
GLORIA MORENO
La periodista danesa Helle Merete Brix ya sabía en lo que se metía cuando a finales del 2012 fundó el Comité Lars Vilks. Su intención era apoyar al caricaturista sueco que en el 2007 encendió la ira de los fundamentalistas por dibujar a Mahoma con cuerpo de perro. Fue Brix, de hecho, quien invitó a Vilks a participar en el debate que este sábado fue objeto de un ataque terrorista en Copenhague. Ambos se encontraban en el estrado cuando el atacante empezó a disparar. Una persona murió y otras tres resultaron heridas. Con el miedo todavía en el cuerpo, Brix nos explica su experiencia.
¿Cuál fue su reacción?
Al principio no me di cuenta de lo que pasaba. Oí mucho ruido, como si alguien estuviera dando golpes en el tejado. Entonces uno de los guardias de seguridad empezó a gritar: «¡Todo el mundo fuera! ¡Lars, sal de ahí!», y me di cuenta de que estábamos siendo atacados. Algunos salieron de la sala, otros se tiraron al suelo, y a mí me llevaron junto a Lars Vilks a un pequeño almacén para protegernos.
¿Cómo se siente?
Estoy muy triste porque una persona murió simplemente por participar en un debate y también por el otro muerto en la sinagoga. Todavía tiemblo. Fui al memorial el lunes por la noche, pero me quedé muy poco rato. El sonido de 30.000 personas aplaudiendo me recordaba demasiado a los tiros del sábado. Dicho esto, quiero seguir con mi rutina, estos días sigo trabajando con normalidad y me siento bien por ello.
¿Esperaba que algo así pudiera ocurrir?
Estaba nerviosa, especialmente después del ataque contra Charlie Hebdo. Justo en octubre del año pasado les entregamos nuestro primer premio a la Libertad. El nuevo director del semanario, Gerard Biard, que sobrevivió a los ataques de París por hallarse en Londres, vino a Copenhague a recibirlo. Estaba nerviosa, pero tienes que confiar en las fuerzas de seguridad.
El terrorista nació y creció en Dinamarca, ¿cómo explica su deriva?
Algunos políticos, especialmente de izquierda, insisten en que estos jóvenes se sienten sin raíces en la sociedad danesa, que viven entre dos culturas. No lo niego y no niego que hay factores sociales que les pueden conducir a esta radicalización. Pero el principal problema es que entran en contacto con mensajes radicales a través de la web, en mezquitas o en la prisión. Hay que afrontar este problema. Ver qué se predica en las mezquitas suecas, danesas. Creo que acabaremos haciéndolo. Es algo inevitable.
¿Seguirá el Comité Lars Vilks organizando actos?
Sí, ese es mi plan. Está claro que no nos reuniremos en ciertos lugares demasiado expuestos. Pero una idea es organizar una conferencia en mayo o en otoño en el Parlamento, donde es fácil garantizar la seguridad.
¿Cambiará este ataque Dinamarca?
Sí. Creo que es inevitable. Llevo 15 años escribiendo sobre libertad de expresión e islamismo. Pero creo que hasta que un país no es golpeado, hasta que no pasa algo concreto, no se reacciona. Es horrible decirlo, pero a veces parece que esto es lo que tiene que pasar para que la gente se de cuenta de la seriedad de este problema aquí, en Europa. Creo que tenemos que tener esperanza, construir sobre esta tragedia y hacer todo lo posible para que no vuelva a ocurrir. Sin embargo, todos sabemos perfectamente que la cuestión ahora no es saber si esto volverá a ocurrir en alguna otra parte de Europa sino dónde ocurrirá.
¿Cree que atentados como este aumentan la autocensura?
Sí, definitivamente. El diario que publicó por primera vez las caricaturas no quiso volver a hacerlo tras los ataques contra Charlie Hebdo. Y entiendo porqué. Llevan muchos años bajo amenaza. Pero es triste que tengan que tomar esta decisión. Algo parecido ocurre con la televisión pública danesa y otros medios. Tenemos que darnos cuenta de que estos ataques han sido cometidos en nombre del islam y hay que poder hablar más claramente sobre este problema.
¿Qué responde a quienes critican las caricaturas por ser ofensivas?
En una sociedad moderna se debería poder criticar cualquier religión. Puedes ser una persona religiosa, ver la vida desde un punto de vista espiritual. Esa es una elección libre. Pero no podemos permitir que una determinada religión, en este caso el islam, reciba un trato especial, que haya tabúes, como el de no poder dibujar al profeta, que los no creyentes también tengamos que respetar.
¿Es la autocensura, algunas veces, necesaria por razones de respeto, de delicadeza?
No, nunca. Es como si un matrimonio o dos amigos no hablaran de los temas más importantes. No podemos dejar que una sociedad moderna trate la religión de un modo diferente. La autocensura es peligrosa. Ya lo dijo Charb antes de morir: primero no podemos dibujar a Mahoma, ¿qué será lo siguiente? Y qué pasa con los exmusulmanes que critican el islam, dicen que Mahoma nunca existió o critican la charia. Debemos garantizar su derecho a opinar. Creo que muchos que hablan tanto de respeto y se autocensuran no lo hacen honestamente, sino por miedo.
FUENTE: LA VANGUARDIA