
Periodistas de Tenerife | «En 57 años de periodismo no hemos hecho otra cosa que escrivivir. Más de medio siglo escriviviendo, y hasta que el cuerpo aguante», manifestó Carmelo Rivero en su discurso de recepción del premio Patricio Estévanez, que incluyó una evocación previa: «Como el título del cuento borgeano, espero que comprendan que en mi caso la vida ha sido un jardín de senderos que se bifurcan. Todo lo que voy a decir es, por tanto, un continuo desdoblamiento. Una doble vida. Hoy no podría hablarles de mí sin rendir homenaje a mi hermano Martín [fallecido en Madrid en marzo de 2023]».
«Al principio, éramos un trío: Martín-Carmelo-Zenaido. Y después un dueto, Carmelo Martín, bajo el nombre unipersonal que nos sugirió Daniel Gavela, jefe de Nacional en El País. Martín sonaba bien como apellido. Gavela inventaba nombres y títulos. Él fue el que tituló nuestra biografía de Iñaki Gabilondo como Ciudadano en Gran Vía», recordó, para luego trasladar a los presentes a una época anterior: «En la casa donde nacimos, en la calle San Sebastián, el nuestro, el mejor balcón del mundo, aún sigue en pie. Fue el palco donde Martín y yo veíamos en la calle el espectáculo de la vida. Teníamos la radio encendida a todas horas, como nuestro amigo Juan Cruz, que aprendió a leer pegado a un transistor».
Con sus discurso, Carmelo Rivero fue trazando un itinerario biográfico y emocional con estaciones tan relevantes como la desaparecida Librería La Prensa, «del tío Paco, en la calle del Castillo, esquina con Suárez Guerra, que iba a ser el Axis Mundi de nuestra pequeña historia, el gran epicentro», y, a apenas dos pasos de la librería, «la estatua de un águila en el balcón del periódico La Tarde, donde nos hicimos periodistas. El águila dejaba claro que ese iba a ser el punto neurálgico de toda nuestra cosmogonía personal». «Cerca de allí estaba Radio Club Tenerife, nuestro hogar, donde trabajábamos y vivíamos, por mi parte más de 30 años, como si el destino estuviera escrito en los sitios, y hubiera mitos plausibles en todos los tiempos», manifestó.
En ese periplo, también se detuvo en el bufete del abogado Manuel García Padrón —«uno de los hombres más íntegros que he conocido»—, en el que ejerció su primer trabajo. «En aquella encrucijada, el Círculo de Bellas Artes y el Teatro Guimerá nos dieron los primeros cucharones de cultura, de exposiciones y teatro, de conferencias y música clásica», recordó.
«Cuando cruzamos la calle con osadía y le dijimos al venerable don Víctor Zurita, director de La Tarde, que queríamos ser periodistas, nos la jugamos a cara o cruz. Si don Víctor nos hubiera disuadido por la edad, quizá nunca lo hubiéramos vuelto a intentar. Pero nos abrió las puertas a la primera, y ni preguntó por los 12 años que teníamos», destacó Carmelo Rivero al mencionar sus comienzos en el oficio. «El periodismo, esa seducción y abducción. Un día te sorprende y te rapta como un águila y no te suelta en la vida. Aún hoy, jubilado jubilosamente, no me deja libre», aseveró el Premio Canarias de Comunicación de 2004, que recibió junto a su hermano Martín.
A partir de esos inicios, desgranó una trayectoria que le llevó en 2016 a volver al decano de la prensa de Canarias para dirigirlo. «Lucas Fernández y yo hemos tejido una fraternal militancia desde la Avenida de Anaga, con Radio Club, hasta la Dársena Pesquera, con Diario de Avisos. De todos los desafíos que hemos compartido, confieso que dirigir su periódico en mi último arreón me supuso una prueba casi sobrehumana». Acabó Rivero con trasladó palabras de aliento para el gremio. «El mundo no se nos va a caer encima, eso denlo por descontado. Por más que estemos hablando aquí mientras paramilitares de Trump detienen a niños latinos de cinco años en las puertas de las escuelas. No, el mundo no se acaba aquí. Nos lo vamos a echar al hombro, como Atlas y como fieras. Esta vez los periodistas seremos la vanguardia que triunfe en la batalla final contra la posverdad».