María Paula Rubiano (Red Ética) | No hace mucho me enteré de que el término «escatología» no solo se refiere a aquello que es excremental. Se refiere, en teología, a aquello que pensamos es el destino final de la humanidad y el universo. Todos tenemos una escatología: todos creemos que el mundo se acabará de alguna u otra manera.
Si mis colegas se parecen a mí y a mi círculo más cercano, me atrevo a decir que los reporteros ambientales estamos, más que cualquier otro tipo en nuestro gremio, sepultados en pensamientos escatológicos.
«Yo siento que lo que estoy haciendo es un réquiem de lo que va a desaparecer», me confesó un periodista ambiental nominado al Premio Gabo 2026 en la categoría Cobertura. «Es como escribir una crónica sobre los dodos cuando empezaron a matarlos». No fue el único: en conversaciones informales con otros tres colegas, todos compartían la sensación de estar narrando el precipicio del mundo conocido.