SANTIAGO TOSTE / DIARIO DE AVISOS
El Otoño Cultural de CajaCanarias trajo esta semana a la Isla a Maruja Torres (Barcelona, 1943). La escritora y periodista participó en un diálogo con su colega Malén Aznárez, presidenta de Reporteros Sin Fronteras en España, que versó sobre La libertad de expresión perseguida. Acerca de la libertad y del periodismo, sobre las repercusiones que presenta la crisis de un modelo de negocio instalado en un oficio que en esencia aspira a construir un relato de la realidad desde la independencia, Maruja Torres mantuvo esta entrevista con Diario de Avisos.
Maruja Torres. FOTO: FRAN PALLERO / DIARIO DE AVISOS
-¿Qué influencia es hoy más perversa para la libertad de expresión, el poder político o el económico?
“Los dos están muy imbricados. Ahora, si me pregunta quién posee a los políticos, resulta que son los financieros. A falta de dictaduras donde matan a los periodistas, quienes te van matando de otra manera son los financieros y sus intereses en la política”.
-¿El periodismo que se hace hoy en España está a la altura de lo que demanda la sociedad?
“El periodismo no está a la altura y los periodistas podrían estarlo si tuvieran más facilidades. Los despidos, creo que ya hay más de 7.000, hacen que, en proporción, el periodismo sea el segundo grupo profesional más perjudicado por la crisis después de la construcción. Con la diferencia de que, mientras ahí hubo burbuja, en el periodismo no, sino que se dio un exceso de medios de entretenimiento que se comieron sus ganancias”.
-Ha escrito durante años en El País. ¿Qué opina de las tribulaciones que se están viviendo en él?
“Es una hecatombe, no en lo personal, porque ya veía las cosas venir y me he ido pertrechando. Pero si lo pienso desde el punto de vista profesional, sí que lo es. Porque El País fue un diario de referencia, pero también porque, como dijo Ángeles González-Sinde en un artículo, había hecho una promesa a los lectores. Salió con la democracia y era plural. En él cabían un señor como Mario Vargas Llosa y una loca de la vida como yo. Y ahora se le ha ido vaciando de contenido y solo queda el caparazón. Aunque lo más lamentable es que lo ha hecho, precisamente, uno de los que lo creó junto con Jesús de Polanco”.
–De forma constante se habla de la revolución tecnológica en la que se hallan los medios de comunicación, de la necesidad de adaptarse a los nuevos tiempos. ¿Cómo concibe que será el periodismo, digamos, dentro de diez años?
“Cuando comencé existían los tipos de imprenta y me iba a talleres a corregir el artículo leyéndolo al revés. Un día me di cuenta de que eso había desaparecido y había unos plásticos transparentes en una mesa luminosa. Tiempo después vi a la gente que trabajaba frente a una pantalla… El cambio empezó hace mucho. Frente a los profetas, que dicen que lo único que funcionará es Internet, creo que la cosa no irá tan rápido. Esos son los mismos que ahora dicen que los mayores de 50 ya no valemos para esto. En realidad nadie sabe nada, vamos a ciegas”.
-¿Y cree que se va a perder algo por el camino?
“De hecho, ya hemos perdido algo que sería fácil recuperar si los periodistas tuvieran más tiempo: el aroma, el ambiente, el testimonio del que ha estado allí, una buena descripción, una atmósfera… Antes abrías un suplemento dominical y te encontrabas con reportajes de 15 folios y las imágenes de un fotógrafo que había ido a lo suyo… Ahora todo es plano. O bien el periodista va con una ONG que le paga el viaje, o bien le regalan unas fotos y hace un reportaje. Esto se puede corregir, pero las cosas son bastante difíciles y la gente joven está desesperada”.
-En un momento tan convulso, ¿con qué margen de resistencia, de libertad, cuenta un periodista?
“La libertad de un periodista termina donde empieza su miedo a perder el empleo. Pero uno puede crearse barreras, aunque sean irreales. En el tardofranquismo, donde estuve en medios tan anárquicos como Fotogramas o Por Favor, la cuestión era empujar el techo. El deber del periodista no es preguntarse qué querrá la empresa. Los másteres han hecho mucho daño, porque aunque de ellos ha salido gente muy valiosa, también han sido un criadero de arribistas. Y esa gente que más encantada estaba consigo misma y no le discutían nada a la empresa, ahora son jefes; son los que han ido a trabajar a El País cuando los demás estaban en huelga. Pero ya se les ve ajados, porque esa vida con los pantalones caídos produce calvicie y un punto amarillo en el rostro. No, no son felices. Y esa es la parte de la historia que más me gusta”.
-Acabamos de vivir una huelga general. ¿Qué valor tiene hoy el hecho de que miles de ciudadanos salgan a la calle para expresar su indignación?
“Lo que se ha producido es una manifestación general. El que ha podido ha hecho huelga, porque muchos no han podido y otros no han tenido ni siquiera la oportunidad porque están en el par
o. Pero mucha gente ha ido a las calles, y eso a mí me da esperanza. El camino no es otro que el que cada vez seamos más. Tiene que llegar el momento en el que quienes mandan piensen: ¿para quién estamos gobernando? Aunque no estoy del todo segura, porque Jehová nunca tocó el corazón del faraón sino para endurecerlo. Y estos son tan de misa…”.