CARMELO RIVERO / MI EQUIPAJE
La memoria de Canarias está escrita en los libros y en el aire. Los libros de Historia se han ido escribiendo siglo a siglo, y los que se han escrito en el aire –en la radio- van camino de cumplir cien años. Cinco de ellos los cumple ahora mismo ‘Canarias Radio La Autonómica’, donde cobró cuerpo un libro que me dispongo a repasar antes de adquirir forma convencional. Releo estas ‘Historias de Canarias. Memorias de un Archipiélago’, de Juan Carlos Mateu y María Doménech, de un modo efusivo, como si muchas de ellas fuera páginas de mi propia vida y al leerlas regresaran los fantasmas de tantos muertos célebres con los que me topé mientras crecía en este oficio de hazañas y desventuras.
Este libro, como digo, se publicó antes en la antena de Canarias Radio La Autonómica, se enlató, se lanzó al aire y ahora, una vez desperdigadas sus historias en la memoria colectiva, aparecen compiladas en forma de volumen al uso. Son cien episodios que escucharon los oyentes y que ahora podemos leer como una novela de vicisitudes. En el formato radiofónico, que es una de las obsesiones conceptuales del director del medio y coautor (así me consta como testigo de los precedentes de esta serie), la periodista María Doménech despliega todo el talento y la curiosidad que son las armas de que se vale la comunicación para lograr su objetivo: ganar la atención de la gente, esa es su victoria.
Tuve la oportunidad de participar en algunos capítulos de esta colección de acontecimientos, y disfruté como oyente en la mayor parte de ellos. Es una gozada como radiolector. Aquí se labra este tercer personaje intermedio, como si de un género se tratara, el de las ondas editadas a modo de literatura radioeléctrica, que es una estupenda idea que me habría gustado compartir con el maestro Ramón Gómez de la Serna, pionero de la España radiofónica. Así que sumergirnos en estas 264 páginas, que van de los mártires de Tazacorte a los nuevos mitos canarios del fútbol, los campeones del mundo Pedro y Silva, pasando por un alcalde secuestrado en un submarino alemán o el conejero que inspiró el clásico de Hemingway ‘El viejo y el mar’(de los que enseguida les hablo con más detalle) es una aventura en sí misma.
Exquisita selección de temas, de historias y personajes, que José Felipe Pardellas envolvió en sábanas musicales y puso en antena como si paseáramos por cada tiempo y cada lugar junto a cada uno de los protagonistas.
En ‘Los mártires de Tazacorte’ se narra la masacre de los jesuitas que navegaban a Brasil y debieron refugiarse en la costa de la isla por un temporal, vigilados de cerca por temibles piratas que los perseguían desde que hicieron escala en Funchal. Los misioneros creyeron que el camino estaba expedito cuando, por fin, tras una corta y entrañable estancia en el pueblo, durante la que oficiaron misas y regalaron reliquias papales, reemprendieron en su galeón (julio de 1570) la larga travesía que les esperaba rumbo a América. El sanguinario Jacques Sorés y su pequeña flota de corsarios acabaron con todos ellos de la peor manera, la mayoría degollados. Bajo el mar, el Cabildo de la isla depositó cuatro siglos después cuarenta cruces de piedra, en la Punta de Malpique, en memoria de los santos mártires beatificados. El secuestro del alcalde
