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El editor del "New York Times" niega la acusación de discriminación sexual en el despido de la directora

Arthur Sulzberger se ve obligado a responder a las críticas y atribuy el cambio a una mala gestión de Jill Abramson.

FRANCESC PEIRÓN / LA VANGUARDIA

Uno de los despidos más mediáticos.Arthur Sulzberger Jr., editor delThe New York Times, se ha visto obligado a responder. No ha podido resistir lascríticas sobre discriminaciónde género que ha provocado el despido deJill Abramsoncomo directora del diario, la primera en la larga historia de este rotativo.

Jill Abramson


“La igualdad salarial de las mujeres es un asunto importante en nuestro país”, subrayó Sulzberger en un comunicado. No ayuda en absoluto a avanzar en este terreno de la igualdad salarial el caso de una ejecutiva que no era de hecho desigual”, añadió.


Más allá de las desavenencias, el editor del conocido como la Dama Gris, aseguró que el remplazo de Abramson, nombrada en el 2011, se debió “a razones que no guarda relación alguna con la nómina ni con el género”.


El pasado miércoles, cuando a la redacción les cogió por sorpresa el anuncio, Sulzberger hizo un breve comentario, en el que se limitó a decir que era un asunto de gestión de la redacción, e insistió que no comentaría nada más.


Ha tenido que dar marcha atrás. Otros medios se han cebado en elTimesa partir de dos artículos enThe New Yorkerfirmados por Ken Auletta, especialista en la materia. Destaca, sobre todo, el segundo trabajo, en el que sostenía que la paga de Abramson, por encima de los 500.000 dólares, estaba al menos cinco decenas por debajo de la de su antecesor, Bill Keller. Afirmó que ella había puesto el caso en manos de abogados.


Se espera que el arrebato vaya todavía más en las clásicas tertulias de las televisiones en domingo. Frente a tal carga de controversia, Sulzberger remarcó que la marcha de Abramson, de 60 años y que se había tatuado la T deTimesen su hombro como una cuestión de fidelidad, se ha tildado “como un ejemplo de trato desigual a las mujeres en el puesto de trabajo”.


En su comunicado lo desmiente al indicar que “fue una situación de una solo una mujer implicada que, como todos nosotros, tiene sus capacidades y sus debilidades”.

Según su nota, publicada en la página web del diario, habla de motivos de conducta de la ya ex directora, “a decisiones arbitrarias, en fallos en consultar o lograr que los colegas estuvieran con ella, una comunicación inadecuada y al público maltrato de los compañeros”.


Sulzberger apostilla que él quiso que triunfara y que discutió todos esos problemas con ella. “Pero últimamente –prosigue- ella había perdido el apoyo de los colegas más importantes y no había un regreso posible”.


Hace unos meses, cuando parecía impensable en un relevo tan fulminante, en el dario “Político” se explicó que en la redacción iba al alza en descontento con Abramson. Ella replicó en una entrevista en The New Republic, donde contestaba que detrás de esas críticas había vestigios de machismo.


Tras su marcha, la única que todavía no ha dicho nada es la propia Jill Abramson. Tendrá una buena oportunidad este lunes. Está previsto que haga el discurso de graduación en la Universidad Wake Forest en Wiston Salem (Carolina del Norte).


A Abramson, la primera mujer al frente del rotativo, le ha sustituido Dean Baquet, el primer negro que llega a la dirección.


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