Beatriz Castañeda Aller (El Salto) | Mónica Rodríguez no se imaginaba el exilio cuando cruzó la frontera salvadoreña el 23 de mayo por un punto ciego. No había pasado tanto desde la última vez que debió desplazarse por seguridad, en diciembre, cuando un grupo de policías entró en su casa al anochecer y requisó su equipo de edición y grabación. «Soy periodista, esto es inconstitucional», les gritó entonces. Ahora se suma a la cifra de 47 periodistas que abandonan el país ante el recrudecimiento de las medidas represivas del presidente de El Salvador, Nayib Bukele. El periodismo salvadoreño documenta hoy, en primera persona, el exilio de lo que consideran «una dictadura consolidada».
«Es doloroso ver lo que está pasando», reflexiona Rodríguez, «pero también te da garbo para asumir que hay que luchar». La periodista tampoco se concibió nunca al otro lado de la grabadora, que durante años ha apuntado hacia líderes sociales, como miembro de la radio comunitaria Bálsamo. En la cafetería de uno de los barrios de la zona 4 de Ciudad de Guatemala, frente a la grabadora, ella y otros dos colegas exiliados especulan sobre el origen de la persecución. Su huida ha culminado lo que organizaciones y analistas han llamado «la escalada del mes de mayo».