Aníbal Malvar (Público) | Resulta un poco triste comprobar que, cada vez más, no solo proliferan los pseudoperiodistas, y se hacen ricos, sino también una rara especie que domina el mercado informativo y se puede calificar como de pseudolectores. Son personas que no acceden a la letra escrita en busca de ejercicio dialéctico, pensamiento y duda. Demandan certezas. Confirmaciones. Solo quieren leer aquello que no son capaces de escribir. Y, sobre todo, hay que dejar claro que no son culpables de nada.
Hace cuatro o cinco días publicaba El País un hermoso artículo del columnista Sergio del Molino. Se quejaba de que a su hijo de trece años le impusieran la lectura del Platero y yo, pero no el texto original de Juan Ramón Jiménez, sino una versión infantilizada, de esas que los editores bautizan como adaptadas. “¿Adaptada a qué?”, se preguntaba el atribulado columnista. “¡Pero si es un libro infantil!”.