Pedro Ugarte (Crónica vasca) | El «plasma de Rajoy». ¿Recuerdan? Hacía referencia a aquel político que ejecutaba extraños movimientos con las manos y extraviaba en lontananza una mirada azul, un político que acumulaba en su discurso toda clase de sintagmas, dando lugar a frases presuntamente lógicas, que resultaban a la postre completamente incomprensibles. Su verbo alambicado, tortuoso, dejó monumentos a la tautología, la entelequia y el pleonasmo.
Las frases de Rajoy eran auténticas joyas de la retórica, una facundia en la que resultaba imposible desentrañar qué había querido decir. Y todo el mundo sospechaba que sembrar la confusión no era el producto de la negligencia o el error: era el verdadero objetivo.