. ¡Claro! Pero cuando hay un debate de un programa de pura basura y le pones al lado un partido de fútbol, ¡la gente va a ver el partido! ¿No? Evidentemente no quieren ver el debate, quieren ver el partido. ¿Por qué? Porque es más interesante. Lo mismo pasa con las buenas series de televisión, ¿qué porcentaje de audiencia tienen algunas de estas series de producción española? Probablemente mayor que muchos de estos programas. Hay una cantidad de afirmaciones que se dan por ciertas… y si te poner a escarbar un poco, son mentira.

(En este momento, nuestro fotógrafo le pide que pose con un periódico en las manos. Soledad ve de reojo un titular sobre la desaparición de Yéremi Vargas, y —eso tan bonito del instinto periodístico y la “deformación profesional”— no puede evitar cuestionarse la actuación de las autoridades y sobre todo la de los periodistas que cubrían la comparecencia de la Guardia Civil, N del R.)

Qué cosa extraña la de este niño, Yéremi Vargas, ¿no? ¿Por qué ha tardado cinco años la policía en decir que tenía una marca cerca del cuello? Porque eso a lo mejor podría haber ayudado a identificarle, ¿no? Ahora dices cómo el niño iba vestido, que tiene una marca… ¿por qué no lo dijiste entonces? Supongo que tendrán una explicación que dar. Te quedas con la duda: ¿algún periodista le habrá dicho a la guardia civil “oiga, por qué han tardado ustedes tanto en decirlo”? ¿No? ¡Alguien habrá preguntado eso! ¿Y por qué no está en los periódicos?

¿Crees que ningún periodista lo ha preguntado?

Bueno, si no lo hubiera preguntado nadie, me quedaría boquiabierta. ¿Cómo es posible que no se lo hayan preguntado? “¿Por qué lo dice usted ahora, qué motivo ha tenido? Dígamelo usted”.

¿Y por qué no lo han preguntado?

Yo creo que los periodistas están tan preocupados escribiendo en las tabletas estas que les dan ahora, que no escuchan. Están en una conferencia de prensa y están transcribiendo lo que oyen. Si estás transcribiendo lo que oyes, no te das cuenta de lo que estás oyendo. Y sobre todo no tienes el instante ese en que se te enciende la bombilla y dices “lo que me está contando este señor es absurdo”. Y entonces levantas la mano, y preguntas. Si estás transcribiendo, ¿cómo puede hacer eso?

¿A qué se debe esta actitud?

Hay una parte que es la presión terrible de la inmediatez, de que ahora las conferencias de prensa hay que meterlas en la web a tiempo real. Si estoy en una conferencia de prensa y tengo que transcribirla a tiempo real… será que yo soy muy lenta, y que soy muy torpe, pero estoy segura de que no voy a tener ese instante en el que piensas “esto que acaba de decir es imposible” o “esto que acaba de decir es contradictorio”.

¿Y los medios no piensan que ofrecerían un mejor producto si dejaran que al periodista se le encendiera la bombilla e hiciera esa pregunta?

Claro, pero la inmediatez de la web tiene un efecto depredador sobre las capacidades de los periodistas, que es acojonante. De momento, supongo que con el tiempo eso se irá solucionando.

¿Crees que hay un problema de fuentes de información, de que se publica información sin comprobarla debidamente?

Sí. Es que los periodistas también tienen poco tiempo para comprobar. Hay una cosa que cada vez me gusta más en algunos medios de i

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