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‘Responsabilidad compartida’, artículo de Salvador García Llanos

A cuenta de las reflexiones de Stig Orskov, director ejecutivo de WAN-IFRA, sobre la libertada de acción que deben tener los medios de comunicación.

Salvador García Llanos  | Stig Orskov, director ejecutivo de WAN-IFRA, considerada como la Asociación Mundial de Periódicos y Editores de Noticias, una organización  global que representa a la industria de los medios de comunicación, promoviendo la libertad de prensa y apoyando la innovación en el sector, declaró en el curso de una jornada para presidentes de Parlamentos Europeos celebrada en Copenhague, convocada para analizar la Resiliencia democrática en tiempos de cambio, con la finalidad de contrastar criterios sobre la respuesta que deben dar los parlamentos a la desinformación, la injerencia extranjera y la creciente desconfianza en las instituciones, manifestó que «los ciudadanos deben tener la certeza de que la prensa les exige responsabilidades a ustedes y a sus colegas en los parlamentos europeos, en su nombre. Y solo tendrán esa certeza si la prensa está verdaderamente libre de la influencia de los políticos a quienes debe fiscalizar».

WAN-IFRA es una organización sin ánimo de lucro que agrupa a más de tres mil empresas editoras de noticias y ochenta asociaciones de medios en ciento veinte países, representando un total de dieciocho mil publicaciones. Fue fundada en 1948. Lo dicho: su misión provincial es promover la libertad de prensa y facilitar la innovación en los medios, apoyando a las empresas en sus procesos de transformación y en su día a día.

Orskov fue contundente: hay que fortalecer la resiliencia democrática. «Queremos que los ciudadanos -dijo- confíen en las instituciones democráticas. Y queremos que los ciudadanos participen en la democracia de forma informada, basándose en hechos».

Admitió que no es nada fácil. Y claro, como vivimos en una época de creciente desinformación, acelerada por la IA, la confianza en las instituciones se debilita, tanto en las políticas como en los medios de comunicación».

Vivimos en una época en la que los ciudadanos suelen confiar más en las personas que en las instituciones. Para bien y para mal. Ello le llegó a aseverar que «aunque compartimos los mismos objetivos, es fundamental comprender una cosa: solo podremos alcanzarlos si entendemos —y respetamos— las diferencias fundamentales entre el papel de los parlamentos y el de la prensa».

Por un lado, tenemos la responsabilidad compartida de garantizar una ciudadanía informada, basada en hechos.

Por otra parte, también tenemos la responsabilidad compartida de asegurarnos de que los ciudadanos confíen en que los políticos y los medios de comunicación periodísticos independientes no están en el mismo barco.

Los ciudadanos deben tener la certeza de que la prensa les está exigiendo responsabilidades a ustedes y a sus colegas en los parlamentos europeos, en su nombre. Y solo sentirán esa confianza si la prensa está verdaderamente libre de la influencia de los políticos a quienes debe fiscalizar. Por eso es tan importante que ustedes, como políticos, sean capaces de controlar uno de sus instintos naturales: el instinto de control. La idea de que existe una fuerte correlación entre la libertad de prensa y la confianza en el gobierno se remonta a mucho tiempo atrás. En otras palabras, la sociedad necesita a alguien que exija responsabilidades a quienes ostentan el poder. La prensa expone las irregularidades. Y también funciona como medida preventiva. En interpretación de Orskov, la conexión es clara:

  • La libertad de prensa permite el escrutinio del poder.
  • El escrutinio genera responsabilidad.
  • La rendición de cuentas aumenta la confianza en las instituciones.

En su intervención, el director ejecutivo de WAN-IFRA enfatizó sobre el papel de la prensa es, como dijo Carl Bernstein, uno de los periodistas que participaron en la investigación del Watergate, buscar «la mejor versión posible de la verdad», a través del trabajo basado en pruebas, escuchando a las fuentes y proporcionando contexto. Agregó que «en un momento en que la democracia está en declive y los autócratas ganan terreno en todo el mundo, esta tarea, sencilla en principio pero difícil en la práctica, nunca ha sido tan importante». Luego expuso que «lamentablemente, nunca ha sido tan fácil mentir. Porque hoy en día, los medios de comunicación son mucho más que periodismo realizado por medios independientes que se adhieren a sólidos valores ético*s. Con las redes sociales, ahora tenemos plataformas que no se centran en los hechos ni en la verdad. Su único objetivo es maximizar la atención del público. Su objetivo es mantener a los usuarios interesados y aumentar los ingresos publicitarios. Este acontecimiento, concluyó, ha tenido consecuencias claras».

Para el periodismo, esto ha supuesto una pérdida masiva de ingresos publicitarios, ingresos que antes financiaban un periodismo de calidad. Para la democracia, esto ha significado que los ciudadanos estén expuestos a mucha más desinformación desde que Gutenberg inventó la imprenta. Después de afirmar que no está en contra de las redes sociales, aseguró que todavía existe una base sólida sobre la que construir. Y detalló algunos datos clave:

Los medios de comunicación libres y el pluralismo mediático aumentan la confianza en las instituciones democráticas.

La confianza en los medios de comunicación fortalece la resiliencia democrática. Por lo tanto, la tarea es clara:

En primer lugar, debemos garantizar la libertad de prensa y el pluralismo. En segundo término, debemos garantizar la confianza en los medios de comunicación. Ustedes, como políticos destacados, tienen gran parte de la responsabilidad de lo primero. Tienen una influencia significativa en la libertad de prensa. Es aquí donde deben controlar su instinto de control. Y es aquí también donde hay que asegurarse de que los medios de comunicación controlados por el Estado no se vuelvan demasiado dominantes, ni se conviertan en herramientas que puedan ser mal utilizadas por quienes están en el poder, como hemos visto que ha sucedido, incluso en Europa en los últimos años. Nosotros, los medios de comunicación, tenemos la principal responsabilidad de la segunda parte: la tarea de aumentar la confianza en los medios.

«Esto exige —advierte— una sólida brújula ética. Exige que reaccionemos con firmeza ante la desinformación y las mentiras. Exige autorregulación, pero también requiere algo más, y quizás lo más importante: nosotros, como medios independientes, debemos mantenernos relevantes. Debemos ganarnos la atención del público. Y, finalmente, debemos ganarnos su disposición a pagar».

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