Hay en el libro una de esas historias que habría encandilado al García Márquez de ‘Relato de un naufrago’ (como se me ocurre que sucede con otra de las aquí recopiladas aquí, la de los dos tinerfeños, únicos supervivientes del naufragio del petrolero ‘Berge Istra’, en el mar de las Molucas, al sur de Filipinas, en 1975: Emilio Barreto y –al que conocí bien en Taganana- Epifanio Perdomo, que permanecieron en una balsa duranteveinte días y veinte noches en la inmensidad del océano Pacífico, comiendo pescado crudo, hasta ser rescatados por un pesquero japonés cuando ya habían perdido todas las esperanzas). Es el capítulo que relata el secuestro de una semana que sufrió el único alcalde de la isla de El Hierro cuando la Primera Guerra Mundial estaba a punto de concluir, allá por 1917. El barbudo edil Juan Ayala Hernández, de 70 años, partió raudo a lomos de su yegua hacia el Puerto de La Estaca para encararse con los intrusos alemanes que amenazaban a su isla. Un submarino ‘U-63’ había emergido por sorpresa, y el comandante lo invitó amablemente a subir a bordo. Lo que no podía adivinar el alcalde de El Hierro, pues sólo había un municipio, en la capital, Valverde, era que, una vez en el interior del sumergible, éste pusiera sus motores en marcha y se largara con él dentro sin dar señales de vida en los días posteriores. De nada valieron las noticias del suceso enviadas por telégrafo a Tenerife. El alcalde y el submarino desaparecieron durante una semana, y cuando todos temían lo peor, todas las piezas volvieron a su sitio. El rehén heroico regresó a su isla con las mismas barbas blancas que nunca se afeitaba. Una vez a flote el submarino por segunda vez, se dieron un abrazo en la cubierta el comandante alemán y su anfitrión herreño. Elalemán le había dado su palabra de devolverlo sano y salvo, según contó el alcalde, que nunca quiso revelar lo que pasó a bordó en esa misteriosa semana de cautiverio bajo el mar. La historia la reconstruyó el periodista José Padrón Machín, demostrando su teoría de que una isla por menuda y poco poblada que estuviera, como era el caso, siempre constituía un vivero de noticias. Y nos quedaremos sin saber cómo se entendieron el alcalde y los alemanes, en qué idioma, mientras el primero presenciaba boquiabierto los prodigios tecnológicos de un submarino de guerra y los segundos trataban de sonsacarle algún secreto que les sirviera para sus intereses estratégicos en las aguas de la isla que, casi un siglo después, iban a ser escenario de otra irrupción submarina, la de unvolcán.
El Viejo y el Mar
La relación del Nobel Ernest Hemingway con el pescador canario Gregorio Fuentes Betancourt, que emigró a Cuba con tan sólo seis años, es una de las vivencias más populares del autor de ‘El viejo y el mar’, novela que enseguida se hizo célebre y fue llevada al cine y que le inspiró, precisamente, el enjuto conejero que vivió 104 años convertido en fetiche obligado de turistas que lo visitaban a fotografiarse con él en su casa de Cojímar, donde lo entrevistó para Canal 7 del Atlántico mi colega y amigo Zenaido Hernández. Hermingway, que dejó por toda Cuba el rastro de su presencia renombrada, como la estatua que lo recuerda acodado en la barra del Floridita. Entré y pedí un daiquiri, como hacía el autor de aquella famosa novelita que surgió de su amistad espontánea con el canario, el patrón de su barco ‘Pilar’. “Mi mojito en La Bodeguita… y mi daiquiri en el Florida’. Este último, en la calle Obispo de La Habana Vieja, inmortalizó de esa manera al asiduo cliente universal. Sin duda, el efecto perdura en el cliente que vive esa escena.
Estoy pasando las páginas de este libro lleno de memorias personales y colectivas. A medida que les cuento algunas experiencias puntuales, pretendo hacerles llegar el interés que despierta este catón de hechos que impactaron en la memoria de unas islas que no siempre se recuerdan a sí mismas como debieran.
