
JOSÉ ANTONIO PARDELLAS
El cronista se infiltra en un grupo de turistas que viaja con destino a Andalucía.
Un buen número de mujeres y hombres procedente, especialmente, de la Séptima Isla, como la bautizó el siempre recordado escritor y periodista, corresponsal de prensa, radio y televisión, José Padrón Machín. «Hay que verlo pasear de mañana por las ramblas tinerfeñas, especialmente cerca del kiosco de La Paz. Ver a Machín con su traje negro y esa extraordinaria melena blanquinegra cayéndole sobre los hombros es como ver a una sabina andante. La sabina, ese árbol que por sí solo distingue a la Isla del Meridiano». Esta acertada descripción del viejo león herreño, se la escuché en el programa «Tajaraste», de Radio Club Tenerife y que, por entonces, presentaba Willy García, a Gilberto Alemán, cuando ambos, él y este cronista, hablaban de lo divino y lo humano, con discusiones febriles, en muchas ocasiones previamente pactadas, ante los micrófonos de la emisora decana de Canarias.
– Y todos estos muchachos y muchachas que viajaron a Andalucía, mi hijo querido, aunque algunos residan fuera de la isla, como Paula y Gerardo, no dejan de ser herreños de verdad y cada tiempo vuelven aquí a cavar sus papas, recoger los ricos duraznos que da esta isla y comerse unas buenas quesadillas.
– Don José, pero la emigración ha dejado casi despoblada a la isla, ¿no?
-No crea, unos vienen y otros van. Mire, con lo del volcán, por ejemplo, y el auge de la fotografía submarina, El Hierro ha mejorado mucho. Pregúntele a mi tocayo, el alcalde de El Pinar o a Amós, que usted conoce bien o a Raúl Álamo, mi alumno preferido, pregunte y saldrá de dudas.
– Le creo, le creo.
– ¿Y cómo se portaron esos muchachos por las tierras de García Lorca?
-Pues mire, casi lograron lo que no pudieron los árabes. Conquistar Granada a golpe de visitas culturales, gastronomía variada y viajes por toda la provincia que muy bien organizó otro herreño, Benito, quien, por cierto, contrató a una guía, Ana, muy simpática, preparada y muy buena explicando la historia de las ciudades andaluzas, de sus hijos ilustres, anécdotas, geografía…
– Buen muchacho, Benito, sí.
– ¿Y conoce a Julián, que con su nariz aguileña y su boina se parece a un vasco con chapela?
– ¡No lo voy a conocer !. Bien que nos divertimos los dos inventándonos historias del Antiguo Testamento, del Arca de Noé, de Santa Teresa…un puntal!
– Había en el grupo también gente que vive en Tenerife, como Loly, la de José Antonio. Magníficos Ana y Luis, los compadres de Gerardo ( el de Mister Smile), Carmenchu y José Mateo, Loly la de Terencio, Oscar y su mujer,…en fin, una buena pandilla.
– Ya veo, ya veo…el herreño es muy educado y muy curioso por saber asuntos de todo tipo. ¿ Lo habrá notado en el viaje, no?
– Y encima, don José, hablan muy bien el castellano con esas «eses» finales tan sonoras que a mi me encantan.
– Si, mi amigo, El Hierro es como una reserva segura de la lengua de Cervantes.
– Alfonso X El Sabio, Maimónides y Averroes, las grandes figuras de las tres culturas que coincidieron en el tiempo en Granada, nos dijeron lo mismo al visitar La Alhambra, y nos confesaron, públicamente, su gran disgusto cuando se enteraron que el horario del meridiano de El Hierro fue cambiado en 1634 por influencia del Cardenal Richelieu, por el de Greenwich, de la Pérfida Albión.
– Coño, si…y me consta que muchos lloraron.
– Como Boabdil, cuando tuvo que abandonar Granada y entregar las llaves de la ciudad a Isabel y Fernando, los Reyes Católicos.
– » Lloras como un niño cuando no has sabido defender a Granada como un hombre», le dijo su madre.
– Cierto, don José, pero no me queda más espacio, seguiremos hablando otro día.
– Si, mi hijo querido.
– Voy a releer «Memorias de un desmemoriado», me digo al despedirme. Es una autobiografía de este viejo e ilustrado herreño que dejó en mi mucha huella. Como los cincuenta de Granada. Un viaje para no olvidar.
FUENTE: EL DÍA