¿Morirá el periodismo? De momento, debemos reconocer que el presente es peliagudo: los grupos de comunicación atraviesan furibundas crisis económicas, Internet ha puesto el oficio patas arriba y nadie parece encontrar la salida del laberinto, si acaso la hay. «El periodismo está viviendo el mayor cambio en toda su historia, mayor incluso que cuando se inventaron la radio y la televisión», enfatizó Benjamín Lana, director editorial de Medios Regionales de Vocento. «Los referentes de espacio y tiempo -abundó-, tan importantes para el periodismo, se han convertido en algo casi líquido, inaprensible».
Lana participó en la primera mesa redonda del día, que trató de dilucidar el impacto de las tecnologías de la información en el periodismo. Compartió charla con Javier Rioyo, periodista de larga trayectoria, escritor y actual director del Instituto Cervantes de Nueva York, y con Jaime Abello, director general de la Fundación Nuevo Periodismo Americano. Rioyo, recién llegado de los Estados Unidos, no pudo evitar dibujar una visión descarnada de la realidad: «Cada día me llegan más y más noticias y no estoy mejor informado. Estar en el centro del ruido es estar en el mayor de los silencios». Rioyo reconoció que, gracias a los avances tecnológicos, «asistimos a lo mejor y a lo peor; ocurre que lo peor tiene un foco, una capacidad de llegar a la gente que no ha tenido nunca. Y eso tapa lo bueno». Pero no quiso despedirse sin un guiño optimista: «Estamos en decadencia; pero no olvidemos que las decadencias engendran momentos brillantes. Ahí está nuestra Generación del 98 o la fantástica narrativa americana de la Gran Depresión».
Abello recogió su guante y advirtió que la basura «siempre estuvo presente en el periodismo». «Digamos -añadió- que ahora se han abierto las compuertas. A mí lo que me parecería mal es que no se hiciera buen periodismo en medio del caos». Y en este mundo de tuiteos urgentes, post frenéticos y mensajes continuos, Abello reivindicó el periodismo narrativo, bien contado, respetuoso con la ética profesional… y con el idioma. «No veo otro camino que emprender un gran esfuerzo educativo en todos los niveles. Hay que aprovechar el potencial de la red, pero respetando el valor cultural de nuestra lengua y de nuestro oficio».