El revuelo que han montado en el mundo los “Papeles de Panamá” prueba que el periodismo sigue cumpliendo una función de guardián de la integridad, que la denuncia con datos tiene consecuencias. Las teorías conspiratorias sobre el origen y la intención de la filtración requiere pruebas antes de proponer conclusiones, de momento lo que cuenta es que los documentos tratados por un equipo amplio de periodistas de varios países y de muchos medios ha n hecho blanco, han golpeado la hipocresía de muchos gobiernos y una lista larguísima de sospechosos en la que hay personas y entidades que pueden explicar sus actividades panameñas y que no forman parte de ninguna trama de evasores o encubridores y otros (demasiados) que no pueden explicar sus andanzas por aquellas aguas que prometían opacidad. Una promesa detrás de la cual lo que se enroca no huele bien, los que se amparan en ese burladero tienen altísimas posibilidades de ocultar algo que no quieren que se sepa, sobre en las oficinas tributarias ante las que tienen que dar cuenta.
Lo que el Consorcio Internacional de Periodismo de Investigación, y el Centro en pro de la Integridad Pública que lo respalda, han hecho es abrir la puerta de un gran almacén que tiene parte de sentina (mucho) y otra de archivo. Los Papeles de Panamá muestran datos de sociedades, cruces de mensajes, algunos documentos… pero hasta ahora no han facilitado información (quizá no la tienen) sobre lo que hay en esas empresas, activos, depósitos, movimientos, fechas… esa será tarea que tendrá que acometer las agencias tributarias y las policías de los distintos países que van a tener mucho material bruto, muchas indicaciones, para hacer preguntas, para investigar y para poner en marcha la impresora de actas y las citas a contribuyentes perezosos.
Tener una sociedad en panamá no es delito, pero puede ser la puerta de entrada a una caja de sorpresas, porque el interés previsible para disponer de sociedades en Panamá suele tener mucho que ver con la opacidad, con ocultar, fundamentalmente, al fisco.
Panamá no quiere figurar en la lista de paraísos fiscales y ha hecho cuanta presión ha podido para perder esa calificación, aunque no ha sido tan diligente a la hora de cancelar los incentivos y las ventajas para los que buscan opacidad. La carga prueba va a recaer sobre Panamá que va a tener que atender las demandas de información de las autoridades fiscales de muchos países. Lo más relevante es que a partir de ahora los buscadores de opacidad y secreto van a sospechar que ni en Suiza, ni en Luxemburgo, ni en Panamá van a poder disponer de garantía de secreto.
Achicar los espacios a la impunidad y al ocultamiento es un compromiso del G20 que la OCDE ha instrumentado durante los últimos años para alcanzar en el horizonte de 2018 que todos los países cooperen de forma automática (no solo a petición de parte) en el acceso e intercambio de información mercantil. La otra pata del problema es que los bancos y otros intermediarios dejen de asistir a los buscadores de sombras, a los evasores. Sin su concurso todo se hace más difícil. Y para disuadir a los bancos de ese negocio basta con fijar un alto coste por ese trabajo irregular, coste reputacional y coste económico, es decir multas y publicidad negativa.
Los papeles de Panamá han colocado en primer plano acabar con el fraude fiscal internacional, perseguir a cuantos acogen a los defraudadores y reducirles su espacio vital. El periodismo sirve para levantar una liebre que parece un elefante.
FUENTE: REPÚBLICA