En abril de 1963 (se cumplen 50 años y la efeméride no ha pasado desapercibida en la isla), tres de los cuatro Beatles permanecieron 12 días de vacaciones en Tenerife. Paul McCartney, George Harrison y Ringo Starr nunca olvidarían aquella escapada al chalet de los padres de su amigo Klaus Voorman –que viajó días atrás a rememorar la estancia- en La Montañeta, en Los Realejos, un municipio entre aniversarios, si sumamos el bicentenario de la muerte de su hijo ilustre Viera y Clavijo. Fue la última oportunidad en la vida de Los Beatles –John Lennon acababa de ser padre y visitaba con el manager del grupo otra playa española- en que pudieron sentirse afortunados como unos completos desconocidos y moverse sin agobios entre la gente, como subraya el historiador Nicolás Lemus, que ha reconstruido toda la secuencia. Nunca más iban a poder hacerlo. Un empresario local desestimó la oferta de Paul de actuar gratis, por considerarlos “unos tipos melenudos’; Paul casi se ahoga en la playa de Martiánez, en la que mucho antes no se atrevió a nadar su compatriota Agatha Christie, y una noche, George no durmió por una insolación. El que salió mejor parado de los tres fue, por lo visto, Ringo, que no escatimó elogios a la gente y la isla. Fue, insisto, la última vez que pudieron moverse libremente y pasear como unos simples turistas anónimos. El primer disco que acababan de grabar en Londres les había deparado en su ausencia la suficiente popularidad en su país como para recibirles, ya para siempre, con un frenesí que no tardó en ser bautizado en todo el mundo como la ‘beatlemanía’.El libro es un gráfico testimonio del quehacer de una radio pública, Canarias Radio la Autonómica, que ahora cumple cinco años. Nació el 30 de mayo, Día de Canarias, de 2008, en Las Palmas de Gran Canaria), de la mano de Guillermo García, director general de RTVC, y de Juan Carlos Mateu, director de Canarias Radio La Autonómica. El proyecto que ambos pusieron en marcha bajo todas las incertidumbres, ha cumplidocon creces sus mejores expectativas, una vez consolidado como medio de comunicación imprescindible en una tierra siempre demandante de cohesión informativa. Y en esta labor, la radio (junto a la TV), consigue el milagro de saltar las barreras naturalestendiendo puentes que en cinco años han exhibido los mejores pilares en situaciones de emergencia social y acontecimientos de gran repercusión.
Meridiano cero
Estas ‘Historias de Canarias’ desentierran pasajes que dejaron huella en la memoria insular. Recapitulo la mayor parte de ellas:
Las epidemias mortales y las hambrunas de Fuerteventura. El rango herreño como primer meridiano en los mapas del mundo en los siglos XVII, XVIII y XIX, cuando en la Punta de Orchilla (El Pinar) se trazaba la línea imaginaria que unía los dos polos y se establecía el punto cero de las medidas geográficas, hasta que se impuso el Observatorio de Greenwich (Gran Bretaña), que arrebató el título de meridiano cero a la modesta isla ‘paisana’. La heroica fundación de la ciudad de San Antonio de Texas por familias canarias (siete de Lanzarote y tres de La
Palma, Tenerife y Gran Canaria), que debieron superar un año de inclemencias, temperaturas extremas y ataques de los indios comanches, antes de alcanzar su destino final, en marzo de 1731, tras 2.000 kilómetros de un recorrido de celuloide. La derrota de Nelson en Santa Cruz de Tenerife, en julio 1797. La estatura científica e intelectual del gran ilustrado portuense Agustín de Betancourt y Molina, una de las figuras más sobresalientes de la ingeniería, cuyo legado principal radica en Rusia, su segunda patria. El caso del célebre escritor canario Benito Pérez Galdós, que hizo toda su obra en Madrid, hasta encumbrarse como una de las plumas más reconocidas de la literatura en castellano después de Cervantes. Las erupciones del Chinyero y el Teneguía. El trágico percance del ‘Valbanera’, aquel vapor español que el 9 de septiembre de 1919 naufragó con 488 personas a bordo al norte de Cuba, a causa de un ciclón tropical, sin que hubiera supervivientes, en una de las páginas más negras de la historia de nuestra emigración. La aciaga travesía del ‘Telémaco’, uno de los barcos fantasma de aquel éxodo histórico de Canarias a América.
