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María Llanos Abreu, centenaria

En memoria de la madre de Salvador García Llanos, presidente de la Asociación de Periodistas de Santa Cruz de Tenerife, fallecida este 16 de noviembre.

Periodistas de Tenerife | María Llanos Abreu había cumplido el pasado mes de octubre cien años. Lo celebró en su casa de La Orotava, donde residía desde que regresó de Venezuela, acompañada de hijos, hermanos, sobrinos, nietos y bisnietos. Fue —cuenta alguno de los asistentes— una celebración modesta, sin estridencias, de las que le gustaban para recibir las pruebas de afecto y admiración que coleccionaba en silenciosa alegría.

Hija de Eulogio y Gregoria, con raíces en Icod el Alto (Los Realejos), era componente de una familia de diez hermanos, seis varones (Gregorio, Eulogio, Marcos-Fanfán, Eugenio, Manuel e Ignacio) y cuatro hembras (María, Francisca, Dolores y Obdulia), que se afincó en el Puerto de la Cruz, donde salió adelante con muchos esfuerzos entre la agricultura y diversos oficios.

María casó con Antonio García Pérez, con quien compartió cuatro hijos, Salvador, María de los Ángeles, José y Antonia María. La familia se estableció en Guarico y Caracas (Venezuela), desde donde regresó a la isla para afincarse en La Orotava, sin perder en ningún momento el contacto con el Puerto de la Cruz que frecuentaba prácticamente a diario.

Mujer afable y cordial, muy hacendosa, durante su juventud acreditó inquietudes culturales y se unió a coros de voces y danzas que actuaron en varios escenarios portuenses. Pasó varios años en Venezuela, donde convivió con otras familias de emigrantes y transmitió los valores del costumbrismo isleño, especialmente en el Hogar Canario Venezolano de Caracas. Sobrellevó con gran entereza sus últimas semanas de vida.

María Llanos era la última superviviente de un fatal accidente de circulación que ocurrió en Las Cañadas del Teide, el domingo 9 de febrero de 1947. Fallecieron cinco personas y se registraron cuarenta heridos, cinco de ellos, graves. Un nutrido grupo de vecinos portuenses excursionaba hacia las alturas de la isla en un camión que conducía Miguel Díaz Villar. Entre los excursionistas figuraban hombres mujeres y niños de diversas edades. El vehículo siguió la carretera de La Orotava a Vilaflor, ascendiendo con toda normalidad hasta el refugio del Portillo. Más adelante, apenas pasado el poste indicador del kilómetro 41 de dicha carretera, el camión, al parecer, invadió el costado izquierdo de la vía, despeñándose por una barranquera, yendo a quedar a unos sesenta metros. El camión aparecía en el fondo del barranco, completamente destrozado, y existía una enorme confusión entre los heridos, oyéndose conmovedores gritos de dolor. El espectáculo era verdaderamente impresionante. Casi la totalidad de los viajeros sufría heridas y otros yacían sin conocimiento, apreciándose desde el primer momento que algunos eran cadáveres.

Cuentan familiares de los accidentados que, con auxilio de otros excursionistas que al pasar por el lugar se iban dando cuenta del desgraciado suceso, se comenzó a retirar los cuerpos de los que permanecían aprisionados por el vehículo, desarrollándose las más impresionantes escenas. Asimismo, se prestó asistencia a los heridos, en cuya humanitaria tarea intervinieron también aquellos de los accidentados que sufrían lesiones leves. Fue preciso improvisar camillas y utilizar cuerdas para lograr la evacuación de los accidentados, dado el declive del terreno. El impacto del suceso en toda la isla, y especialmente en la zona norte, fue notorio.

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