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Elena Asins fue la gran protagonista de la clausura de la Cátedra de Cine Josefina de la Torre, celebrada en el marco del XIII Festival Internacional de Cine de Las Palmas de Gran Canaria. Asins, Premio Nacional de Artes Plásticas en 2011, impartió una clase magistral bajo el título ‘La cultura no es un artículo de lujo’.
Celebrada la disertación en el Centro Atlántico de Arte Moderno (CAAM), dependiente del Cabildo grancanario, la artista, también ganadora de la Medalla de Oro al Mérito de las Bellas Artes en 2006, regaló a un aforo completo su experiencia labrada en más de 40 exposiciones individuales en diversos países.
Escritora, conferenciante, matemática, crítica de arte y pionera en el uso de la computación aplicada a la creación artística, Elena Asins (Madrid, 1940) cautivó a la audiencia desde el principio: “No vengo a teorizar sobre el arte, sino a hablar y que hablen”.
Pese a su tono humilde, fisonomía enjuta y llena de fragilidad, la artista habló con firmeza para denunciar la deriva actual del arte al convertirse en un bien de consumo y, además, privado. “Parece que el arte es un bien que sólo puede consumir la gente con dinero”, enfatizó, al tiempo que alertó de que estas personas “son sólo tenedores, no poseedores de la obra de arte, pues el bien cultural tiene unos derechos, los de su autor, pero una vez fallecido este, su obra pasa a ser patrimonio de la humanidad”.
Al igual que el rigor, la coherencia y la independencia mantenida en una carrera fuera de modas, Elena Asins defendió la cultura como eje esencial e inspirador del ser humano, que debe ser consultado y visitado como hábito de vida. “El arte desde los antepasados era una sublimación del ser, algo muy importante, cuyas expresiones artísticas y rituales se realizaban cuando enterraban a los muertos o celebraban la vida, mientras ahora se degrada, convirtiéndose en puro ocio y entrenamiento”, reflexionó.
Contexto de crisis
Amplió el concepto del arte al atribuirle categoría de sector económico, pues genera industria, crea puestos de trabajo y supone un revulsivo turístico para muchas regiones. A su juicio, en los momentos actuales de crisis se relegan los objetivos de los museos, no permitiéndoles comprar obras de arte, cancelando muestras y alargando de tres a seis meses la duración de la exposiciones.
No dudó en señalar al artista como la figura más perjudicada por esta situación de crisis al no vender, bloquear su entrada en los circuitos del arte y verse imposibilitado para afrontar sus gastos de vida.
En está línea advirtió de la manipulación en la cultura, que llega, por ejemplo, desde los galeristas –“meros comerciantes a los cuales sólo les mueve el lucro sin importarles el arte, aunque siempre exista alguna excepción”, hasta los críticos de arte. “En este país (España) no hay crítica, hay opiniones generalizadas y un afán por quedar bien”, esgrimió.
Asins reconoció que los críticos y periodistas la tratan bien, pero recalca que siempre dicen y preguntan lo mismo, aunque cambien las palabras, debido a una falta de riguroso análisis, cuestión que contrasta con la crítica libre y constructiva realizada en Alemania u otros países.
Obra artística
Siempre valiente en sus afirmaciones, reconoció haber pagado un “alto precio” por su independencia, por hacer una obra que no gustaba en su momento y por su condición de mujer en un tiempo difícil. “Estoy satisfecha de crear mi propio lenguaje”, suscribió. La artista madrileña es pionera en su investigación sobre computación en arte en la que continúa investigando con aportaciones conceptuales, basada en algoritmos. “En mi obra no trabajo con geometría, trabajo con números y algoritmos, que se mueven en el espacio”, dijo.
Sus últimas contribuciones están encaminadas hacia el urbanismo como estética y como necesidad, a la arquitectura como arte esencial y a la intervención estética en el espacio y en el tiempo.