Palma, Tenerife y Gran Canaria), que debieron superar un año de inclemencias, temperaturas extremas y ataques de los indios comanches, antes de alcanzar su destino final, en marzo de 1731, tras 2.000 kilómetros de un recorrido de celuloide. La derrota de Nelson en Santa Cruz de Tenerife, en julio 1797. La estatura científica e intelectual del gran ilustrado portuense Agustín de Betancourt y Molina, una de las figuras más sobresalientes de la ingeniería, cuyo legado principal radica en Rusia, su segunda patria. El caso del célebre escritor canario Benito Pérez Galdós, que hizo toda su obra en Madrid, hasta encumbrarse como una de las plumas más reconocidas de la literatura en castellano después de Cervantes. Las erupciones del Chinyero y el Teneguía. El trágico percance del ‘Valbanera’, aquel vapor español que el 9 de septiembre de 1919 naufragó con 488 personas a bordo al norte de Cuba, a causa de un ciclón tropical, sin que hubiera supervivientes, en una de las páginas más negras de la historia de nuestra emigración. La aciaga travesía del ‘Telémaco’, uno de los barcos fantasma de aquel éxodo histórico de Canarias a América. El ‘gurú’ Saramago
El hito cultural de ‘Gaceta de Arte’ en los años 30, que propició la visita de André Bretón a Tenerife y el vínculo providencial de la isla (cuyo mejor embajador en Par&iacut
e;s era el pintor Óscar Domínguez) a la irrupción del surrealismo. El escritor portugués José Saramago, que llegó para quedarse a Lanzarote en 1993 y cinco años después ganó el Nobel. Lo visité y entrevisté para la televisión y conocí, por tanto, de su carisma, ya no sólo como autor, sino como pensador. “Me están haciendo a la fuerza un gurú y soy un escritor”, me comentó cuando, ciertamente, cualquier cosa que dijera se convertía en una máxima entrecomillada. Aquel concierto de Michael Jackson, en septiembre del 93, en el muelle de Santa Cruz de Tenerife: cuando nos sentamos en las gradas abarrotadas vimos salir, a lo lejos, un punto negro en el escenario, que se movía como una señal eléctrica. Y oímos una voz. Ella y el punto
eran Michael Jackson. El tenor que asombró a su época, Alfredo Kraus. Le pregunté en una ocasión cuál había sido el mayor desafío de su vida, y me respondió: “Cumplir una promesa. Me prometí no volver a Las Palmas a pasear por la calle de Triana sin haber triunfado antes, y no lo hice hasta que debuté con éxito en el Cairo.” La trayectoria de un grupo musical sin parangón en el orbe hispanoamericano, Los Sabandeños. El ‘Natura y Cultura de las Islas Canarias’, una enciclopedia inaudita en las postrimerías del franquismo, obra colectiva coordinada por el psicólogo Pedro Hernández. La figura de Otto Mühl, un pintor vanguardista que gozaba de cierto predicamento en la plástica europea más incómoda, pasó a frecuentar la prensa española y extranjera por sus extravagancias al frente de la Comuna de El Cabrito, en La Gomera. Martín y yo nos esmeramos en desenmascarar a través de ‘El País’ las bondades de una seudo secta disfrazada de colectivismo bucólico y autogestionario. Femés, el ‘macondo’ de Rafael Arozarena, escenario de su novela ‘Mararía’. Los hitos cinematográficos, como la cinta ‘Hace un millón de años’, con Raquel Welch. César Manrique, reinventor de Lanzarote, un líder artístico y social que abanderó y conceptualizó (antes de que se convinieran términos como sostenibilidad o ecoeficiencia) la defensa del ecosistema y el desarrollo turístico del archipiélago. El propio ‘boom’ turístico de los años 60 y las atrevidas campañas promocionales del consejero de Turismo Miguel Zerolo, que logró colgar una valla acerca del sol de Canarias en la primera publicidad autorizada en la Plaza Roja de Moscú. La paradisíaca calidad del cielo de Canarias, fundamento de sus observatorios astrofísicos y, en particular, de la instalación en el Roque de los Muchachos (la Palma) del Grantecan, el mayor telescopio del mundo. El reconocimiento del silbo gomero como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad, por la Unesco, en 2009.
