The Conversation | Si la democracia es el gobierno de la opinión, “no el de los filósofos platónicos o el de los científicos”, parafraseando al politólogo Fernando Vallespín, la España democrática lo viene ejercitando, otorgando el poder a una opinión pública conformada a través de los medios y canales que la modelan y reflejan.
Pero ¿se trata de la opinión de todos o de la opinión autorizada que se obtiene como subconjunto restringido de la opinión pública, de quienes son dignos de tener una opinión? ¿Son igual de solventes y respetables todas las opiniones o depende de quién y dónde se formulen? ¿Y qué pasaría si el periodismo volviera a ser más informativo?