e;s era el pintor Óscar Domínguez) a la irrupción del surrealismo. El escritor portugués José Saramago, que llegó para quedarse a Lanzarote en 1993 y cinco años después ganó el Nobel. Lo visité y entrevisté para la televisión y conocí, por tanto, de su carisma, ya no sólo como autor, sino como pensador. “Me están haciendo a la fuerza un gurú y soy un escritor”, me comentó cuando, ciertamente, cualquier cosa que dijera se convertía en una máxima entrecomillada. Aquel concierto de Michael Jackson, en septiembre del 93, en el muelle de Santa Cruz de Tenerife: cuando nos sentamos en las gradas abarrotadas vimos salir, a lo lejos, un punto negro en el escenario, que se movía como una señal eléctrica. Y oímos una voz. Ella y el punto
eran Michael Jackson. El tenor que asombró a su época, Alfredo Kraus. Le pregunté en una ocasión cuál había sido el mayor desafío de su vida, y me respondió: “Cumplir una promesa. Me prometí no volver a Las Palmas a pasear por la calle de Triana sin haber triunfado antes, y no lo hice hasta que debuté con éxito en el Cairo.” La trayectoria de un grupo musical sin parangón en el orbe hispanoamericano, Los Sabandeños. El ‘Natura y Cultura de las Islas Canarias’, una enciclopedia inaudita en las postrimerías del franquismo, obra colectiva coordinada por el psicólogo Pedro Hernández. La figura de Otto Mühl, un pintor vanguardista que gozaba de cierto predicamento en la plástica europea más incómoda, pasó a frecuentar la prensa española y extranjera por sus extravagancias al frente de la Comuna de El Cabrito, en La Gomera. Martín y yo nos esmeramos en desenmascarar a través de ‘El País’ las bondades de una seudo secta disfrazada de colectivismo bucólico y autogestionario. Femés, el ‘macondo’ de Rafael Arozarena, escenario de su novela ‘Mararía’. Los hitos cinematográficos, como la cinta ‘Hace un millón de años’, con Raquel Welch. César Manrique, reinventor de Lanzarote, un líder artístico y social que abanderó y conceptualizó (antes de que se convinieran términos como sostenibilidad o ecoeficiencia) la defensa del ecosistema y el desarrollo turístico del archipiélago. El propio ‘boom’ turístico de los años 60 y las atrevidas campañas promocionales del consejero de Turismo Miguel Zerolo, que logró colgar una valla acerca del sol de Canarias en la primera publicidad autorizada en la Plaza Roja de Moscú. La paradisíaca calidad del cielo de Canarias, fundamento de sus observatorios astrofísicos y, en particular, de la instalación en el Roque de los Muchachos (la Palma) del Grantecan, el mayor telescopio del mundo. El reconocimiento del silbo gomero como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad, por la Unesco, en 2009.Los muertos inconfesables
La presencia de Franco en Canarias, donde ultima el golpe de Estado que da paso a la guerra civil. La detención de ‘El Corredera’ tras 22 años de persecución policial durante la dictadura.
Me describió el recordado Pedro Lezcano la noche que todos sus amigos clamaban por el perdón del condenado a garrote vil, cuando el poeta escribió su famoso romance a un personaje ya mítico que se había pasado la vida escondido en cuevas y barrancos. El secuestro del industrial Eufemiano Fuentes y las peripecias del principal implicado, Ángel Cabrera Batista. Su casa en Arucas me pareció una vivienda hechizada por los infortunios de la saga familiar). La desgraciada muerte del joven Bartolomé García Lorenzo, víctima de una imperdonable confusión policial con ‘El Rubio’, en el barrio tinerfeño de Somosierra, en 1976. La tortura mortal que el comisario Matute, cinturón negro de kárate, infligió al obrero Antonio González Ramos.
Me describió el recordado Pedro Lezcano la noche que todos sus amigos clamaban por el perdón del condenado a garrote vil, cuando el poeta escribió su famoso romance a un personaje ya mítico que se había pasado la vida escondido en cuevas y barrancos. El secuestro del industrial Eufemiano Fuentes y las peripecias del principal implicado, Ángel Cabrera Batista. Su casa en Arucas me pareció una vivienda hechizada por los infortunios de la saga familiar). La desgraciada muerte del joven Bartolomé García Lorenzo, víctima de una imperdonable confusión policial con ‘El Rubio’, en el barrio tinerfeño de Somosierra, en 1976. La tortura mortal que el comisario Matute, cinturón negro de kárate, infligió al obrero Antonio González Ramos. El libro incorpora un caso que seguí muy de cerca al despuntar los años 90, el de Dámaso Rodríguez, ‘El Brujo, un criminal nacido en El Batán (en el macizo de Anaga, que fue el hábitat incomparable de mi infancia), que violó y asesinó antes de ser abatido por la policía o, presuntamente, quitarse él mismo la vida. Con su mujer, aterrorizada durante la fuga del preso más buscado, llegué a pactar un falso mensaje suyo para atraerle cuando había vidas que corrían auténtico peligro.La marcha verde, en 1975, que precipitó la descolonización en falso del Sáhara, un conflicto que casi 40 años después sigue abierto en carne viva. La catástrofe aérea de Los Rodeos en 1977 y la de ‘Spanair’ en Barajas, en 2008. El avión militar espía de EE.UU. que se estrelló en El Hierro en el 77, un caso que seguí periodísticamente como si a cada paso necesitara de Sherlock Holmes para unir cabos, mensajes y pistas (la foto de los restos del fuselaje en la curva del Mocanal aún me estremece, era una imagen brutal en una isla tranquila que sentía hasta el aleteo de una abubilla).
Maxwell apareció flotando
La llegada al puerto de la capital tinerfeña de un carguero español con un harrier de la Royal Navy a bordo fue un filón periodístico, que cubrí para el diario El País con Martín Rivero y Juan Cruz, la historia del joven subteniente inglés Ian Watson, que se vio obligado a aterrizar sobre los contenedores del barco cuando se quedó sin autonomía durante unas maniobras frente a las costas de Portugal. El militar descendió del aparato feliz por el increíble éxito de la maniobra, sacó un peine y se ordenó el cabello como si tal cosa, ante las miradas atónitas de la tripulación. Los tres periodis
tas también seguimos durante semanas las secuelas de la extraña muerta del magnate de prensa Robert Maxwell, en el 91, cuando, asediado por las deudas, navegaba en su yate ‘Lady Ghislaine’ (en honor a su hija) en aguas del sur de Gran Canaria tras una escala en Tenerife, durante la cual cenó –por última vez- en el Hotel Mencey. Su cuerpo apareció flotando en el mar. Las vacaciones lanzaroteñas –éstas con desenlace feliz- de Gorbachov y su esposa Raisa. Fue uno de mis mejores trabajos period&iac
ute;sticos: el último jefe de Estado de la URSS nos concedió a Martín, Lucas Fernández y a mí una entrevista en exclusiva, en aquel verano del 92, al cabo de dos semanas de descanso, como recoge el libro. Fidel Castro me prometió en el Teide una entrevista, que tardé varios años en hacerle en La Habana. Esa escala del presidente cubano en Tenerife, en junio de 1996, casi origina un conflicto diplomático con España, cuando, de regreso de un viaje oficial a Estambul, insistió en hacer escala en la isla de la que eran originarios sus antepasados maternos. “Digan que si estoy aquí es por un milagro del Hermano Pedro”, nos dijo Fidel en Vilaflor, cuna del benefactor. El libro reseña también la canonización de José de Bethencourt, ‘el primer santo canario’, por su labor misionera en Guatemala.
tas también seguimos durante semanas las secuelas de la extraña muerta del magnate de prensa Robert Maxwell, en el 91, cuando, asediado por las deudas, navegaba en su yate ‘Lady Ghislaine’ (en honor a su hija) en aguas del sur de Gran Canaria tras una escala en Tenerife, durante la cual cenó –por última vez- en el Hotel Mencey. Su cuerpo apareció flotando en el mar. Las vacaciones lanzaroteñas –éstas con desenlace feliz- de Gorbachov y su esposa Raisa. Fue uno de mis mejores trabajos periodísticos: el último jefe de Estado de la URSS nos concedió a Martín, Lucas Fernández y a mí una entrevista en exclusiva, en aquel verano del 92, al cabo de dos semanas de descanso, como recoge el libro. Fidel Castro me prometió en el Teide una entrevista, que tardé varios años en hacerle en La Habana. Esa escala del presidente cubano en Tenerife, en junio de 1996, casi origina un conflicto diplomático con España, cuando, de regreso de un viaje oficial a Estambul, insistió en hacer escala en la isla de la que eran originarios sus antepasados maternos. “Digan que si estoy aquí es por un milagro del Hermano Pedro”, nos dijo Fidel en Vilaflor, cuna del benefactor. El libro reseña también la canonización de José de Bethencourt, ‘el primer santo canario’, por su labor misionera en Guatemala.
Y, por último, amén de hazañas deportivas, incendios forestales (de los que las islas poseen una vasta memoria, a veces trágica, como en La Gomera, en el 84), pasajes de la inmigración (con los 25 muertos inconcebibles de Los Cocoteros), los niños desaparecidos Sara y Yéremi, la tormenta tropical ’Delta’ (2005), este catálogo de causas y consecuencias de una memoria colectiva atravesada de sobresaltos, deja constancia del hecho político más importante de las últimas tres décadas: la llegada de la autonomía. Un buen libro para leer quiénes somos en este Día de Canarias.